Los días siguientes al encuentro en la biblioteca podrían haberse calcado. Munay y Martin se escabullían a la biblioteca a escondidas, no importaba si era de mañana o de tarde ellos encontraban la forma de pasar desapercibidos para luego desatar todo su deseo en besos interminables y caricias cada vez más íntimas. Luego el entrenaba y ella lo observaba desde lo alto, en aquella oficina en la que no podían verla pero ella sí podía ver la piscina.
Entonces volvían a encontrarse en el estacionamiento, esperaban a que todos se hubieran ido y ella subìa para disfrutar su mano sobre su pierna o sus caricias en sus mejillas. Conversaban de todo y de nada. Daba lo mismo el tema, la sonrisas no querían borrarse.
Munay le había contado de su pueblo, de su numerosa familia, de sus intenciones de convertirse en historiadora, de su afición por los buenos libros, de las bellezas de su provincia y de lo mucho que extrañaba la serenidad del la vida allì.
Él le había hablado de su familia, de la prosperidad del negocio de turismo de su padre, de las decenas de viajes que había realizado, de los lugares que conocía y de las intenciones de su padre de que él continuara el legado. Pero también le había hablado de sus sueños, de sus ganas de continuar por el camino deportivo, de seguir aprendiendo para convertirse en entrenador y preparar equipos para competencias y sin embargo siempre terminaba diciendo: “En otra vida,quizás” Y ella notaba la forma en la que su mirada se volvìa triste.
Luego la acompañaba hasta la puerta de su casa, una que la tía Frida se había encargado de determinar que no podía volver a cruzar. Si bien veía a su sobrina feliz, sabía que estaba bajo su cuidado y por eso no quería correr riesgos.
Entonces se despedían allì, con un beso inagotable que daba cuenta de lo mucho que lo disfrutaban y conteniendo el deseo de que aquello se transformara en algo màs, ambos decìan hasta mañana, aunque en realidad continuaban escribiéndose mensajes hasta altas horas de la noche, después
Esa tarde Martin parecía ansioso, había hablado poco en el trayecto y si bien la acariciaba por momentos estiraba su cuello como si necesitara liberar la tensión.
Munay presentía algo pero eligiò darle espacio durante el trayecto hasta su casa. Entonces bajaron y él no la tomó de la mano como solía hacer. Llegaron hasta el umbral y cuando iba a besarla ella lo interrumpió.
-Si no queres continuar con esto, lo entiendo.- le disparó y èl abriò sus ojos tan grandes que la sorpresa se tradujo mayúscula en ellos y una sonrisa incrédula se materializó en su labios.
-¿Que decis Muny? ¿De donde sacaste eso?- le preguntó tomando su mano para acercarla a su labios.
-No sè, es que estabas raro y yo no quiero que sientas que me debes nada.- le dijo temerosa. Aún no encontraba a una razón válida para gustarle y siempre temía que aquello se terminara, por eso prefería adelantarse antes de ser dejada.
Martin la miró sin perder la sonrisa y ante su falta de respuesta ella comenzó a ponerse nerviosa.
-No me mires así, yo no se ni porque queres estar conmigo, y de repente estás más callado, no me diste la mano cuando…No sé, en serio ¿Qué pasa?- le dijo ella cada vez más nerviosa.
Martìn volvió a apretar su mano y tomó un papel de su bolsillo trasero.
-Me molesta un poco que puedas leerme como si fuera un libro. Es verdad que estaba raro, pero no es por lo que decís.- le dijo entregándole el sobre mientras le daba espacio para que lo leyera.
-Tengo varias cosas para decirte.- le disparó apoyándose contra la pared para ordenar su cabeza mientras ella abrìa grande sus ojos al descubrir lo que decía aquel papel.
-Esto, yo no se si..- comenzó a decir ella pero èl alzò su mano para que no continuara.
-No me interrumpas .- le dijo intentando sonar como un orden pero sonriendo.
-Primero, me ofende un poco que pienses que ya no quiero estar con vos. Muny, ¿Todavía no te diste cuenta de lo mucho que me gustas, de la forma en la que me haces reir, de que llevo mas tiempo pensando en vos, en nosotros, que en cualquier otra cosa? Sacate esa idea de la cabeza, me gustas, me gustas mucho y soy yo el que a veces tiene miedo de que te des cuenta de que no soy suficiente para vos.-le dijo mientras ella contenía su emoción, arrepentida de haberlo increpado de ese modo.
-Segundo, si hay algo que tengamos que decirnos, vamos a hacerlo. No actuemos raros, no queramos ocultar lo que nos pasa, si hay algo que me enseñaste es que con vos, puedo ser yo mismo y eso es algo que nunca antes sentí. Por eso necesito que me prometas que pase lo que pase siempre vamos a hablarlo. - le pidiò y ella asintiò comenzando a sonreir.
-Y por último, estoy un poco enojado, en verdad quería sorprenderte y vos pareces poder mirar a través de mi. Me costó mucho conseguir este viaje, le dije a mi papa que íbamos a sortearlo en el torneo y tuve que convencer a la secretaría de él para que en lugar de un paquete me hiciera dos. Queria dartelo de una manera especial y deje pasar el día y luego me puse más nervioso, pero bueno, ahí está. ¿Quieres venir conmigo a Uruguay?-le preguntó como si fuera un niño pidiendole un regalo a su padre.
Munay por fin sonrió completamente. Se acercó y lo besó intentando subsanar su desconfianza.
-Me encantanrìa.- le dijo cuando logró separarse.
-Pero no creo que mi tía me deje.- agregó curvando sus labios hacia abajo.
-Eso déjamelo a mi.- respondió él, estaba tan feliz de saber que ella lo deseaba tanto como él, que no estaba dispuesto a tomar un no como respuesta. Y entrelazando sus dedos con los de ella tocó el timbre para ofrecer la mejor actuación de toda su vida.