2.

1690 Palabras
Nicole se quejó mientras se levantaba de la cama. No entendía el tipo de sueños húmedos que había tenido, tampoco entendía cómo había llegado a casa. Normalmente, cuando intentaba ahogarse en alcohol, se desmayaba en el bar y se despertaba temprano a la mañana siguiente en el mismo lugar. Se frotó los ojos, preguntándose por qué todavía estaba mojada y por qué su núcleo palpitaba. Abrió los ojos y se encontró en una habitación desconocida. Abrió los ojos de par en par y su corazón se aceleró. Los recuerdos de la noche anterior se estrellaron en su cabeza. Estaba borracha como el infierno y un extraño le robó su bebida y pagó su cuenta, pero como estaba enojada lo persiguió y... Volvió al callejón, donde él se rió y se acercó por encima de ella. —No esperaba que picaras el anzuelo. —Murmuró, la voz de él electrificando sus nervios. Olisqueó su cuello y soltó un profundo gemido. Nicole tragó el gemido que amenazaba con salir de ella. —Sabes, cuando las mujeres vienen tras de mí, vienen a seducirme y agradecerme por pagar sus cuentas. Pero tú, eres de un grado diferente. —Susurró con absoluta firmeza. Un escalofrío le recorrió la espalda a Nicole. Su cabeza nadaba en la confusión y su cuerpo estaba saturado por su excitación. Podía decir que era un lobo poderoso porque su dominancia hacía vibrar a su lobo en señal de respeto. Lo que Nicole no entendía era por qué su cuerpo respondía a su voz. Ni siquiera la había tocado y aún así la excitación brotaba de sus poros. La última vez que lo comprobó, estaba segura de que odiaba el sexo, especialmente después de haber sido abusada por Shane. De hecho, no recordaba la última vez que se excitó, y sin embargo, aquí estaba con su coño empapado y palpitante ferozmente por un completo desconocido. Algo en él la magnetizaba hacia él. La emocionaba y la asustaba al mismo tiempo. Sus manos agarraron su cintura y le dio un beso fuerte en el cuello, rozándolo suavemente. Ese simple acto le envió ondas de placer; el gemido que había estado conteniendo salió. No sabía cómo, pero de alguna manera sus manos habían encontrado el bulto en sus pantalones y lo acariciaban suavemente. Él soltó un gruñido agresivo y tomó su boca. —No podemos hacer esto aquí. —Dijo con voz tensa. Su beso era tan exigente como estimulante. Jadeando, rompió el beso, la lanzó sobre su hombro y se marchó. La llevó a una habitación desconocida, la arrojó a la cama y la folló hasta que su cuerpo se deshizo con su orgasmo. Nicole todavía estaba aturdida por lo que había experimentado la noche anterior. Su núcleo palpitaba ferozmente y se vio abrumada por su necesidad de él otra vez. Nadie la había hecho sentir así, nunca. Los recuerdos de sus manos aferrando sus músculos firmes mientras sus embestidas fuertes golpeaban lugares que ella no sabía que existían le hacían suspirar. —Ya sé, suelo dejar ese efecto en las personas. —Se burló una voz. Inmediatamente volvió a la realidad. Su corazón latía fuertemente en su pecho y giró la cabeza hacia su dirección. Estaba totalmente asombrada por su aspecto. Su hombre misterioso se apoyaba en la pared con una sonrisa despreocupada en sus labios. Su melena rubia y sucia caía sobre sus ojos azules claros que la perforaban. Sus músculos marcados estaban cubiertos de más tatuajes de los que había visto en el cuerpo de alguien en toda su vida. Parpadeó, era hermoso. La gratitud hacia él la llenó. —Yo... —Empezó a decir. —¿¡Qué demonios haces todavía aquí!?—Gruñó de repente, separándose de la pared. La ira ardía en sus ojos. Los ojos de Nicole se movieron alrededor y su boca formó una "O". —Fui a correr por la mañana para darte la oportunidad de limpiarte y largarte, puta. ¿Qué pensabas que era esto? —Ladró, acercándose. Repentinamente, Nicole se puso de pie. Su corazón y su estado de paz se rompieron en mil pedazos. Esta situación era demasiado familiar. Las lágrimas nublaron su visión. —¡Fue solo una noche juntos, maldita sea! ¿Por qué sigues aquí?—Preguntó, su dominancia proyectaba la ira en su voz y la atravesaba como una espada. ¡Alfa lobo! Sus sentidos la advertían. Su cuerpo temblaba mientras luchaba por ponerse la ropa. La cantidad de vergüenza y estupidez que sentía amenazaba con tragársela. El hombre misterioso se burló de ella, su voz goteaba de irritación y disgusto mientras ella se movía apresuradamente por la habitación. —¡Lárgate!—Dijo, agarrándola bruscamente y echándola de la habitación. El resto de sus pertenencias siguieron el mismo camino y él le cerró la puerta en la cara. Las lágrimas comenzaron a caer. Era la misma forma en que Shane la había tratado después de su primera noche juntos. Se agachó en el suelo fuera de su puerta sollozando. Era la misma forma en que había sido utilizada por su compañero. Dios, era tan estúpida. Por eso se encontraba con personas que exponían su estupidez. Shane tenía razón, lloró. Ella era inútil. Era solo un juguete para los lobos machos y nada más. ¿Por qué alguien que acababa de conocer la trataría exactamente de la misma manera que Shane lo hizo? No quería vivir así nunca más. Quería dejar a Shane y ser feliz para siempre. Si tan solo pudiera pagar la deuda de su familia y marcharse en paz. Después de un rato, secó sus lágrimas y se puso el resto de su ropa. Luego, lentamente se levantó y salió renqueando del motel. —¿Dónde has estado?—Gruñó Shane en cuanto ella entró en la casa de manada de Crimson. Los hombros de Nicole estaban encogidos y sus ojos fijos en el suelo. Shane la agarró de la camisa y la olfateó. —¿Por qué huelo a otro macho en ti? ¿No sabes que eres mía?—Gruñó, golpeándola. Soltándole la camisa, le tiró del cabello. —¡Contéstame!—Gritó furiosamente de nuevo. —En el bar. —Sollozó Nicole, Shane resopló y la golpeó de nuevo, esta vez con más fuerza. Nicole gritó y el dolor estalló en su cabeza. No importaba cuántas veces la golpeara Shane, siempre dolía como el infierno. —¿Qué está haciendo la Luna del pueblo en un bar de nuevo? ¡Idiota! ¿Qué te dije sobre visitar el bar?—Siseó Shane, arrastrándola hasta llegar a la cocina. —No, no,no. —Nicole sollozó. —, puedo explicar. Estaba borracha y me desmayé. Con una sonrisa malévola, Shane levantó el látigo de plata que había personalizado para ella. Nicole temblaba profusamente. Las heridas causadas por el látigo de plata dolían mil veces más. Cada vez que la azotaban con él, era como si la hubieran prendido fuego. —Puta, ¿qué te dije sobre el bar? —¡Prometo que nunca lo volveré a hacer!—Nicole gritó y luchó en su agarre. —, lo prometo. ¡Por favor!—Exclamó en un alarido. Shane la empujó al suelo y comenzó a patearla. Sus ojos estaban iluminados de excitación. Luego, levantando el látigo, la azotó innumerables veces. Nicole soltó un grito agudo. El olor a carne quemada se mezcló con su sangre y perfumó el aire. El látigo le rasgó la carne y su sangre brotó. El dolor la atravesó como una espada y cegó su visión. Escupió sangre y jadeó por aire. —Idiota, te advertí que no me desafiaras. Hasta que hayas saldado tu deuda, harás lo que te diga. —Arrojó Shane. ¡Wham! Siguió otro azote. Nicole gritó mientras un dolor punzante le recorría el cuerpo como un rayo. Inhaló una respiración aguda, apretó los dientes y trató de enfocarse en algo diferente al dolor. Estaba a punto de recibir otro azote cuando el Beta de la manada entró jadeando. —¡Shane! ¡Alfa Shane! ¡El Alfa de la Manada Dark Moon está aquí!—Anunció. Shane se quedó completamente inmóvil, dejando poco tiempo a Nicole para recuperarse. Se arrastró lo más lejos posible de Shane. Su sangre estaba esparcida por todas partes. Con cada movimiento, sus huesos amenazaban con romperse. —¿Q-qué?—Shane tragó saliva, bajando con cuidado el látigo. El Alfa de Dark Moon era el ser más despiadado conocido por los hombres lobo. No solo era tremendamente dominante. Su lobo era como una bestia. Recientemente había regresado de la guerra con una manada que se había atrevido a desafiarlo, masacró a todos en esa manada. —Rumores dicen que llegó a Crimson la noche pasada y mantuvo un perfil bajo. Los guerreros de la manada me dijeron que él y su gente se dirigen a verte. —Le informó su oso. Nicole no podía estar más agradecida por tal distracción. Bendijo al Alfa de Dark Moon por salvarla y reducir su castigo. A pesar del dolor que sacudía su cuerpo, podía sentir el miedo emanando de Shane y su Beta. Eso la hacía sentir mucho mejor. —Maldición. —Gruñó Shane. —, pídele al Omega que prepare un banquete para celebrar su llegada y su reciente victoria. Firmaremos una tregua para demostrar que no estamos enemistados con él y su manada. Nadie, quiero decir, nadie debería molestarlo a él o a su gente. Solo esperemos que lo apaciguemos con la fiesta y la tregua y que pase sin acabar con todos nosotros. —Sí, Alfa. —Asintió su Beta. —, pero necesitas ir y darle la bienvenida. Se dirige a la Casa de Manada. —Saca a esta perra de aquí y limpia este desastre. —Gruñó Shane con desprecio. —Sí, Alfa. —Su Beta inclinó la cabeza mientras Shane salía de la habitación. Nicole suspiró, contenta de que Shane estuviera muy distraído hasta que el Poderoso Alfa se marchara. Quizás, solo quizás, si estaba lo suficientemente distraído, finalmente podría pensar en una forma de pagar sus deudas y luego escapar hacia su libertad.
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