-…Hay, Dios mío ¿Qué voy a hacer?- Se miró en el espejo y dejó que las lágrimas avanzaran- ¿Qué diablos está pasando? ¿Papá, en que me metiste? Yo quiero irme a casa- Hablaba al aire y cayó al suelo aun llorando.
La habitación que le habían dado era por demás espaciosa, lujosa y digna de la época. Siguió llorando tirada en el piso un buen rato y observando sus lágrimas en el espejo, que no paraban. Tocó el espejo y sintió lo frio del vidrio
-Nunca lo había sentido. Pero como desearía no ser la princesa ahora- Casi como si pudiera sentir que su reflejo y ella podrían tocarse, puso su cara en ese espejo deseando no ver la imagen que estaba frente a ella- Dios, ayúdame…
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William cabalgo en su caballo, atormentado por sus recuerdos y la nueva situación. Iba a ser un infierno, de eso no tenía duda.
Ambos descendientes de reyes se sentían agobiados y cansados por su situación…
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-Tu hija es realmente bella, Lonn. Parece una chica muy valiente e inteligente.
-Gracias, rey Lones.
-¿Qué te dije?
-Lones- Le sonrió.
-Varios de mis hombres ya están en tu castillo. No temas por tu familia, especialmente por Bess. Atacar a Valeska, es atacar Isernia.
-Te lo agradezco mucho.
-Tú cumples, yo cumplo…
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Ariana paso toda la noche llorando, no había dormido nada y apenas dio un par de bostezos. Unos toquidos a su puerta llamaron su atención, vio la puerta y no le dieron ganas de abrir. No supo cuánto tiempo paso, aun tirada frente a ese espejo.
-¿Princesa? ¿Princesa? ¿Se encuentra bien? Si me escucha, conteste por favor- Los toquidos siguieron.
-¿QUIEN ES?- Preguntó fastidiada.
-Su sirvienta, princesa. Vengo a ayudarla.
-¿AYUDARME, PARA QUE?- Estaba con tantos sentimientos, que se le salió ese tono.
-A vestirse, alteza ¿Puedo pasar?
-No abras, yo voy- Se paró y una chica un poco más joven que ella estaba delante, con una sonrisa- Dime.
-¿Puedo pasar?- Con un tono amable y gentil le pidió.
-¿Qué se te ofrece?
-Buenos días, alteza- Hizo una reverencia- Soy parte del servicio del castillo, y ahora estoy exclusivamente para servirle a usted- Tenia una actitud muy servil y era amable.
-¿Cómo te llamas?- Suavizo su tono y se sintió un poco mal de haberle hablado pesado antes.
-Mi nombre es Mina, alteza.
-Buenos días, Mina.
-Buenos días ¿Dígame, ya sabe que vestido usara hoy? La esperan para desayunar- Tenia una actitud muy alegre- ¿Le sucede algo?- Preguntó preocupada al notar el rostro demacrado de la princesa.
-Honestamente, no me siento bien- Confesó- Me siento algo indispuesta.
-¿Quiere que le avise a alguien? ¿Qué venga el doctor?
-No, no es para tanto. Pero, dile a la familia real que me siento mal, y que no me es posible acompañarlos hoy…
-¿Segura que no quiere que le diga al doctor?
-No. Padezco que dolores de cabeza con frecuencia, pero con unos días de reposo estaré mejor. Diles al rey y a la reina, que me disculpen…
-Claro, princesa ¿Pero, no quiere que le traiga algo?
-Un té de manzanilla, estará bien.
-Enseguida se lo traigo- Iba a unos pasos de la puerta.
-Mina.
-¿Si?
-No le digas a nadie que me viste así, y que aun traigo el vestido con el que vine ayer- Dijo con desanimo- Por favor.
-Como usted diga- Salió de la habitación y cerró la puerta.
Mina bajo y le dijo a los reyes lo que pasaba.
-¿Y si le pedimos al doctor que la revise?- Dijo la reina.
-La princesa insistió en que padece de dolores de cabeza y que estará mejor luego de unos días de reposo. Sólo pidió un té.
-Bueno, entonces démosle esos días y llévale el té inmediatamente- Ordenó el rey de Isernia
-Sí, rey- Hizo una reverencia y fue directo a la cocina.
El príncipe estaba un poco aliviado de que Ariana no bajara y sólo sintió como si le quitaran un peso de encima, vio la comida que estaba en su lugar y siguió consumiendo sus alimentos.
La adolescente con el traje de servicio, paso nuevamente mientras llevaba el té.
-Mina- La voz del príncipe la hizo parar su paso- Llévale también su desayuno, tal vez tenga hambre.
-Sí, su alteza- Fue por una bandeja, puso el té y recogió el desayuno- Con su permiso- Subió con la bandeja y ya estaba en el cuarto de la princesa- Ya tengo su té, princesa ¿Puedo pasar?
-Adelante- La puerta se abrió- Le traje su té y también su desayuno por si tiene hambre.
-Gracias, ponlo allí- Trató de quitarse el vestido, pero no alcanzaba el cierre y rápidamente la chica de cabello castaño oscuro y pecas en la cara se lo bajo- Gracias.
-Para eso estoy, alteza- Le sorprendió que le diera las gracias 3 veces- ¿La ayudó a cambiarse?
-No- Dijo algo extrañada.
-¿Segura? En su reino alguien debió ayudarla cuando se cambiaba. Permítame ayudarla- Quiso ayudarla.
-No, ya hiciste suficiente. Me puedo cambiar sola, gracias- Había elevado un poco más la voz, y vio que la hizo sentirse inferior- Perdón, yo…
-No, perdone usted mi imprudencia. Es que comúnmente las princesas y muchachas de la realeza, nobleza y que son ricas reciben ayuda, ese fue mi último trabajo en… Perdone, seguramente a usted no le interesa…
-Mina, has sido de mucha ayuda y te lo agradezco. Si necesito algo, yo te llamo.
-Si me necesita, tire de esa cuerda- Apuntó a una soga, que había a mitad de la habitación y era algo larga pero que no caía al suelo- Vendré enseguida, espero que se mejore- Ella sólo le sonrió- Compermiso- Cerró la puerta
Ariana se acercó a la puerta, y le puso el seguro.
Nuevas lágrimas venían cayendo por su rostro, haciéndole preguntarse qué más habría de pasar.
Bebió el té de manzanilla, y como supuso pronto le entro algo de tranquilidad. Vio el desayuno, tal vez ya estaba algo frio pero aun así lo probo y dejo los platos allí.
Estuvo en ropa interior todo ese tiempo, pero finalmente se puso su camisón. Unos toquidos a su habitación, hicieron que viera nuevamente la puerta- ¿Quién es?
-Ari, soy yo- La voz de su padre la fastidio- ¿Puedo entrar?
-No.
-Voy a regresar a casa- Eso la hizo abrir la puerta de inmediato- No te ves muy bien- Entro al cuarto.
-¿De quién crees que es la culpa?- Le preguntó sarcástica- ¿Y me dejaras sola? Pues bien. Tal vez si es mejor que te largues, porque no quiero verte.
-Ari…
-Tuviste suerte de llevarle la contraria a mis abuelos, por desgracia yo no puedo hacer lo mismo.
-Tengo que resolver algunas cosas…
-Y qué mejor que dejarme con desconocidos.
-No son desconocidos- Dijo casi en un susurro.
-No, para ti- Le dijo apretando los dientes- Porque yo nunca había visto a esta gente, hasta ayer- ¿Con quién comprometerás a mis hermanos? ¿Ya le conseguiste lo mismo a María?
-Lo hago por protegerlos.
-Tal vez sería mejor morir en una guerra. Nunca lo sabré.
-Si puedo volver antes, lo haré.
-Mejor sino.
-Por favor, pórtate bien.
-Sí, ya ¿Me dejas dormir?
-Te amo, hija- Dijo antes de salir- Adiós.
-Adiós, padre- Dijo luego de que cerró la puerta. Más lágrimas vinieron a su rostro, y puso nuevamente el seguro- También te amo, pero en estos momentos también te odio demasiado- Pensó- Pero te extrañare.
El rey subió a su carruaje, se fue y pudo observar que desde una ventana su hija lo observaba y se quitó al percatarse que él la miraba…