15. ¿qué fue lo que realmente pasó?

1330 Palabras
Capítulo 15 Nadine Lo miré esperando una respuesta. Ojalá pudiera leerlo, abrir su mente y descubrir lo que calla. Porque es evidente, hay algo que me oculta. Algo que yo debería recordar. Ahora es cuando más necesito entender el por que nunca se me permitió ser tan libre. Siempre me pareció que mi tío me mantenía oculta del mundo y creí que era muy sobreprotector, porque yo era lo único que le quedaba ahora ya no creo eso… hay algo más… —No tengo nada más que decirte, Nadine. Ve a descansar. Eso te hará bien —dijo al final. Así que seguiremos con los secretos. Perfecto. —Bien. Buenas noches —pasé junto a él sin mirarlo. Me encerré en mi habitación con el pecho ardiendo. Estaba furiosa conmigo por no recordar… y con él por esconderme la verdad. Necesitaba llenar los huecos de mi memoria. Entender por qué Dante me resulta tan extrañamente familiar. Por qué su padre me heló la sangre. Me dejé caer en la cama y me envolví en las sábanas. Duele lo que no recuerdas… pero sabes que perdiste. Cerré los ojos y el beso de Dante volvió a mí con una claridad cruel. Su calor. Su forma de sostenerme. La manera en que todo dentro de mí respondió sin permiso. Su beso sabía a algo antiguo. A algo que no desaparecía. Me dormí con esa sensación todavía en mis labios. —Mamá… ¿papá es malo? —pregunto con mi vocecita mientras ella cepilla mi cabello. No veo su rostro, pero sé que es ella. Su presencia dulce me envuelve. —No, amor —responde suave—. A veces debe parecerlo, pero no lo es. Tu papá es un hombre bueno… hay cosas que aún no puedes entender. —Quiero esta flor en mi cabello —le digo, entregándole una—. Yo soy la reina. —¿Ah, sí? —Sí… soy la reina flo… —Mis hermosas —interrumpe la voz de papá. —¡Papi! Corro hacia él. Me levanta y me abraza. Su barba raspa mi mejilla y me hace cosquillas. —Mi linda niña… —susurra. El mundo comienza a desvanecerse. El dolor llega primero. Luego el humo. —¿Papi? No me gusta estar sola —murmuro. Estoy en una habitación. Oscura. Solo una pequeña lámpara encendida. Mis pies descalzos tocan el suelo frío. Camino hasta la puerta. Afuera hay pasos. Abro. Y veo la sombra negra. —Vuelve a la cama. Deberías estar dormida —dice una voz masculina. Mi cuerpo tiembla. Corro de regreso. El humo comienza a entrar con rapidez. Entonces los veo, ojos oscuros brillando en la penumbra. —Duerme. Todo estará bien… La puerta se cierra. Me escondo bajo las sábanas. —Mami… papi… Te protegeré. Te protegeré. Te protegeré. Las palabras se repiten como un eco. ... Desperté sobresaltada. Sin aire. Con lágrimas en el rostro. —Mamá… papá… ¿qué fue lo que realmente pasó? —pregunté al vacío, presionando mi pecho. No volví a dormir. A las cinco de la mañana me levanté, tomé una ducha caliente y me vestí. Salí de casa rumbo a la floristería sin hacer ruido. No quería ver a mi tío. Que entendiera mi silencio. Que supiera que estoy molesta. Y que aunque no insistiera… no me rendiría. … Abrí la floristería más temprano de lo normal. El aire de la mañana aún estaba frío y húmedo. Este mes tenía ese olor a hojas mojadas y metal en el ambiente. Entre a la floristería. Aquí todo era distinto. Aquí el mundo tenía orden. Un orden que yo entendía perfectamente. Tallos. Agua. Tijeras. Vida. Encendí las luces y el color me envolvió, rosas, peonías, lirios, claveles. Por un instante mi pecho se aflojó. Como si las flores sostuvieran lo poco estable que me quedaba por dentro. —Buenos días —susurré al local vacío. Dejé mi bolso y fui directo al fregadero para llenar cubetas. Necesitaba usar las manos. Mantenerme ocupada. No pensar. Pero pensar era inevitable. El beso. Los ojos del padre de Dante. El humo. El agua comenzó a desbordar la cubeta y solo reaccioné cuando se derramó sobre mis dedos. —Concéntrate —me dije en voz baja. Comencé a limpiar hojas marchitas, a cortar tallos en diagonal, a cambiar agua. Movimientos mecánicos. Seguros. Repetibles. Todo lo que mi memoria no era. La campanilla de la puerta sonó. Me giré rápido, con el corazón acelerado. No era Dante, por un momento quise que fuera él. Era Lisa. —¡Llegaste antes que yo! —dijo sorprendida—. Eso sí es nuevo. Intenté sonreír. —No podía dormir. Lisa dejó su bolso y me miró con más atención. —¿Estás bien? —Sí —mentí—. Solo cansada por el evento. Ella no pareció convencida, pero respetó mi silencio. Bendita sea. Seguí con mis flores. Arreglé un par de ramos que me habían pedido. Necesito dejar de pensar en Dante. En el beso, en lo que dijo, pero no puedo dejar de hacerlo, él aparece en mi mente a cada segundo. ¿Que me ha hecho que no puedo dejar de pensarlo?. —Su mundo y el mío, no son lo mismo… —susurré, sin imaginar que yo también había venido de ese mundo. Dante No dormí. Ni un minuto. La noche pasó frente a mí como una pantalla encendida, el balcón, el frío, su respiración agitada… y su boca respondiendo a la mía. No me importa que se haya molestado. Valió la pena. Me apoyé contra el respaldo de la silla y volví a mirar el teléfono. Las fotos del evento ya circulaban por todas partes. Prensa, revistas digitales, redes. Abrí la imagen otra vez. Ella a mi lado. Vestido rosa. Mirada brillante… pero no feliz. Nadine no sonríe de verdad cuando está incómoda, ahora lo sé. Su sonrisa real empieza primero en los ojos. Le hice zoom al rostro. Demasiado cerca. Demasiado personal. “Dante Di Luca, junto a una hermosa joven. ¿Será ella su pareja? Los rumores de la unión entre la familia Di Luca y la familia Vega parecen no ser reales y esto es una prueba de ello.” Solté una risa seca. —Nunca —murmuré—. Esa unión no va a suceder. Nunca ha sido real.. Ni por negocios. Ni por presión. Ni por amenazas de mi padre. No sucederá. Deslicé la imagen de nuevo. Otra foto, mi mano en su espalda guiándola entre los invitados. No recordaba haberla tocado con tanta naturalidad. Como si ya fuera mía. Fruncí el ceño ante el pensamiento. Ella me encanta. Y no debería. No debería querer verla. No debería pensar en su reacción cuando huyó. No debería recordar cómo tembló cuando la sostuve. Una desconocida no debería provocarme esto. Pero no es solo deseo. Eso sería fácil. Controlable. Con ella no lo es. Hay algo… familiar. Incómodo. Como si mi instinto la reconociera antes que mi mente. Observo la foto, su rostro detalle a detalle como si buscará algo. Abro el cajón de mi escritorio y sacó una de las fotos que guardo como si fueran un tesoro. Ami y yo juntos sonriendo. La acercó a mi teléfono, la observo… sus ojos… son del mismo color que los de Nadine. Dos personas no pueden parecerse tanto. Claramente hay diferencia, pocas. Ami era solo una niña y Nadine es una mujer. Una muy parecida a esa niña. Y eso me confunde demasiado. Creo que me estoy volviendo loco y estoy viendo a Ami en ella. Debo dejar de pensar en eso. Ami no está, no regresará. Lo desee durante años y no sucedió. No sucederá ahora. Ami es solo un recuerdo dulce y doloroso. Ella no merecía ese final. Nadine… tiene tanto parecido a ella, pero no es ella. Nadine es una dulce desconocida, de la que ya no quiero alejarme y aún así debo mantener mi distancia. Aunque creo que no resistiré tanto…
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR