Nicole caminaba de un lado a otro en la habitación de Liam, su mente consumida por la confusión y la duda. No entendía por qué lo estaba alejando, por qué se negaba a sí misma el amor y la felicidad que había encontrado en sus brazos. Cada fibra de su ser anhelaba consolarlo, borrar el dolor que veía en sus ojos cuando hablaron por última vez. Sin embargo, no podía hacerlo. Su lobo, reflejo de su tormento interno, gruñía y gruñía dentro de ella, inquieto y enojado por sus acciones. Sabía que Liam era su compañero, su pareja destinada, y no podía comprender por qué ella se alejaba de él. De repente, el sonido de voces elevadas resonó a través de las paredes, reverberando en sus oídos. Al principio, trató de ignorarlo, dudosa de involucrarse en el caos que se desarrollaba afuera. Pero cua

