Habrá un día en que deberás ser esta persona

1437 Palabras
Capítulo 16 Nadine Dejé a Lisa a cargo de la floristería, debía hacer una entrega y quería distraerme también. Cada vez confío más en ella. Me agrada mucho y la considero más una amiga que una empleada, aunque todavía no le cuento demasiadas cosas de mi vida. Al verme llegar, una de las encargadas se acerca de inmediato para ayudarme. —Niña, deja que te ayude con eso —dice, tomando uno de los arreglos con una sonrisa. —No te preocupes, Marissa. Es mi trabajo —le respondo. Ella niega con la cabeza. —Aquí no lo es. Nos encantan las flores, pero no deberías traer tantas —replica con suavidad. —Bueno, son los arreglos que la señora Ana me pidió para la sala y su oficina. Las demás son flores que traje para el jardín —le explico. —Gracias por venir siempre —dice con una sonrisa cálida. Caminamos hasta la sala y colocamos las flores sobre la mesita. El lugar nunca se detiene. Observo a las enfermeras ayudando a algunos ancianos, mientras otros se entretienen con juegos de mesa. Algunos simplemente miran por la ventana, perdidos en sus pensamientos. En el jardín seguramente habrá otro grupo disfrutando del sol de la mañana. Visito este asilo desde que la señora Ana me buscó para ayudar con un evento. Desde entonces, vengo cada cierto tiempo con algunos arreglos y también les ayudé a crear su propio jardín. Con las flores que cultivan allí, ellos mismos preparan pequeños ramos… o yo los ayudo cuando vengo. —Nadine, querida —la voz de la señora Ana interrumpe mis pensamientos al aparecer en la sala —¿Cómo estás?. —Muy bien, señora Ana. ¿Cómo va todo por aquí? —Excelente. Hemos tenido más apoyo este mes… y tenemos dos nuevas inquilinas —responde con una sonrisa. —Me dará mucho gusto conocerlas —digo. Levanto uno de los arreglos más grandes y se lo muestro. —Este es para su oficina. —Es precioso —su sonrisa se ensancha mientras observa las flores— Siempre logras que este lugar se vea más vivo. —Las flores ayudan —respondí con una pequeña sonrisa—. Cambian el ánimo de cualquiera. —Y el tuyo también debería mejorar un poco —añadió con suavidad, mirándome con atención. Intenté fingir normalidad. —Estoy bien. —Si tú lo dices —replicó, aunque no parecía del todo convencida —. Te vi en fotos con un hombre muy guapo. Sonríe con picardía. Mis mejillas se encienden y mi sonrisa se borra al instante. ¿Fotos? Ay Dios. Había olvidado que las fotos del evento saldrían en las revistas. Mi tío podría verlas y entonces… Creo que estaré en problemas. —Iré a plantar las flores que traje para el jardín —le digo a la señora Ana antes de que mis pensamientos se adueñen de mi mente por completo. No quiero pensar en Dante, ni en mi tío. —Anda querida. Muchas gracias por todo. Asiento. Tomo las flores y me dirijo al jardin. Traigo también unas semillas, que en unas meses serán unas hermosas flores. Al pasar junto al salón contiguo noté a una mujer acomodando unas mantas en uno de los sillones. Estaba de espaldas. Llevaba el cabello rubio recogido en una coleta baja y vestía el uniforme sencillo del personal del asilo, pero a diferencia de las demás, su camisa era de mangas largas. No parecía mayor, quizá alrededor de los cuarenta o cincuenta. Sus movimientos eran tranquilos, cuidadosos, como si estuviera acostumbrada a trabajar en silencio. Por alguna razón mis ojos se detuvieron en ella un instante más de lo normal. Antes de que me descubriera observándola me alejé. Dibuje una sonrisa en mi rostro y salí al jardín. Estuve la siguiente hora arrodillada en el suelo, con las manos llenas de tierra y tarareando una canción. Sonreí satisfecha al ver mi trabajo. Creo que nadie nunca entenderá lo mucho que amo las flores. Me fui a lavar las manos y estaba lista para irme cuando mi móvil comenzó a sonar. Lo saqué de mi bolsillo y vi el nombre de mi tío en la pantalla. Lo que menos me apetece es hablar con él. Lo veré por la tarde de todas maneras, lo que sea que quiera decirme, me lo dirá entonces. Me despedí de Marissa y la señora Ana. Les prometí que regresaría pronto y saludé a algunas de las residentes. Me encantaba escucharlas hablar de sus familias, pero ahora mi tiempo fue corto. Al salir del lugar me sentí observada, un extraño sentimiento se instaló en mi pecho. Creo que me estoy imaginando cosas. Me está afectando no haber dormido bien. … Regreso a la floristería horas después, espero que todo haya ido bien, pero en cuanto abro la puerta la campanita me anuncia problemas. Mi tío está esperando por mi, no parece estar muy feliz, mantiene los brazos cruzados sobre su pecho. Observo a Lisa que se encuentra preparando un arreglo. No puedo ir con ella porque mi tío ya me ha visto. —¿Qué hace aquí? —le pregunto. —¿Qué se supone que estás haciendo, Nadine? —cuestiona. —No se a que te refieres, justo ahora vengo de completar una entrega. —No te hagas la tonta —dice entre dientes. Saca su móvil y me muestra una foto. Una donde estoy con Dante. —¿Qué haces con ese hombre?. —No es lo que tu crees, es solo que… —Creo que advertí sobre acercarte a él. No puedes acercarte a esa maldita familia, entiéndelo. —¿Qué es lo que te molesta? —lo observo molesta. —No conoces a ese hombre, no sabes nada de él o de su familia. No hace nada que has terminado con el imbécil de Santiago, ahora vas y te buscas uno peor, uno mucho peor Nadine. Si tus padres vivieran para ver esto estarían muy decepcionados de ti. Sus últimas palabras son una estocada al corazón. Los ojos me arden, se llenan de lágrimas, porque si él lo dice puede que tenga razón, después de todo yo no conocí a mis padres, él si lo hacía. —Creo que soy lo suficientemente mayor para tomar mis propias decisiones. De los errores se aprende ¿no? Lamento que te equivoques conmigo después de que tú mismo me has educado —mi voz se quiebra un poco. Veo arrepentimiento en sus ojos. —Entre Dante y yo no hay nada. Ya me equivoque con Santiago, no creo estar lista para intentar saber si con otro sería diferente… Aunque Dante se siente diferente, quizás esté mintiendo un poco. Solo un poco. —Solo quiero protegerte… —¿De qué? Tío, se que me quieres, pero también sé que me ocultas algo que debería ser importante aun así lo he dejado pasar, no te voy a exigir que me lo digas. —Te pareces mucho a tu madre Nadine, pero se que en el fondo eres como tu padre. Tu padre era confiado, bueno, pero cuando se trataba de defender lo suyo, no había nada que lo detuviera, no tenía piedad y se que tu llevas eso —dice con su voz más suave—. Pero también confío mucho. —No entiendo… —” Habrá un día en el que deberás ser esta persona” —el corazón se me detiene por un segundo—. Nos vemos en casa. Me quedo de pie, congelada. Él pasa a mi lado. Miró hacia Lisa, que está concentrada en lo que hace así que me voy hacia mí pequeña oficina. Cada vez comprendo menos de mi vida y me entra la ansiedad por saber de que me estoy perdiendo, lo que debo saber. —¿Por qué hacemos esto, tío?. Estoy muy cansada. —Debes ser fuerte Nadine, solo quiero que puedas protegerte. —Esto no es para mí —inhalo profundo. —Puede que sí, eres como una princesa, lo sé, pero toda chica debe saber cómo defenderse. —Prefiero quedarme como la princesa, quizás tenga un caballero que me defienda. Él suelta una risa. —Menos platica. Hay que seguir, tienes que ir a estudiar. —Está bien. —Nadine… habrá un día en que deberás ser esta persona… Recuerdo la tarde en que me dijo eso. Mi cabeza duele. Escucho un pitido dentro de mis oídos y me los cubro con las manos. —Li… —intento hablar. Te protegeré… te protegeré florita, siempre… El aire me falta, veo todo borroso y luego todo se vuelve oscuridad.
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