Al llegar al edificio donde debían subir hasta el último piso, Yuriko se sostuvo del brazo de Bastian con firmeza, como queriendo tomar de su esposo la suficiente fortaleza para volver a ese lugar que había creído que no pisaría ni una vez más. Con un abrazo y un beso que dejó en la frente de Yuriko, Bastian le aseguraba que debía alejar sus miedos, que si estaban ahí era por su hijo, que debían defender lo que Akira había construido al lado de Mika. Ella, más tranquila por las palabras de su esposo, dio el primer paso hacia el ascensor del estacionamiento, ya que conocía muy bien el protocolo que debían seguir para llegar hasta el último piso donde se encontraban los dos dúplex de lujo que estaban conectados por una muy bien disimulada puerta.
Al abandonar el elevador, Yuriko caminó por inercia hacia la izquierda del corredor. Bastian la tomó del brazo y la jaló con suavidad hacia la derecha, hacia la otra puerta que ella nunca había usado. «Era de imaginar que no usaría el lugar que compartió conmigo para hacerlo con su familia», soltó Yuriko con una sonrisa llena de calma. Bastian acarició el rostro de su esposa, volvió a dejar otro beso sobre su frente y la guio hacia donde era la entrada correcta. La escolta de Mika fue quien abrió la puerta y les dio la bienvenida. Tras dejar su calzado y hacerse de unas sandalias, la pareja ingresó al apartamento. Yuriko pudo apreciar que ese lugar, aunque era un diseño espejo del dúplex donde vivió, era completamente distinto al que conocía, y todo por el ambiente hogareño que se sentía. «Se nota que Natsuki es su hogar, por eso, aunque este es un espacio en donde la familia de Kenji no vive regularmente, se siente muy íntimo y acogedor solo porque tiene el toque de ella», pensó la médica sonriendo, ya que le alegraba saber que su primer amor logró ser feliz, tanto como ella lo era al lado de su gigante de buen corazón.
- Los señores los esperan en el estudio –mencionó Kaya para que el Dr. Müller guiara a su esposa hacia ese espacio de la vivienda. Las puertas estaban abiertas de par en par, producto de la salida de la escolta hacia la entrada principal para dejar pasar a los recién llegados. Ella y el chofer también participarían de la plática, ya que fueron quienes vieron de cerca el desarrollo de la relación entre Akira y Mika.
Al ingresar al estudio, Yuriko pudo ver la distribución de las parejas. En una silla giratoria, la principal del escritorio, estaba sentado Kenji, a su lado Natsuki. En el sofá a la derecha del Director Sato estaba sentado Osamu, el chofer, y a su lado estaba el espacio que era para Kaya, la escolta. Al frente de los empleados, en otro sofá estaban Takeo y Midori, a quienes reconoció. Enfrente de los anfitriones había un sofá simple y una silla, los lugares que tomarían Bastian y ella.
Al ver que el médico alemán ingresaba con una bella mujer que no aparentaba estar en sus cuarentas al lucir muy jovial, Osamu dejó su asiento para hacer una reverencia de bienvenida. El brusco movimiento del chofer llamó la atención de Kenji, quien miraba hacia un costado para apreciar la privilegiada vista que le concedía el ser propietario del último piso de ese edificio. Al girar hacia la entrada del estudio, se topó con la mirada de Yuriko, una que pensó que nunca más volvería a tener enfrente. La médica observó fijamente al primer hombre a quien amó con locura; sí, esa era la palabra para describir lo que sintió por Kenji, ya que vivir un amor que se sabe bien que no tiene futuro, es una locura. Ella en verdad sintió alegría al volverlo a ver, pero una que no rozaba el deseo ni la pasión. Era el regocijo que se siente al reencontrarse con un amigo a quien no se le veía por un tiempo prolongado, demasiado para el gusto de quienes aprecian el sentimiento de amistad. Él no había cambiado casi nada, solo que ahora usaba los anteojos de manera permanente. Él, aunque no pudo mostrar su alegría al verla bien al lado de Bastian, quien la sostenía posando una de sus manos en la cintura de ella, se sentía complacido de verla después de tantos años.
- Por favor, pasen. Bienvenidos –soltó Natsuki con ese bonito y amable tono de voz que tenía, además que adornó sus palabras con una bonita sonrisa. Yuriko le sonrió y aceptó la amabilidad haciendo una pequeña reverencia. La que alguna vez fue la niña prometida de su primer amor lucía más bella de lo que ella la recordaba, y eso solo se debía a que, al lado de Kenji, la hija Nagata había sido muy feliz.
- ¡Vamos, Müller! No seas tímido. Qué va a pensar tu esposa. Tan grandote y miedoso. Ven, siéntate en el espacio que hemos preparado para ti y tu amada médica –soltó Takeo muy a su estilo. Midori lo miró con cara de pocos amigos; Natsuki sonreía algo sonrojada por las desubicadas palabras que su hermano decía con tanta facilidad; Osamu estaba pendiente por si había que ayudar al hijo Nagata ante el ataque del gigante alemán por su impertinencia. Kenji lucía tranquilo, con el semblante serio y apático de toda la vida.
- No sé si agradecerte o darte un buen golpe por hacerte el chistosito conmigo –respondió Bastian ante la bienvenida de Takeo.
- Pero ¿acaso no somos amigos? Mi sobrina será tu nuera, así que debemos llevarnos bien. Yo soy así de bromista, es cuestión de que te acostumbres a mi humor –lo que acababa de decir Takeo le pareció tan gracioso a Yuriko que no pudo evitar soltar una risita que tuvo que ocultar tapándose parte de la cara con sus manos.
- Lo siento, amor. Es que Nagata san es muy ocurrente. No me lo puedes negar –se excusó así Yuriko, a la par que tomaba del brazo a Bastian para dejar en él tiernas caricias que calmaron los ánimos del gigante alemán.
- ¡Ya ves! Hasta a tu esposa le agrado, no sé por qué a ti no –mencionó una vez más Takeo.
- Bueno, como sea. Creo que si estamos aquí es por un motivo más importante y que está relacionado a dos jovencitos que no deberían estar sufriendo por temas que no dependen de ellos –dijo Midori mirando molesta a su esposo, quien dejó la broma y se puso serio, como cuando hablaba de negocios.
- Gracias por regresar, Bastian, y traer contigo a Yuriko –dijo Kenji ni bien dejó su hermana de hablar-. Yuriko –ahora se dirigía a la médica-, gracias por haber venido –e hizo una reverencia que acompañó a sus palabras-. Han pasado muchos años desde la última vez que nos vimos y pudimos conversar.
- Así es, Kenji. Me alegra ver que pudiste alcanzar la felicidad al lado de Natsuki, así como yo obtuve la mía junto a Bastian –la mirada enamorada de la médica al contemplar a su esposo, quien tenía para ella una enorme sonrisa, reflejó la sinceridad que usó en sus palabras.
- Y ahora debemos despejar ciertas dudas para que nuestros hijos no se vean afectados por un pasado en común que tuvimos –añadió Kenji tomando de la mano a Natsuki, lo que le permitió sonreír. Yuriko se sorprendió tanto de verlo gesticular la felicidad que todos percibieron su asombro.
- Disculpen, es que nunca me imaginé a Kenji sonriendo, y verlo ahora hacerlo es fascinante, desde un punto de vista médico, obviamente –lo dicho por Yuriko hizo reír a todos los presentes en esa reunión, ya que tenía mucha razón sobre la curiosidad que puede despertar cuando se conoce al Director Sato.
- No se preocupe. Tantos años trabajando para Sato san y aún no supero la impresión que me da cuando lo veo sonreír –dijo de repente Osamu. Todos quedaron mirando al chofer con duda, ya que no se esperaron ese comentario por parte de él-. ¿Lo dije en voz alta? –preguntó Osamu a Kaya con un visible semblante que expresaba vergüenza-. ¡Mil disculpas, Sato San! No fue mi intención hacer un comentario al respecto –decía Osamu mientras ofrecía una reverencia de 90° grados a Kenji.
- No te alteres, Oikawa. Mañana te despiden y así ya no te vas a volver a impresionar –soltó de improviso Takeo, de una manera tan casual que hizo que el chofer terminara en el suelo, rogando por su empleo.
- ¡Por favor, Sato san! ¡No me despida! –suplicaba así el joven chofer.
- Nadie te va a despedir, Oikawa –dijo Natsuki antes de que Kenji pudiera responder-. Todo lo que tú e Ishida hicieron fue bajo mis órdenes, así que ustedes no dejarán de ser el chofer y la escolta de mi hija –Kenji giró la cabeza para mirar a Natsuki con la estoica expresión de siempre, aunque ella lo estaba tocando-. ¡Ay, Kenji! ¡No seas así! ¿No ves que le va a dar algo al pobre de Oikawa? –Natsuki sabía que su marido estaba bromeando, buscando asustar al joven chofer a quien apreciaba mucho desde que lo conoció gracias a la ayuda social que este recibió de sus hermanas mayores.
- Lo siento, Oikawa –dijo Kenji sonriendo-. Deja el suelo y siéntate en tu lugar –después de que el chofer hiciera lo que el Director Sato le pidió, comenzaron la conversación que los había reunido ahí.