Akira y Mika no tuvieron luna de miel. Las responsabilidades que aún los ataban a la universidad por la sustentación de sus investigaciones para obtener la licenciatura fue el principal motivo. Habían perdido valioso tiempo con el tema de la supuesta paternidad de Akira y organizando la boda. Sin embargo, a ellos ese detalle no les importaba mientras pudieran pasar horas debajo de las sábanas, completamente desnudos, haciendo el amor en el dúplex que, por esos meses antes de viajar a los Estados Unidos, se convirtió en su hogar. Kaya y Osamu los acompañaban. La escolta y el chofer dejaron esos antiguos trabajos y ahora eran los asistentes personales de los esposos Müller-Sato. Kaya, como ya lo había hecho anteriormente, se encargaba de ayudar a Mika con su agenda, algo que a ella siempre

