Después de pasar unos minutos, Marisol intenta acostarse nuevamente, buscar refugio bajo el calor de sus sábanas, pero la imagen de los ojos inquietantes de la bestia la sigue de cerca, como si no quisiera ser olvidada tan rápidamente. Cerrar los ojos solo la sumerge de nuevo en la pesadilla. El miedo envuelve sus dedos gélidos alrededor de ella, dejándola incapaz de escapar del implacable agarre de su mente. Marisol no puede decir cuándo exactamente comenzó, pero sus mejillas se volvieron cada vez más húmedas con lágrimas. Abrumada por el miedo y la impotencia, las lágrimas continúan cayendo sobre su línea de agua, su cuerpo temblando con la intensidad de sus sollozos. Estaba totalmente sola, rodeada por la opresiva oscuridad de su supuesta habitación. La vulnerabilidad que sentía era so

