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1332 Palabras

Si las lágrimas hubieran podido juntarse de seguro Munay habría logrado competir con el mismísimo Río de la Plata. Con los párpados hinchados y su nariz colorada ni siquiera había aceptado el llamado de su tía a cenar. La mujer incluso había acariciado su cabello dos veces, mucho más que en sus cinco años allì, pero ni aquel gesto de sobrado cariño para alguien tan frío como ella, la había logrado convencer. Se había intentado convencer de que aquel era el final que su mente se empecinaba en mostrarle desde el principio y sin embargo le dolía tanto que no podía dejar de llorar. No podía dejar de imaginar lo que su madre le había dicho a Martin para que dejara de luchar por ella, pero estaba segura de que era algo lo suficientemente convincente como para que descubriera que alguien como e

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