El pasado, siempre vuelve...
Llaman a la puerta dos veces y echando los documentos que leía hacia un lado, musito:
— Pasa.
Mi secretaria aparece y abriendo la puerta a medias, susurra:
— Disculpe, señorita Monty —Ella suspira algo agitada— El señor Bustamante, ya está aquí.
Asiento la cabeza levemente y mordiendo la parte interna de mi labio inferior, aspiro con fuerza.
Parece que él no pudo esperar hasta la hora acordada para venir a enfrentarme.
Vaya, admito que aún no me siento lista para enfrentar al gran amor de mi juventud, aún no estoy lista para ver a solas al hombre de mi pasado.
Pero ante las circunstancias, no es que tenga otra opción, ya está aquí y no voy a dar marcha atrás, eso sería mostrar debilidad o peor aún, temor.
Y no siento ninguna de las anteriores.
Una cosa es que aún no me sienta lista para verlo solas y otra muy distinta, es que sea débil o que le tema.
Sé que me odia, se todos los sentimientos horribles que él tiene hacia mí.
Pero yo tengo mi conciencia tranquila y no tengo porqué temer, lo puedo enfrentar.
Puedo con esto y con todo a lo que la vida me quiera enfrentar.
Él tiene sus razones para odiarme y, se las respeto. Sé muy bien que lo herí, sé muy bien que lo lastimé. Pero, todo lo demás que él profana de mí con los demás....
No sé quién le habrá mentido de esa manera y quien le habrá envenenado tanto la cabeza en mi contra pero, vaya que él cayó redondo.
Y eso me duele, me duele mucho.
Aunque, pensándolo bien, tiene todo el sentido si se dejó guiar por el dolor que sintió ante mi abandono tan repentino.
— Hazlo pasar, gracias. —Digo al fin y mi secretaria cierra la puerta.
Me pongo de pie y camino hacia el gran ventanal que está detrás de mi escritorio, sonrío al ver unos pajaritos pasar y luego, alzó la mirada al cielo.
— ¡Ay, papito! Donde quiera que estés... Sigue iluminando mi camino.
Un escalofrío recorre toda mi espina dorsal cuando escucho la puerta de mi oficina abrirse lentamente y, me giro al instante.
Su mirada despota y fría se encuentra con la mía y un nudo en mi garganta se fomenta.
Rayos, sigue igual de hermoso a como cuando éramos adolescentes.
E incluso más.
Me aclaro la garganta, para tratar de disipar ese nudo que me está atormentado y sacando pecho, saco a relucir nuevamente mi apariencia de acero.
Soy Asena Monty, presidenta de Lago's TV, hija del fallecido y exitoso empresario Dinaro Monty y, la máxima heredera de toda la dinastía Monty.
Sí, soy Asena, conocida como la mujer que rompió el corazón del gran David Bustamante, la mala, la villana de la historia, la desalmada y la mujer que no tiene temple para hacer añicos a cualquiera que la menos precie y se le cruce en el camino.
Sí, ante todos en la sociedad soy ésa Asena y no he hecho nada para demostrar lo contrario, no he hecho nada para demostrar que todo lo infundado en mi contra, es completamente falso.
No he hecho nada porque sencillamente, no me apetece hacerlo, porque no me nace cambiarlo.
Me importa un reverendo pepino lo que todos piensen de mí, me importa una mierda lo que se hable de mí.
Después de tantos años fuera del país, solo he regresado por un motivo.
Y ese motivo, es más que suficiente para desistir en aclarar lo que sea que se comente en mi contra. Pues mi intención es hacerle pagar y con creces, lo que dicho motivo me hizo hace diez años atrás.
No voy a perder tiempo en tonterías que no valen mi existencia. No perderé mi tiempo en nada que no lo merezca más que ése gran motivo por el cual estoy de vuelta.
Suspiro con desgano, aparentando que su presencia me aburre y David también demuestra su descontento tirando de la carpeta que llevaba en su manos, sobre mi escritorio.
— Los planos del nuevo terreno —Dice con recelo— Solo falta tú firma, apresurate en revisarlos porque tengo cosas que hacer y lo necesito firmado y cellado en menos de una hora.
Ni siquiera miro la carpeta cuando mis ojos vuelan a los suyos para fulminarlo con la mirada.
— Me importa un bledo lo que tengas que hacer después, me tomaré el tiempo que sea necesario y firmaré cuando vea que todo está como se ha planeado.
Cuando se trata de negocios, no existe sobre la faz de la tierra una persona tan perfeccionista, detallista, meticulosa y quisquillosa que yo. Me gusta estar al tanto de todo, me gusta saberlo todo. Y para ello, necesito mi tiempo, ésta es una de las inversiones más grandes que he hecho desde mi regreso y por supuesto, desde el fallecimiento de mi padre.
No puedo tomarla a la ligera. Y me molesta que David me trate de esta manera, cuando sabe perfectamente mi ética de trabajo.
Una cosa es nuestro pasado y con ello, nuestros problemas en el área personal, pero otra cosa muy distinta, es el área profesional.
Nunca se deben mezclar ambas partes.
Eso es algo insostenible para mí.
Es una regla que no debe romperse.
Me molesta, me fastidia.
Lo personal no debe mezclarse con lo profesional. ¡Jamás!
Mi ética de trabajo es muy alta, tan alta, que dudo mucho en que él alguna vez pueda alcanzarla.
— Si tienes algún problema conmigo, lo podemos discutir fuera de la oficina y de toda el área de trabajo —Espeto, casi al borde— Pero mientras estés aquí, sobre todo en mí oficina, bajale dos rayitas a tú actitud. Porque no la voy a tolerar. O te calmas, o te vas y no hay trato.
David se pone de pie y yo también lo hago.
Su postura es imponente, su mirada feroz.
Pero no me dejo intimidar, al contrario, vuelvo a sacar pecho, pongo mis manos en garras sobre mi cintura y alzo la mirada. Retandolo de vuelta.
Amé con locura a este hombre en el pasado, ha sido mi primer y único amor. Él fué mi todo. Él fué el primero en todo.
Y es triste que ahora estemos enfrentados. Es tan triste que lo nuestro haya terminado tan pronto, cuando apenas sentía que comenzábamos a pesar de estar juntos por casi tres años.
Es triste ver a lo que hemos llegado, es triste ver que no haya podido sobrevivir algo bueno de todo nuestro lindo pasado juntos.
Porque a pesar de que fuí yo quien lo abandonó, nunca dejé de amarlo, nunca dejé de extrañarlo.
El fué mi mundo, David lo fué todo para mí.
Y en el fondo, aún lo es.
Pero así es el destino, así es la vida.
Al filo de la irrealidad.