Al llegar al jardín posterior, los invitados parecían niños al ir apurados a tomar sus asientos para que los novios ingresen entre vítores y aplausos. Los abuelos de los novios, quienes la mayoría pasaban los ochenta años, reían divertidos al ver cómo los más jóvenes disfrutaban el momento, el cual, al ser tan íntimo porque solo involucraba a la familia y amigos más cercanos, permitía que pudieran dejar a un lado el protocolo y ser libres de expresar la felicidad que sentían por los queridos Akira y Mika. La pareja ingresó tomada de la mano a la carpa donde sus invitados los esperaban. Todos aplaudían y vitoreaban tan fuerte que parecía que acababa de hacer su ingreso una estrella de rock. Los jóvenes recién casados se acercaron al micrófono, agradecieron la presencia de todos y pidieron

