Capítulo 11.2

1976 Palabras
Mientras madre e hijo permanecían abrazados, Mika empezaba a despertar. Los efectos del sedante hacían que ella se moviera lentamente y que no pudiera darse cuenta de dónde estaba. Ante la incertidumbre que empezó a poseerla, pronunció el único nombre que en ese momento le daba tranquilidad: «Akira». Al abrir los ojos, el joven mestizo vio a su amada luchando para dejar el sueño en que el fármaco la sumergió. Yuriko se alejó de la cama para permitirle a su hijo que se acerque a la hija Sato, quien, sin que ambos se lo esperaran, sonrió al ver a su amado. «Fascinante. Mika puede expresar sus emociones y sentimientos cuando Akira está cerca de ella, cuando la toca. Mi hijo causa en ella el mismo efecto que Natsuki en Kenji. Aunque soy médica y me rijo por el método científico, estoy segura que esto es obra de algo que va más allá de la ciencia y el entendimiento humano», se decía Yuriko mientras sonreía al ver a su hijo dibujando la sonrisa que Mika le entregaba al rozar las yemas de sus dedos sobre los labios de la jovencita. - ¡Por fin, amor! ¡Estas sonriendo! –decía Akira maravillado de ver una sonrisa dibujada en el bello rostro de su amada Mika. - Es por ti que puedo sonreír –el tono de voz de Mika no fue el de siempre, este tenía un matiz de alegría que era perceptible. - ¡Hasta tu voz se ha impregnado de tu alegría! –el joven Müller estaba tan feliz que empezó a reír a carcajadas, unas que contagiaron a Mika. Akira empezó a dejar besos por todo el rostro de la hija Sato; la emoción era tanta que olvidó que no estaba a solas con su enamorada. - Disculpen por interrumpir su alegría, pero creo que sería bueno que ausculte a la niña Mika –dijo Yuriko intentando sonar lo más apenada posible al estar cortando las expresiones de amor que se daban. - ¡Oh! Discúlpanos a nosotros, mamá –soltó Akira algo apenado. - ¿Tu mamá? –preguntó Mika con un notorio acento de sorpresa en la voz. - Hola, Mika. Soy Yuriko Inoue, la madre de Akira –dijo la médica ofreciéndole una sincera sonrisa a la hija Sato-. He venido para auscultarte y asegurarme de que todo está bien contigo. - Müller san, mucho gusto de conocerla –dijo Mika, recordando que legalmente Yuriko había tomado el apellido de Bastian, pero que en la práctica médica nunca dejó de ser la Dra. Inoue. - ¡Qué linda voz que tienes, Mika! –comentó alegre Yuriko, ya que la suave y aterciopelada voz de la hija Sato sonaba mucho más agradable por las inflexiones de voz que ahora sí podía ejecutar-. Gracias por llamarme Müller san. A mí me encanta ser Yuriko Müller, pero casi nadie me llama así, ¡ni siquiera yo misma lo hago! –nuera y suegra rieron por lo que la última comentó. - Entonces, ¿las dejo solas? O puedo quedarme durante la auscultación –preguntó Akira para dar pie a que su madre empiece a tratar a Mika y le confiese quién era en la vida de Kenji. - Mejor déjanos a solas. Yo te aviso cuándo puedes regresar a su lado –Yuriko sonreía tiernamente a su hijo, ya que esa oportunidad fue la primera vez que ella pudo observarlo demostrando su amor a una mujer, una que era muy especial, por quien entregaba todo y ayudaba a expresar físicamente sus emociones y sentimientos, capacidad con la que no nació, por lo que se podría decir que entre ellos había una magia que estaba fuera de la explicación humana. Al salir Akira de la habitación, Yuriko le pidió a Mika el abrir su blusa para auscultar el funcionamiento de sus pulmones y corazón con el estetoscopio. Por unos minutos estuvo la médica verificando que Mika no presentara ninguna anomalía por los segundos que estuvo sin respirar por el espasmo del sollozo. En ese breve tiempo, Yuriko se pudo percatar de cómo la joven iba perdiendo la posibilidad de gesticular sus emociones, por lo que de a pocos adoptó el semblante inexpresivo que ella conocía muy bien al haber tenido una relación de diez años con Kenji Sato. - El efecto de Akira en ti es mágico. Hace unos minutos que él se ha ido y tú vuelves a mostrar un semblante serio y estoico, como el que tu padre lucía siempre cuando tenía tu edad –soltó Yuriko sin percatarse que el incluir a Kenji en su comentario llamaría la atención de Mika. - ¿Usted conoció a mi padre tiempo atrás, Müller san? –ante la pregunta de Mika, Yuriko se dio cuenta del error que cometió. La médica no quería ser tan directa a la hora de confesarse, pero no le quedó de otra. - Mika, mientras dormías y Akira cuidaba de ti, los adultos hemos estado hablando sobre la relación que tú y mi hijo han mantenido a espaldas de Kenji y de mí, ya que mi esposo y tu madre sí sabían de ella –el rostro de la hija Sato estaba imperturbable, pero en su interior Mika estaba muy apenada y avergonzada con la madre de su enamorado-. Te adelanto que hemos llegado a un buen entendimiento y que tanto Kenji como yo pensamos que es bueno apoyar la relación que tienen, por lo que aceptamos que se amen –Mika de inmediato empezó a moverse de un lado a otro, como lo hacía ante Akira cuando se sentía muy feliz, gesto que a Yuriko la hizo sonreír porque entendió que era una forma que la jovencita había encontrado para expresar la alegría que sentía-; sin embargo, hay un punto que hemos visto que sería un problema en la cordial cercanía que entre nosotras debería haber por ser la enamorada y madre de Akira, y por eso es que estoy aquí, para hablar contigo –Mika dejó de moverse y fijó la mirada en Yuriko, atenta a lo que esta tenía que decirle. »Yo conocí a tu padre durante la cena de bienvenida que ofreció la Universidad de Tokio para los mejores ingresos de mi año. Yo fui el mejor ingreso de Medicina y el mejor puntaje a nivel general –Mika quiso interrumpir a Yuriko, pero esta no se lo permitió-. Por favor, Mika, escúchame, solo te pido que no me interrumpas, necesito contarte mi historia. »Esa noche que Kenji y yo nos conocimos, nació un sentimiento entre nosotros que llamamos amor. Mika, yo fui el primer amor de tu padre, la mujer que le confesó a tu madre sobre la relación que sostenía con Kenji cuando se desarrollaba la recepción de la boda de tus padres –Yuriko empezó a soltar lágrimas, pero la fuerza de su voz no decayó. »Sé que tú y tus hermanas tienen una percepción negativa de mí porque fui la causante del llanto de tu madre durante su boda y que el primer año de matrimonio tuviera que vivirlo como en una especie de competencia, ya que entre Kenji y Natsuki se dio un acuerdo en donde él le entregaba todo su tiempo libre durante ese primer año de casados, salvo por cuatro semanas que viajaba a Tokio para pasarlas conmigo –Yuriko estaba muy nerviosa porque no tenía ni idea de lo que Mika pensaba sobre lo que le estaba narrando-. Y ten por seguro que llevo años sintiendo un gran arrepentimiento por lo que hice al ser consciente del daño que le causaba, que fue contarle lo que tu padre y yo teníamos a espaldas de ella y toda Nagoya. »Sin embargo, no me arrepiento del amor que sentí alguna vez por Kenji porque ese sentimiento fue puro y sincero. Cuando nosotros empezamos nuestra relación, yo ignoraba lo del compromiso de matrimonio por el acuerdo entre familias que tus abuelos habían pactado, por lo que desconocía de la existencia de una prometida Nagata para el heredero Sato. Me entero de todo esto cuando faltaban unos días para el matrimonio entre tu padre y Megumi Nagata, el cual no se dio por la historia que imagino ya conoces –la de la huida de la hija mayor Nagata con el duque inglés James Egerton-. En ese momento, Kenji me explicó su plan para mantenerse casado solo por un año, para luego contraer nupcias conmigo, idea que acepté porque yo estaba en verdad enamorada de él y no tenía idea de que el amor verdadero es uno que no se vive en secreto, algo que era una necesidad para que el nuestro pueda sobrevivir. »Al proponerse otra prometida y tener que esperar unos años para la boda por lo joven que tu madre era en ese momento, Kenji y yo continuamos con nuestra relación. Ambos enrumbamos hacia los Estados Unidos para convertirnos en mejores profesionales, y durante ese tiempo vivimos juntos. Al regresar a j***n, ya no era posible que estuviéramos juntos a diario porque yo me quedé en Tokio y tu padre debía atender los asuntos del conglomerado en Nagoya. Esa distancia no fue la que nos separó. La distancia que marcó el fin de lo que nosotros tuvimos fue la que nuestros corazones pusieron al encontrar a otras personas que nos hacían bien, y que para amarlas no había tanto plan que hacer. Fue en ese momento que conocía a Bastian, mi esposo, el padre de Akira, y él me enseñó lo que un amor verdadero te da: amor incondicional ante la vista de todos porque es libre. Al enamorarme de mi esposo y ser correspondida, terminé formalmente la relación con Kenji, lo único que faltaba para que no estuviéramos ligado el uno al otro porque nuestros corazones hace mucho que ya no estaban unidos. »Mika, yo no soy una mala mujer. Yo nunca planeé hacerle daño a tu madre, pero cuando la vida me llevó a tener que contemplar el ingreso de tus padres a la carpa donde se realizaría la fiesta de la boda, supe que Kenji había dejado de ser para mí desde hace mucho, y eso me dolió. En su momento pensé que el dolor era porque Kenji me había engañado al decirme que yo era su amor, pero besaba a tu madre como si ella fuera su propia vida; años después me di cuenta que el llanto que solté mientras tus padres bailaban por primera vez como esposos, el cual se intensificó tras el beso que se dieron, fue porque me di cuenta que por muchos años estuve perdiendo mi tiempo con Kenji. »Yo debí terminar con la relación cuando me enteré lo del compromiso con Megumi Nagata. Si hacía eso me hubiera evitado muchos sinsabores, hasta este momento que ahora tengo contigo, que no se me es fácil de enfrentar, pero por el amor que le tengo a mi hijo lo estoy haciendo. Sin embargo, si mi decisión hubiera sido otra, quizás Akira no sería mi hijo porque no hubiera esperado por Bastian, hubiera podido rehacer mi vida con cualquier otro hombre, perdiéndome a ese ser tan único que es mi esposo, y solo por eso, porque no quiero cambiar mi presente, es que no me arrepiento de cómo se dieron las cosas. »Te pido que me des la oportunidad de conocerme, de que te armes una real percepción de quién en realidad soy. No sabes cuánto me duele el pensar que por mi culpa mi hijo no será feliz con quien nació para ser su hogar y vivir en su corazón. Por favor, Mika, no te quedes con el mal momento que le hice pasar a Natsuki como el único acto que he realizado en mi vida, te aseguro que tengo más para dar que ese desafortunado momento cuando estaba llena de dolor».
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR