Capítulo 7.2

1485 Palabras
- Ya tengo más de un año con Mika, papá. ¿Cuánto tiempo más debe pasar? - Pues, para tu madre recién tienes unos meses de relación con la muchacha que es tu enamorada –soltó Bastian tratando de que lo que acababa de decir no suene tan malo como en verdad era. - ¿Por qué pensaría eso? - Porque le dije que no quieres presentar a tu enamorada a la familia porque la muchacha con la que sales no es la misma de quien comentaste el año pasado –Bastian sonrió apenado a su hijo, ya que la cara de Akira mostró su desconcierto, tristeza y preocupación. - No debiste decirle eso, papá. - Tú no debiste decirle que no traías a la muchacha que es tu enamorada porque no estás seguro de querer que comparta con nosotros –ante lo dicho por su padre, Akira se dio cuenta que todo se estaba enredando por las mentiras que tanto él como su progenitor habían soltado para mantener a Yuriko ignorante de la relación que sostenía con Mika Sato. - Nos estamos enredando en nuestras propias mentiras, padre –dijo Akira, y Bastian asintió. - Por eso he pensado que es tiempo de que me reúna con Natsuki Sato –el joven Müller miraba curioso a su padre-. Creo que los padres que conocemos sobre esta relación debemos hacer fuerza para que los otros dos se enteren y acepten sin mayor problema el amor que ustedes se tienen. Si Natsuki Sato habla con tu madre y le asegura que Mika es libre de elegir cómo llevar su vida, Yuriko no tendrá problema en apoyar la relación. Y al ser tres padres de acuerdo con que tú y Mika se amen, a Kenji Sato no le va a quedar otra que aceptar lo que hay entre ustedes. - Tu idea me parece muy buena, pero no puede ser ahora cuando sostengas esa conversación con Natsuki san. Mika y yo estamos en un momento muy importante en nuestros estudios. Ella está a poco de terminar con el Programa de Economía y empezar el de Contabilidad, y yo estoy cerrando los cursos del segundo año para empezar en el próximo periodo, después de las vacaciones de verano, los del tercero. Ambos nos hemos puesto la meta de repetir los logros que nuestros padres alcanzaron: ella, estudiar los tres programas de la Facultad de Economía en cuatro años, y yo, hacer toda la carrera de Medicina en el mismo tiempo, y ahora estamos en una etapa un poco complicada por esos cursos adicionales que debemos llevar para cumplir nuestro objetivo, por lo que queremos estar tranquilos, que nada nos perturbe, y que tú estés yendo a encontrarte con Natsuki san, y luego conversen con mamá para que más tarde vayan a convencer a Kenji san, no nos va a dejar enfocarnos en nuestra meta. - Tienes razón. Pero ¿cuándo sería el mejor momento? - ¿Te parece cuando hayamos cumplido dos años de relación? Para ese entonces yo ya estaré a poco de terminar el tercer año de carrera y Mika habrá culminado el Programa de Economía y avanzando con el de Contabilidad. - De acuerdo, tenemos un trato –dijo Bastian y extendió la mano hacia su hijo. Akira apretó la mano de su padre y con eso cerraron el tema para no volverlo a hablar hasta que llegara el segundo aniversario de la relación que mantenía con Mika. En el caso de Mika, mantener fuera del conocimiento de su padre la relación que mantenía con Akira era más sencillo. Ayudaba mucho el que vivan en diferentes ciudades y que a ella no se le note que estaba ocultándole algo. Tener de su lado a Kaya y Osamu también favorecía que su padre siguiera ignorando que llevaba más de un año en una relación que le había servido para crecer en todo aspecto de la vida, ya que los informes de la escolta nunca mencionaban al joven mestizo. Y que su madre esté pendiente de cada paso que daba su padre para mantenerla informada si este debía viajar a Tokio por trabajo, lo que haría que llegue al dúplex para hospedarse, era crucial para evitar que Kenji se topara con Akira en el inmueble. Sin embargo, la felicidad que sentía al tener en su vida el amor de pareja era opacada porque no podía ser completamente sincera con su familia y compartir con ellos la alegría que retenía en el corazón. Tras terminar las vacaciones de verano, Mika regresó a Tokio, se reencontró con Akira -quien siempre se quedaba triste durante el mes de descanso estival- y juntos iniciaron un nuevo periodo en la universidad. Si bien es cierto que la joven pareja estaba muy ocupada avanzando en sus objetivos académicos, siempre se daban un espacio para estar juntos y a solas. Por seguridad de Mika usualmente tenían ese momento en que podían conversar de todo y de nada a la vez en el dúplex donde vivía la hija Sato. Kaya ya había entendido que Akira era de fiar, así que no era un problema el dejar a solas a la joven pareja, siempre y cuando no salieran del inmueble. La escolta y el chofer veían televisión en la sala de tv en el segundo piso del apartamento mientras Akira y Mika se servían helado con extra salsa de chocolate y dulce de leche. Ambos estaban obteniendo muy buenas calificaciones y alcanzando sus metas, por lo que ese viernes por la tarde, inicio del fin de semana, querían celebrar los buenos resultados obtenidos por esos días. - Mmmm, podría comer a diario este riquísimo helado –dijo Akira saboreando aún la última cucharada del postre mientras caminaba junto a Mika hacia la sala del apartamento. - Podrías enfermar si lo haces, y yo me preocuparía mucho –el comentario de Mika calentó el corazón del joven Müller. Ella aún no podía sonreír ni mostrarle con gestos lo que sentía por él, pero eran comentarios como ese los que le hacían sentirse amado por ella. - Por eso me cuido mucho siempre, al comer, al manejar, al cruzar la calle. No quiero terminar hospitalizado y perder tiempo de estar contigo, a tu lado –el brazo de Akira atrajo el cuerpo de Mika hacia el suyo, desapareciendo cualquier distancia entre ellos. El contacto físico entre los enamorados era cada día más frecuente e íntimo. - Gracias por pensar en mí durante todo tu día. Tú también estás en mi pensamiento todo el día, todos los días –Mika apoyó su cabeza sobre el pecho de Akira, a ella le gustaba escuchar el latido del corazón de su enamorado, aunque últimamente había empezado a fantasear con el pecho desnudo de este. - Eres mi mejor motivación para que mis días sean especiales y exitosos –Akira empezaba a acariciar el rostro de Mika con las yemas de los dedos, algo que hacía que su amada cerrara los ojos para profundizar en el placer que le causaba su toque. Que hiciera eso a él lo excitaba porque ella empezaba a dejarse llevar ante sus caricias-. ¿Te gusta lo que te hago sentir? –preguntó Akira susurrando muy cerca del oído de Mika. - Sí –la respuesta sonó estoica, pero en el fondo de su ser Mika era una maraña de emociones que estaban calentando su cuerpo. - A mí me gusta verte disfrutarlo –ante ese comentario de Akira, Mika abrió los ojos y se encontró con su sonrojado y sonriente enamorado. Ella sabía que con él podía hablar de cualquier tema y no sobrepasarían el límite que ella impondría, por lo que se atrevió a confesarle lo que su curiosidad la empujaba a querer conocer. - Akira kun, ¿me deseas? –la pregunta de Mika lo tomó por sorpresa. El joven Müller no sabía qué responder a su amada enamorada. Él la deseaba, mucho, pero no sabía si hacía bien en decirle la verdad, ya que era difícil de leer por dónde iban los pensamientos de ella, y Akira no quería que su verdad estropeara lo que hasta ese momento habían logrado juntos. - Mika chan, se me haría más fácil responder tu pregunta si primero me dices qué es lo que te hago sentir cuando te toco –el nerviosismo de Akira era palpable con ese comentario. Mika se dio cuenta que el pedido de su enamorado radicaba en el hecho de que él sí estaba teniendo pensamientos pecaminosos que incluían a ella desnuda y una cama, pero que dudaba en confesarlos porque no sabía si ella lo tomaría a mal. No obstante, a Mika le gustó el darse cuenta que Akira ya la deseaba. Ella empezaba a dejar de ser tan inocente y tímida como iba avanzando el tiempo y su curiosidad por conocer a detalle el cuerpo de su amado enamorado crecía.
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