La casa de las muñecas

1256 Palabras
La casa de las muñecas. El viento resoplaba y los árboles resonaban en las ventanas, era un clima muy fuerte, ese día Eleonor quería sacar la casa de muñecas que tenía guardada en el ático, a pesar de tener ya 10 años, a ella les encantaba jugar con muñecas, pero su hermano Gustavo, de 20 años siempre se las rompía y por eso, optó por guardarlo en su ático. Aquel día, sus padres habían salido a trabajar y por ende ambos jóvenes se quedaron en casa solos, Gustavo se quedó a cargo y al cuidado de su hermana menor. Gustavo estaba jugando videojuegos y esa era la razón máss importante y por la cual no le prestaba atención alguna a su hermana menor, Eleonor aprovecho que su hermano no la estaba mirando y poco a poco se fue dirigiendo al ático, habían muchas cosas viejas, cuadros, cosas que pensaban eran inecesarias y que no pensaban utilizar, Eleonor empezó a buscar y después de estar durante mucho tiempo buscando, por fin la había encontrado, su casita de muñecas y adentro tenía unas diminutas muñecas, aquella casa estaba en muy buen estado. Eleonor la tomo entre sus manos, salió del ático poco a poco y al darse cuenta de que hermano no la estaba mirando y que seguía mirando a su videojuego sin quitarle la mirada de encima, está chica rápidamente optó por correr a su habitación y cerro con seguro, suspirando tras su entrada. — ¡Lo logré!, A Gustavo le molesta que juegue con muñecas por qué según él, ya estoy muy grande, pero no me importa — se dijo asi misma mientras empezaba a poner la casa de muñecas en el piso y se sentaba a un lado para poder jugar con ella. Eleonor estaba entre risas, parecía que había otra persona en su habitación. — Que cosas dices — dijo Eleonor mientras se empezaba a reír. Se seguían escuchando susurros, Eleonor estaba hablando con alguien, pero en aquella habitación no se encontraba nadie. Aquella pequeña estaba actuando de una manera extremadamente rara. Entonces, Eleonor escucho algo que le sorprendió de gran manera e hizo que se pusiera de inmediato de pie. — ¡Yo no puedo hacer eso!— dijo Eleonor exaltada y enojada. Aquella pequeña se dió cuenta de lo que había dicho y decidió bajar un poco la voz, ella no quería que su hermano la descubriera. — Es algo brusco lo que me estás pidiendo — dijo ahora Eleonor entre susurros. De pronto una pequeña muñeca salió de la casa de muñecas. — Solo piénsalo, a tu hermano no le gusta el hecho de que juegues con nosotros, pero dejandolo a él fuera del camino, dejandolo encerrado en nuestra casita, él te dejará de molestar. Es una buena oferta — dijo la muñeca intentando convencer a Eleonor, la cual lo estaba pensando detenidamente. Eleonor realmente estaba harta de la actitud de su hermano mayor ya que siempre era lo mismo, pero tampoco quería que este se convirtiera en un juguete más, esto realmente era una muy difícil decisión que tenía que darse prisa en tomar, no tarde y su hermano mayor escucharía aquellos ruidos y se daría cuenta de que su pequeña hermana hablaba con alguien. — Eleonor, sabemos que eres una pequeña muy inteligente y de que tomarás la mejor decisión posible, de eso no tenemos duda, pero te recordamos de que tú hermano te trata muy mal y nosotros ya no queremos eso para nuestra pequeña Eleonor — dijo otra muñeca con mucha tranquilidad. — Tienen razón, él no me trata bien, él es malo conmigo ya que siempre me quiere quitar mi casita de muñecas — se quejo Eleonor mientras se dejaba influenciar por los malos consejos de sus pequeñas muñecas. — ¿Muy bien? Y ¿Qué harás?— preguntó otra muñeca de repente mientras miraba con detenimiento a Eleonor. — Tomara la mejor decisión, ya lo verás — dijo otra de sus muñecas mientras miraban a Eleonor con emoción. Todas las muñecas se estaban dando cuenta que Eleonor tomaría la mejor decisión posible, al menos para ellas y eso les emocionaba y de gran manera. Los minutos pasaron y cada vez aquellas pequeñas muñecas se ponían más nerviosas por la incertidumbre de no saber que estaría podecidir su pequeña dueña. — ¡Muy bien!, He tomado mi decisión — dijo Eleonor mostrando una deslumbrante sonrisa. — ¿Qué decidiste?— preguntó una muñeca mientras miraba a Eleonor con atención esperando una respuesta, la respuesta que ellos querían. — Tienen mucha razón, la actitud de mi hermano mayo no ha sido muy buena hacia mi, siempre me trata mal y se burla por qué sigo jugando con muñecas, así que he decidido que los acompañará en esa espaciosa casita — dijo Eleonor con emoción. — Verás que tomaste la mejor decisión de todas, eres una pequeña muy sabía y eso se nota — dijo una muñeca intentado demostrarle a Eleonor que estaba a punto de hacer lo correcto. Las muñecas y Eleonor siguieron hablando mientras seguían diciendo sobre el plan y se reían de diversas cosas. Gustavo, el hermano de Eleonor iba pasando por casualidad a un lado de la puerta de la habitación de su hermana menor, pero no pudo evitar escu haré que aquella pequeña estaba hablando con alguien, lo cual se le hacía demasiado raro, así que sin que su hermana se diera cuenta, intento abrir la puerta, pero esto le fue imposible ya que está estaba con candado. Esto hizo que Gustavo se enojara y empezará a tocar la puerta con total intensidad. — ¡Abreme, no tienes permitido cerrar tu habitación con seguro!— dijo este chico muy enojado. Eleonor tragó saliva, estaba realmente asustada, pero no quería que su hermano se enojaraas, volteó a ver un poco a sus muñecas y está la alentaron para que abriera a lo que aquella pequeña asintio y con cuidado le quitó el seguro a su puerta y se hizo a un lado. — ¿Qué te pasa? ¿Con quién hablabas? — preguntó aquel chico muy enfadado. — Con nadie — se limito a decir Eleonor con mucho miedo. Gustavo la miro sin poder creerle y sin pensarlo más, busco por toda su habitación, hasta que su mirada se centro en algo, en la casita de muñecas de aquella chica. Eleonor lo miro asustada y se pocisiono enfrente de su casita de muñecas. — Por favor, no le hagas nada— suplico Eleonor. Gustavo solo soltó una gran carcajada y de un empujón quitó a Eleonor, Gustavo estaba por tomar la casita de muñecas, él esperaba destruirla, pero no contaba con que algo lo succionará, haciendo que aquel chico se convirtiera en un juguete más. Eleonor se paró un poco, aquella chica estaba confundida, no sabía que estaba haciendo en su habitación. — Oh, mi casa de muñecas, no la había visto desde hace mucho tiempo. La guardaré — dijo Eleonor de repente mientras la tomaba entre sus manos y la llevaba de nuevo al sótano. Gustavo empezó a gritar sin saber que era lo que le estaba pasando. — Solo te puedo decir que tendrás que pasar todo el tiempo en esta casita, acostumbrate — dijo de repente una muñeca con una gran sonrisa. Gustavo realmente estaba aterrorizado. Todos se habían olvidado de Gustavo y de la casita de muñecas, en la cual aquel joven había quedado atrapado por sus muy malas acciones y por ser tan malo con su pequeña hermana menor.
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