07.

1172 Palabras
Los miro atenta ante cualquier movimiento brusco. Sé que si me hubieran querido lastimar o matar, ya lo habrían hecho. Son grandes y fuertes, tanto en su forma humana como animal. Estos machos son extraños, aunque tal vez sea porque no son Rogers como yo. Ellos seguramente nacieron y crecieron en esta enorme manada que, sin importar cuánto corra cuando intento huir, nunca llego a alguna de las fronteras que debe tener. — Adoro su olor — ronronea mi loba, moviendo nuestra cola. Eso capta la atención de los tres machos que me observan. Ellos no pueden escuchar lo que mi loba dice, ya que es nuestro enlace. Solo habla conmigo. Sin embargo, me inquieta lo interesada que está ella en estos machos. Nunca se había comportado así y no puedo negar que también siento que algo nos atrae de ellos, pero no identifico qué es. Mi estómago suena y de inmediato uno de ellos se levanta. Como reflejo, me pego a la extraña pared humana hecha de árboles. Sé que son los mismos árboles que están en el bosque de esta manada por su olor. No comprendo por qué ellos utilizan tantas cosas humanas si se supone que son licántropos como yo, no humanos que viven en ciudades grandes repletas de edificios y olores repugnantes, sin mencionar lo ruidosas que son. — Tranquila, te buscará comida — dice el macho con los ojos del color de las nubes. — Su voz es muy sexy, me gusta mucho — mi loba definitivamente se volvió loca. — ¡Accalia! — la reprendo, ya bastante fastidiada por su extraño comportamiento—. Desde que nos atraparon, no paras de decir que te gusta sus voces, su olor y su aspecto. — Pero si son unos machos muy lindos, además sus lobos intentan hablar conmigo. — ¿Hablaste con sus lobos? — pregunto temerosa de que la hayan convencido de algo malo. — No, escucho lo que me dicen y ellos saben que los escucho, pero nunca les contesto. No te preocupes, no soy tan confiada — promete, y suelto un pequeño gruñido sin poder evitarlo. De inmediato me arrepiento al recordar que ellos me escucharon gruñir. No quiero que me perciban como una amenaza, aunque actualmente solo haya dos machos conmigo en esta habitación humana, no significa que estoy más segura. A pesar de que sean lindos y hasta ahora no me hayan lastimado, al menos dos de ellos no me han lastimado. El primer macho que conocí me estampó contra un árbol. Sin embargo, Accalia dice que no nos atacó, que simplemente quiso evitar que saltáramos por ese acantilado. El macho de ojos color nube que curó mi espalda intenta acercarse a mí. De inmediato, huyo saltando de la extraña plataforma suave en la que me había acostado, para quedarme en el suelo en una de las esquinas de la habitación. El piso bajo mis patas se siente frío, muy diferente a la suavidad de esa plataforma que supongo inventaron los humanos. Es extraño que les guste utilizar tantas cosas humanas. — Linda, no te haremos daño. Queremos protegerte y cuidarte — habla el primer macho que conocí—. Sabemos que debes haber pasado por muchas situaciones difíciles, pero puedes confiar en nosotros. No tenemos malas intenciones — asegura con una sonrisa. Me hago pequeña en mi lugar, metiendo mi cola en medio de mis patas traseras. Mis orejas están agachadas, muy pegadas a mi cráneo. El otro macho de ojos color nube se mantiene quieto en la extraña y suave plataforma humana mientras el primer macho está de pie cerca de mí. — No debes temernos. Somos... — él deja de hablar cuando le gruño. Se está acercando demasiado. Siempre tengo que tener una ventaja para escapar. Si él me acorrala contra la pared, no podré defenderme. Además, no sé qué tan gruesas sean estas paredes humanas, no sé si podré traspasarlas. Es un riesgo, ya que no soy muy fuerte y podría lastimarme más la espalda. Eso me dejaría indefensa ante ellos. — Antosha, aléjate de ella. Solo la estás asustando — le pide el macho de ojos color nube. Al parecer, el primer macho que conocí se llama Antosha. Por alguna razón, me gusta su nombre. Eso es raro, son pocas las cosas que me gustan. — No me des órdenes. Que seas el mayor no te hace el jefe — le gruñe, al parecer enojado, el tal Antosha al macho de ojos color nube. — No quiero ser el jefe. Sé que tienen más tiempo con ella y no te diré cómo tratarla. Pero yo estoy viendo la situación desde otra perspectiva. Se alejó de mí por miedo, no quiere que la toquemos. Fue un día duro para ella. Mantén una distancia razonable — al parecer, sus palabras convencen a Antosha y se termina alejando unos cuantos pasos de mí. En verdad lo agradezco. Mi única ventaja ante ellos es mi velocidad, la cual funciona mejor si tengo espacio para agarrar impulso y escapar si la situación lo amerita. Me tenso cuando la puerta se abre. Por un segundo pienso en escapar, pero no lo hago porque el segundo macho entra y cierra la puerta de inmediato. Al parecer, pensó lo mismo que yo. — ¿Por qué está en el suelo? — le pregunta a los otros dos machos. — Se asustó — murmura Antosha. Él hace una mueca de disgusto cuando me mira, pero mi atención es robada por el delicioso olor de la carne que tiene en sus manos. No puedo evitar empezar a salivar. De mi hocico se van escurriendo algunas gotas de saliva. Mi estómago gruñe y yo solo deseo un pequeño pedazo de lo que ese macho tiene entre sus manos. Él se acerca a mí y con miedo retrocedo hasta que mi lomo queda pegado contra la fría pared. Le gruño mostrando mis colmillos al ver lo cerca que está. — Solo dejaré esto aquí. Es todo tuyo. Disculpa si no encontré la carne de tu agrado en tan poco tiempo — dice para después colocar la carne en el suelo enfrente de mí. La carne está sobre una extraña superficie blanca circular. Creo que he visto algunos humanos poner su comida sobre ella cuando van a comer. Otra cosa humana que les gusta utilizar a estos machos. El macho que trajo la carne se acerca a los otros dos machos. Todos me miran. El olor de la carne inunda toda la habitación. La hambre dentro de mí crece aún más. Deseo comer, pero es peligroso. Puede ser una trampa para que baje la guardia o para intentar envenenarme. Incluso tal vez, si la como, después me querrán pedir cosas, ya que ellos cazaron por mí. Sé que nada en este mundo es gratis. Mi estómago vuelve a sonar mientras yo miro la carne. En verdad deseo probarla, así sea tan solo un bocado. Se ve tan jugosa. Además, necesito comer para que mi espalda se cure rápido. ¿Qué hago?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR