El día avanzaba lentamente mientras Amelia y Selion se adentraban más en el Valle de la Luz, pero un aire de misterio seguía envolviendo el ambiente. Las sombras del pasado, que siempre parecían estar al acecho, no se desvanecían por completo, pero la luz de la mañana les otorgaba una sensación de seguridad renovada. Amelia sostenía a su hijo con firmeza en su pecho, como si la conexión con él fuera la clave para el futuro que les esperaba. A medida que caminaban, el terreno comenzaba a transformarse. Las sombras que antes parecían tener vida propia ahora se disipaban, dando paso a un paisaje aún más deslumbrante, como si el valle mismo estuviera despertando a una nueva era. Las flores que antes se veían marchitas comenzaban a abrirse, como si la luz misma les devolviera la vitalidad

