En la profundidad de la noche, Marisol se encuentra vagando por un ala desconocida de la casa de la jauría, los pasillos débilmente iluminados y adornados con viejas decoraciones polvorientas colgadas en las paredes. El polvo danzaba en el aire, proyectando sombras siniestras en las gastadas paredes. La atmósfera era diferente de las secciones impecables de la casa de la jauría a las que poco a poco se había acostumbrado. Intrigada pero inquieta, se adentra más en el territorio inexplorado, guiada solo por la tenue luz de la luna que se filtra a través de algunas ventanas agrietadas. Mientras deambula por el pasillo, los ecos suaves de gruñidos y quejidos llegan a sus oídos. El corazón de Marisol se acelera, su respiración se vuelve pesada. Los vellos de su nuca se erizan, una sensación e

