Prólogo.

1086 Palabras
Perdida, abandono, aislamiento.   La estancia se mantenía en un silencio sepulcral, las paredes decoradas con artilugios caros y de procedencia autentica era un recuerdo constante de quienes vivían en aquel lugar. No había ruido que se osara a quebrantar la paz que reinaba de manera espontánea el sitio, había algo en ese momento que parecía idílico y quizás un tanto frágil, como fantasioso, pero más allá de eso, el olor a ambos alfas se mezclaban entre sí en una fragancia agridulce, las feromonas danzaban al compás del mismo afecto que tenían ambos seres, esto que recreaba el amor entre seres de una misma casta, aunque un toque de pena y tristeza dejaban un rastro fétido en la colorida vivienda chocando contra el mutismo que se presentaba en la casa solitaria.   ¿Era aquel el sentido de la pena? Eso que se trastornaba y orientaba a la perdida sardónica o mordaz de quienes hacían vida en el lugar. Fue un sonido del quebrantado llanto de una criatura rota lo que robo la paz de todo el lugar.   El llanto triste y melancólico que rompía el alma, desgarraba a un ser que sin influencia de maldad lloraba sus penas. ¿Qué era eso o quien era?   Contrastando de forma irónica las aves reproducían mágicos cantos fuera del sitio, posadas en las ramas de los árboles y algunas en las copas de estas atormentaban al hombre que posado encima de la cama que compartía con su pareja era atacado por delirios. La frustración dibujada en las facciones masculinas rompía la marginalidad de las lagrimas que soñadoras besaban el rostro cincelado, cayendo a paso lento por sus mejillas después de desbordarse de los ojos grisáceos.   Había ira fría, tormento acumulado y dolor sordo acumulándose en cada pulgada del cuerpo que arrodillado en la superficie mullida se mecía erráticamente encima de sí mismo con manos que tapaban sus oídos en un intento de escapar de los sonidos y demonios que atormentaban su mente a esa hora de la mañana. Los rizos rebeldes caían por la frente sudorosa y el dorso descubierto revelaba marcas que probablemente habían sido autoinfligidas. Había algo dentro de esa respiración errática y la mirada atemorizada del pobre pintor.   Harry imaginaba como los sonidos de los pájaros eran serpientes seseantes y agresivas que clamaban por meterse dentro de sus oídos y hurgar en su cerebro mientras que los fantasmas que veía danzar por la habitación se burlaban de él y cantaban al igual que las aves melodías diabólicas que le impedían concentrarse porque trataban de robar la cordura que no tenía, por eso sus manos evitaban que el sonido pasara, las uñas romas del hombre causaban que pequeñas medialunas ropa se aferraran a modo de marcas en su rostro cincelado.   De pronto todo se detuvo, ya no hubo aves cantando a fuera paradas en su ventana molestando con las serpientes que surgían del canto aterrador, ni fantasmas burlones danzando una satírica canción, solo estaba Harry que con temor y en medio del desgaste físico se encontraba aturdido, quito con lentitud las manos de sus oídos con temor a volver a ser asaltado por las ocurrencias del destino cruel.   Perplejo un asustado Harry busco con su mirada a su pareja que estaba en el baño tomando una ducha, incapaz de contenerse se termino levantando y yendo en busca de la mujer. El aroma de ella aniquilaba los sentidos de Harry, este desprendía un olor a bruma y dolor que punzaba y tiraba de sus hilos, pero estaba decidido a ignorarlo, aquello era una mínima muestra de lo que días anteriores había vivido a manos de esas ilusiones que se mostraban delante de sus ojos. Con pies descalzos el alfa se dio a ver en medio del baño.   La puerta de vidrio de la ducha contenía que el agua salpicara hacia a fuera, los nervios de Harry aun estaban agitados dentro de él y la adrenalina corría por sus venas despavorida intentando arrancar la calma que Harry aun no encontraba dentro de él, temblando el hombre se dispuso a acercarse al sitio donde su esposa estaba tomando un baño. Era una curva entera de piel y aristas, el color claro y saludable hizo a Harry sentirse aliviado, las ganas de reabrir la marca que había puesto en la mujer picaron en sus encías, pero con los estragos de la alucinación anterior tenía miedo a dañar a la fémina que se estaba duchando dándole la espalda a la figura masculina.   El olor a jabón mezclado con el aroma de ambos fue algo que permitió al alma de Harry a descansar en paz, pero su corazón se negaba a dar tregua latiendo con fuerza dentro de su pecho adolorido.   Sin notar su presencia la mujer acumulaba espuma en sus cabellos castaños que caían por su espalda en ondulaciones que al secarse serian rizos formados. Harry se despojo de la escasa ropa que cubría su cuerpo entumecido y la arrojo a un lugar desconocido, tomando rienda de sus intensiones Harry busco la forma de calmar las emociones que mediante el lazo transmitía, cobarde de mostrarle a Leire esa faceta poco armónica de él, aquella tristeza que lo orillaba a delirar y observarla entre trazos amarillos y sin sentido alguno.   Adentrándose en la ducha con pies descubiertos el agua afloro en la planta de sus pies, el frio calo con rapidez en su cuerpo logrando que estremeciéndose Harry casi terminara retrocediendo. Un suspiro silencioso se escapo de sus labios, un deje de confusión alerto a su cerebro de que algo malo sucedido, pero Harry estaba consciente de que aquella mujer era su esposa, el aroma no lo engañaría nunca.   Sacudiendo su cabeza descarto la idea y solo termino estirando su mano para culminar tomando el hombro de la mujer y haciendo que esta se voltease, lo lamentable ocurrió después cuando la imagen de la mujer se revelo. La mano de Harry abandono el cuerpo tan rápido como si este lo hubiese quemado profundamente, aterrorizado los trazos amarillos que cubrían un desfigurado rostro femenino, en un intento de gritar no pudo y solo salió un quejido a medias, en medio de las cicatrices que unían la cara destrozada de Leire esta sonrió y se acecho a Harry que despavorido huyo de ella…     Despertándose de la pesadilla Harry miro donde estaba, la cama y al lado de él su esposa dormía plácidamente, su corazón latía con fuerza y la respiración pausada de Leire alerto a Harry que la pesadilla había roto su espejismo encima de él.
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