…Esa noche Ariana si pudo dormir, despertó al sentir los rayos del sol en su rostro. Estaba segura que despertó tarde, pero estaba acostumbrada a hacerlo y dormir cuando quisiera. Sabia como eran los comportamientos de las princesas, pero no estaba segura que pudiera tener la libertad que tenía en Valeska donde era informal. Sabía cómo tenía que comportarse, por algo recibió esas clases de etiqueta y de buenos modales junto a sus hermanos, ya le parecía que iba a ser muy aburrido tener ese comportamiento las 24 horas. Además ella era libre de hacer lo que quisiera, usar vestidos cómodos e informales, ir al pueblo si quería, al bosque y otras cosas. Pero debía cuidar las apariencias y en Isernia aún más. Debía tener el comportamiento típico de la gente de su clase y adecuarse a ese reino lo más pronto posible, lo sabía muy bien.
-¿Alteza? ¿Alteza, buenos días?- La voz de esa chiquilla de ayer, llamó su atención- ¿Puedo pasar?
-Dame un momento- Se levantó a abrir y quitar el seguro- Buenos días.
-No es necesario que abra, alteza. Yo tengo llave, si usted me permite entrar. No debe molestarse en algo así.
-Le puse el seguro a la puerta. Así que siempre toca o llama a la puerta.
-Pero es mucha molestia para usted. No debe esforzarse en algo tan inútil…
-Está bien, dejare la puerta sin seguro unos minutos antes de que vengas…
-No, no es por mí… Es por usted, yo soy su…
-Entiendo, lo que quieres decir.
-La veo, un poco mejor.
-Pero aún me siento, indispuesta. Diles a los reyes que en 3 o 4 días estaré mejor, así es esto- Realmente sólo era una excusa, para prepararse mentalmente y disfrutar su tiempo a solas.
-Ellos lo entienden. Descuide- Observó la bandeja con los platos y la tomo- ¿Quiere que le traiga su desayuno?
-Si, Por favor- A la chica de cabello castaño y pecas en la cara le sorprendía que fuera educada, la miro unos segundos y se volteó para salir.
-Oye, Mina ¿Cómo amaneció la princesa?- Preguntó una empleada del castillo en la cocina.
-Pues, parece que ya está un poco mejor. Hoy si quiso desayunar.
-Aquí tienes- La empleada le preparó la comida con la bandeja-
-Gracias- Tomó la bandeja dorada y subió con ella- Princesa.
-Pasa- Entró- ¿Podrías traérmela aquí?- Ella estaba en la cama- Gracias.
-¿Desea algo más, alteza?
-No- Probó la comida e hizo un gesto de gusto- Está delicioso. Puedes retirarte- Hizo una reverencia y se fue.
-Sólo unos días, más. Luego veré como soluciono esto.
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-Mina ¿Cómo amaneció la princesa?- Preguntó la reina.
-Aun algo indispuesta, pero con un semblante un poco mejor. Se disculpa nuevamente por no poder acompañarlos hoy.
-¿Almorzó o ceno algo, ayer?
-No. Sólo desayuno.
-Quiero que estés más al pendiente de ella, que te asegures que se alimente bien- Dijo la reina.
-Como usted ordene, Su Majestad.
-Bien. Regresa a tus labores- Hizo lo misma reverencia y salió del comedor.
El chico de ojos verdes y cuerpo ligeramente atlético suspiro con alivio. Aun no se hacía a la idea del matrimonio, y no tenía muchas ganas de convivir con la princesa tampoco. No es que se alegrara de que estuviera enferma o pudiera decir que le desagradaba ella, es que sentía como si tuviera algo de libertad antes de ser llevado prisionero o ejecutado.
-No puedes disimularlo, Will- La voz de la reina hizo que volteara- Aunque no puedo decir que no te entiendo, hijo.
-Es que siento como si aún tuviera algo de libertad, madre.
-Pero tú eres libre.
-No, para lo que quiero. Siento una vaga esperanza en mi interior, a la que seguro se aferran los que serán ejecutados, esos breves instantes en una celda antes de su trágico final.
-Pero con ella, debes tratar de disimular lo más que puedas.
-¿Quieres que pretenda que la amo? Ella misma lo dijo, soy un desconocido para ella y ella para mí.
-Ella no tiene la culpa.
-Ni yo tampoco, madre- Llevo una bebida a su boca- Si me disculpas, quiero estar solo en mi habitación.
La reina con un semblante amable, lo vio con mucha tristeza y siguió comiendo.
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Ariana seguía llorando, no con la misma intensidad del día anterior ¿Pero estando en su situación, quien no lo haría? Se sentía sola, en un lugar desconocido y repleto de desconocidos. Necesitaba convencerse a sí misma, de que todo estaría bien.
Supo que ya había pasado un tiempo, cuanto exactamente no lo sabía y para ella era como un instante menos de libertad cada día.
-Alteza, es hora del almuerzo ¿Desea que se lo traiga?
-Si.
-Supuse que me diría que sí, y se lo traje- Se levantó de la cama, y le abrió- Compermiso- Ella nuevamente se dirigió a la cama- ¿La comida le parece bien? ¿O desea algún platillo en específico?
-Así, está bien- Pero nuevas lagrimas venían- Puedes retirarte.
-Alteza ¿Qué le sucede? ¿Puedo hacer algo por usted?
-Simplemente es la migraña.
-Alteza, nadie llora por un simple dolor de cabeza- Ella la miro seria- Perdón, yo…
-Tienes razón, si fuera una simple migraña no estaría llorando y sólo me limitaría a acostarme… Nuevamente te pido, que no le digas a nadie que me viste así.
-No se preocupe, princesa. Pero, espero que coma para que reponga energía- Ella llevo un bocado a su boca y una lagrima cayó- Por favor, no llore.
-Necesito hacerlo, Y sin que nadie me vea. Retírate- Ella dio la vuelta, y salió.
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El príncipe de Isernia estaba en su cama, con su pijama y frunció el ceño cuando se dio cuenta que su padre acababa de entrar.
-¿Qué se te ofrece?- Preguntó, frio.
-¿Por qué no estás presentable, Will?
-¿Presentable, para qué? Quiero descansar, hoy ¿Qué no puedo?- Le preguntó en tono de burla.
-¿Cómo está Ariana?
-Mina, dijo que se encuentra reponiéndose.
-¿Has ido a verla?
-No.
-Es tu prometida. Tienes la obligación de ir.
-Se siente mal ¿Por qué habría de molestarla?
-Por cortesía.
-Entonces ve, tú- Le dijo de mala gana.
-NO ME FALTES EL RESPETO.
-ESO ES ALGO QUE YA NO SIENTO POR TI, PADRE.
-COMPORTATE COMO UN PRINCIPE.
-Y TÚ DEBERÍAS DE COMPORTARTE COMO UN REY. PRESUMES DE LO QUE CARECES- Le dio un golpe que lo voto de su cama- LA VERDAD DUELE ¿NO, PADRE?- Río irónicamente en el piso.
La discusión se escuchó por todo el castillo, que hasta algunos empleados pararon unos momentos de hacer sus quehaceres y sólo siguieron cuando finalmente el silencio reino.
-VISTETE. VAS A IR CON TU PROMETIDA.
-Que no se te olvide padre, que algún día yo seré el rey. Y nunca cometeré los mismos errores que tú- Pensó, aun tirado en el piso.
-SABES QUE PUEDO HACER QUE ME OBEDEZCAS.
-QUE POCO HOMBRE, ERES. SI EL ABUELO TE VIERA, ESTARIA COMPLETAMENTE DECEPCIONADO.
-TU CAMPESINA- Puso una sonrisa macabra
-Ya estaré listo. No es necesario que me amenaces con lo mismo…
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La princesa de piel morena se lavó la cara, a pesar de todo pudo saborear su comida y tomar un poco de fuerzas.
Pensó en Mina, la chica parecía ser sincera y le recordó a su querida hermana. Ver un gesto de calidez, aunque fuera de una mucama fue muy significativo para ella.
No sabía en qué clase de ambiente se desenvolvería.
-ARIANA, ARIANA- Reconoció la voz del rey Doles. Que toco la puerta fuertemente
-¿Es usted, Su majestad?
-¿Estás bien? ¿Puedo pasar? Mi hijo quiere verte.
-Majestades, estaba descansando. Aun me duele la cabeza, y mi aspecto no luce muy bien.
-Aun así nos gustaría verte- Intentó abrir la puerta- ¿Por qué tiene seguro la puerta?
-Es que quiero descansar, y no pensé que vendría alguien a verme. Son ustedes muy gentiles, pero me moriría de la vergüenza que me vieran así.
-Otra princesa, con aires de grandeza. Seguro necesita cantidades de maquillaje para estar presentable. Como todas las de su clase- Pensó el príncipe.
-En unos días estaré mejor.
-Bien. Ya sabes que cualquier cosa puedes llamar a Mina, y ella vendrá enseguida.
-Lo sé. Gracias.
-¿Segura que no quieres, que te revise el medico?
-No. Pero, le agradezco su preocupación.
-Sigue descansando- Cuando escuchó los pasos lejos, vio su rostro en el espejo. Aun se notaba que había estado llorando y temió que si la revisaba un doctor, notaria que no estaba enferma- ¿Acaso no es la tristeza una enfermedad?- Pensó.
-Te dije que no quería que la molestáramos- Le dijo el príncipe- Regresare a mi Alcoba.
-William- Eso lo hizo frenar su paso- Ten cuidado con lo que dices y haces.
-Tú también deberías- Siguió caminando y se tiró a su cama.
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-Princesa-
-Adelante, Mina- La puerta se abrió- Supuse que me traerías la cena, por eso quite el candado.
-¿Cómo se siente?
-Mejor, tome una siesta y eso me sirvió mucho.
-Me alegra verla mejor- Le dio una gran sonrisa
-Gracias por tu preocupación.
-Es un placer servirla- Había algo en Mina que la hacía confiar. Parecía una persona buena y noble.
-Y gracias por lo del otro día.
-¿Por qué, alteza?- No entendía el agradecimiento esta vez.
-Por tu silencio. Si le hubieras dicho a los reyes mi estado, probablemente hubiese venido un doctor a revisarme y a hubieran notado que lloraba. No me hubiera gustado, que me vieran así.
-No es nada, alteza. Si usted no quiere que diga algo, yo no lo diré a menos que usted me pida lo contrario.
-¿Qué edad tienes?- Le sonrió.
-15, Alteza.
-Se nota. Algo me decía que eras más joven que yo.
-¿Y puedo preguntar usted cuantos?
-¿Cuántos qué?- Alzo la ceja.
-¿Cuántos años tiene?
-17.
-Sólo es un poco más grande.
-Eres muy joven, tú cargo comúnmente lo tienen chicas algo más grandes.
-¿Le molesta que sea más joven, alteza? ¿Quiere que alguien más se encargue…?
-No, no me malinterpretes. Tengo curiosidad, ya que estarás a mi servicio quiero conocerte bien.
-Como usted diga.
-Dijiste que ya habías asistido a alguien más, o eso es lo que entendí.
-Sí, de hecho trabaje en la casa de unos duques asistiendo a sus hijas. Ambas tenían mi edad.
-¿Y pudiste con las 2?
-Sí. Fui su compañera de juegos, luego me dieron el deber de servirles y asistirlas. Pero una de las duquesas falleció, y la otra se casó. Seguí como empleada en la casa de los duques, en su residencia. Pero como el rey y el duque son buenos amigos, él fue muy amable de recomendarme al saber que una princesa estaría muy pronto viviendo en el castillo. Comentaban que querían a alguien de confianza, y por esa recomendación llegue aquí.
-¿Hace cuánto fue eso?-
-4 meses.
-Dices que una princesa llegaría muy pronto. ¿Quién era esa princesa?
-Usted, alteza.
-Eso no es verdad. Este compromiso fue hecho, hace un par de semanas- Le dijo algo divertida y la chica se puso pálida, al ver que abrió la boca de más- La princesa de la que hablas, era la muchacha pueblerina con la que el príncipe William quería casarse ¿No?
-Princesa, por favor no alce la voz ¿Cómo lo sabe?- Estaba sorprendida que lo supiera. Porque era un asunto que el rey ordeno que no se hablara más.
-Es algo que se supo muy rápido. Esa noticia llegó incluso a Valeska ¿Por qué pones esa cara?
-Es que al rey Doles y a la reina Ruth no les gusta que se hable de eso- Decía susurrando- Puedo tener problemas
-Entonces, dímelo así- Susurró y le dio una sonrisa- Tranquila, no te pasara nada. Yo no diré nada en voz alta.
-Es que el príncipe se comprometió con una plebeya, y el rey no permitió que esa relación siguiera- Puso una cara de pena- El príncipe estaba muy enamorado de ella, iban a contraer matrimonio y el rey Doles no lo permitió…
-¿Pero Porque?
-Alteza, por favor- La miró con suplica- No quiero ofenderla o que incluso usted se meta en problemas si sabe esta información.
-Yo apenas acabo de llegar ¿Cómo puede ofenderme eso?- Ya quería saber el porqué.
-Es que el rey no quería que se casara con ella, por su origen. Él quiere que el príncipe contraiga matrimonio con alguien de la realeza, nobleza o al menos alguien que tuviera dinero y ella no tenía nada de eso- Dijo con pesar.
-¿Tú la conociste?
-Si- Dijo aun con pena- Por favor, ya no me pregunte más- Le dijo casi en desesperación en un susurro.
-Ya te dije que no tienes por qué temer, Mina. Pero está bien. Puedes retirarte y diles a sus Majestades que ya muy pronto mejorare.
-Si- Dijo haciendo una reverencia antes de irse- ¿No quiere que le traiga un té?- Ella negó con la cabeza- Compermiso-
Iba por el pasillo cuando el notó que el príncipe estaba afuera, dio la vuelta y 4 pasos cuando la voz masculina la freno- Mina- Ella tragó saliva y volteó- Dígame, Alteza-
-¿Sabes dónde está?- Hubo un silencio de su parte- Por favor.
-¿Dónde está que, Alteza?
-No te hagas la tonta, Mina. Sabes que me refiero a Dora- Le dijo algo molesto.
-No lo sé. Desde que su padre la saco de prisión y a su familia, no he vuelto a saber de ella.
-¿Cómo puedes verme a la cara, y mentirme tan descaradamente?
-Yo no miento- Dijo agachando la cara- Y aunque lo supiera, si le soy sincera tampoco se lo diría.
-¿Por qué?
-Por todo lo que paso cuando su padre se enteró de todo- Dijo con tristeza.
-Hoy estuve en el pueblo.
-Príncipe, no debió hacer eso. Podría tener problemas, si su padre se entera- Le dijo algo exaltada.
-Mina, por favor. Dime donde está- Dijo en tono de súplica y desesperación
-Le juro que no sé- Negó con la cabeza
-Su familia también se niega a decirme su paradero.
-Pero entiéndalos. Después de todo lo que paso…
-¿Cómo puedes servirle a ella, si Dora era tu amiga?
-Son órdenes de sus padres, le recuerdo que soy una empleada del castillo y es mi deber obedecerlos.
-Ella iba a ser la princesa de Isernia.
-Pero ahora usted está comprometido, con la princesa de Valeska. Debe resignarse, así como Dora lo hizo.
-Yo no estoy de acuerdo con ese compromiso, y lo sabes bien.
-Yo soy solo una empleada, alteza ¿Qué quiere que le diga? En mi posición.
-Si me entero de que mientes, te cortare la lengua.
-Hágalo de una vez, si lo cree necesario. No es el único que la extraña; por si quiere saberlo yo también le pregunte a su familia y se negaron a darme cualquier tipo de información. Todo lo que quieren es olvidar, seguir con sus vidas y no tener ningún problema- Vio al príncipe con la cabeza baja- Compermiso, alteza.
El príncipe volvió a su habitación con una expresión que parecía un muerto viviente y cerró la puerta con tanta rabia que enseguida se escuchó por todo el pasillo.
La joven con traje de mucama fue a la cocina y tenía la misma expresión.
-¿Qué paso?
-El príncipe me preguntó por ella.
-Lo mismo hizo con todos en el castillo, desde hace semanas- Comentó la cocinera- Parecía desesperado.
-¿Y tú en serio no sabes dónde está?- Preguntó un muchacho en la cocina.
-No- Dijo triste.
-¿Por qué no se resigna de una vez?- Comentó Mina- Así ya no causaría más problemas.
-Está enamorado.
-Mejor callémonos, si alguien nos escucha pueden despedirnos.
-Tienes razón, no quiero problemas.
-Iré a levantar los platos del comedor- Dijo alguien.
-¿Dora dónde estás?- Pensó la chica con un dejo de tristeza en un mirada.
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El príncipe estaba en su habitación bebiendo, tomo un retrato que tenía guardado y la pintura de su persona amada.
Siguió bebiendo de la botella como un loco desesperado, en algún punto en el que no sintió si era por desesperación, sarcasmo de lo injusta que era la vida con él o los efectos del alcohol posiblemente combinados con sus emociones, se escuchó su sonora carcajada por todo el castillo. Tan alta, que le taladro los oídos a todos los presentes en el lugar… Si la locura tenía limites definitivamente, la suya había rebalsado el vaso y se dejó llevar por ese sentimiento…