Tras cumplir los dieciocho años, Akira recibió el auto que sus padres le prometieron. El jovencito estaba tan feliz por ese regalo, pero el detalle que le entregaron y le hizo sumamente feliz vino de Mika. Akira estaba sentado en unos de los sofás de la sala del dúplex de Los Sato, con los ojos cerrados a solicitud de su amada enamorada, cuando ella le enseñó lo que había preparado para él con sus propias manos. La hija Sato había tejido para su enamorado un lindo amigurimi –muñeco hecho con la técnica de tejido a crochet o ganchillo, y cuya tendencia proviene del j***n-, que era una versión de Akira médico hecho muñeco. Los detalles en el amigurumi eran tan precisos y el acabado de primera que el joven Müller estaba gratamente asombrado por la habilidad de Mika.
- Cuando tengas tu consultorio podrás lucir la versión amigurumi de ti mismo –decía Mika mientras Akira sonreía muy contento observando a detalle el regalo de su novia.
- Esto te ha debido tomar mucho tiempo y esfuerzo –dijo Akira preguntándose en qué momento tejía si estaban juntos durante su tiempo libre.
- No tanto. Soy buena con las manualidades. Además, que me esforcé mucho porque era un regalo para ti –esa respuesta por parte de Mika enamoró más a Akira, quien se acercó tanto a ella que invadió su espacio vital.
- Gracias. Es un detalle único y me ha encantado. Lo voy a atesorar y mantener a salvo hasta que tenga mi propio consultorio y pueda mostrarlo con orgullo a mis pacientes –Akira rodeó la cintura de Mika con uno de sus brazos, mientras que subía el otro para acariciar el rostro de su bella enamorada con las yemas de sus dedos-. Les diré muy feliz que ese detalle lo tejió mi esposa para mí cuando apenas éramos enamorados –escucharlo decir que ella sería su esposa la puso tan feliz que, al igual como sucedió en el parque donde él le confesó su amor, empezó a moverse sobre su sitio como si bailara. Esa fue la excusa perfecta para que Akira la abrazara y empezara a bailar con ella, ya que entendió que esa era una manera que Mika tenía para expresar su alegría.
- ¿Algún día seré tu esposa, Akira kun? –preguntó Mika mientras danzaba junto a su amado.
- Así es. Yo quiero todo contigo, Mika chan, y parte de ello es que seas mi esposa, que juntos seamos el pilar de una familia –Mika lo abrazó más fuerte tras escuchar el vaticinio que hiciera.
- ¿Cómo puedes estar tan seguro si apenas tenemos un poco más de dos meses juntos? –preguntó Mika mientras escondía su cara en el pecho de Akira.
- Mika chan, no sé cómo explicarlo, pero desde que te vi sentí que eres la mujer con quien quiero compartir mi vida, por ello no he necesitado de más tiempo para confirmar esa corazonada que tuve en la cena de bienvenida. ¿O tu pregunta es porque dudas de que yo sea el hombre de tu vida? –Akira se detuvo de golpe porque quería que nada lo distrajera en el momento en que Mika daría su respuesta.
- No, Akira kun. Yo también estoy segura de que tú eres a quien yo quiero a mi lado por el resto de esta vida y las que siguen después.
Hasta ese momento ellos no se habían dado un beso, esperando que se dé la oportunidad que perdure en la memoria como un recuerdo mágico. Akira se separó ligeramente de ella, ya que quería ver su hermosa cara. Con sumo cuidado él empezó a acariciar cada detalle del rostro de Mika con sus dedos. La jovencita cerró los ojos ante las caricias que sentía y despertaban en ella la necesidad de hacerle saber que con eso estaba logrando que algo más íntimo avivara. Akira la miraba maravillado, deseando besarla, pero se contenía porque no quería hacer algo que la incomodara. Al no sentir su proximidad, Mika abrió los ojos y soltaría las palabras que el joven Müller necesitaba para decidirse: «No dudes, Akira kun, que todo lo que decidas con el corazón lo aceptaré encantada».
Su corazón fue el primero que se dio cuenta que ella sería su persona favorita, y en ese momento el corazón le decía que la bese. Con suma delicadeza atrapó la cabeza de Mika entre sus manos y tomó uno de los labios de ella entre los suyos. Ligeros movimientos eran los que acariciaban los labios de la hija Sato e hicieron que ella apretara sus manos contra la espalda de Akira. Esa respuesta con alta tensión s****l le gustó al joven Müller. Tras unos segundos permitiéndole a su enamorado que sea quien lleve el control de la situación, Mika reaccionó y empezó a devolverle el beso a Akira. A él lo enloqueció sentir el movimiento de los labios de su enamorada atrapando los suyos. Él acababa de enseñarle a besar, y ella no lo había defraudado, era una buena alumna hasta para esos detalles de la vida. El primer beso que se dieron no lo olvidarían nunca, en especial Akira porque fue en el día de su cumpleaños, y fue ese regalo el que opacó la alegría que le dieron sus padres al entregarle un auto como obsequio.
A finales de junio Mika recibió la llamada que anunciaba el nacimiento de su hermano Yori. Le pidió a su padre que enviara alguno de los aviones que el conglomerado tenía a disposición para los temas de negocios y familiares, pero en ese momento ninguno estaba disponible. La joven acababa de cortar la llamada con su padre cuando Akira llegó a su encuentro en una de las cafeterías del campus. Ella había aprendido que a Akira podía contarle todo, por lo que no dudó en decirle que le molestaba y entristecía mucho el no estar al lado de su madre cuando su hermano menor estaba naciendo. La familia de Akira no tenía un avión que ofrecerle, y la verdad es que tampoco se atrevía a proponerle ir en su auto porque aún no confiaba al 100 % en su capacidad de manejo, por lo que no llevaba a Mika en su vehículo porque no quería ponerla en peligro.
La idea de viajar en el Shinkansen –tren bala- se le ocurrió porque sus padres eran amigos muy cercanos del gerente general de la empresa que maneja la red más grande de trenes en j***n, y conseguir boletos para abordar uno que llegue hasta Nagoya en el servicio rápido –que se desplaza a 320 km/h y con mínimas paradas, a diferencia del servicio semirrápido y local- no resultaría tan complicado. Akira comentó su idea con Mika y esta la aceptó. Mientras el joven Müller se comunicaba con su padre para conseguir los boletos, Mika se comunicó con Kaya, quien estaba a unos cien metros de ella observando la escena junto a Osamu.
- Mamá está en trabajo de parto y yo no pudo quedarme en Tokio y perderme el nacimiento de mi hermano –decía Mika a Kaya, quien activó el altavoz para que el chofer pudiera escuchar lo que la hija Sato tenía que decir-. Akira está consiguiendo los boletos para viajar en el Shinkansen hasta Nagoya. No necesito llevar conmigo nada porque en la gran casa tengo todo lo que requiero. Así que solo es cuestión de que Akira haga una pequeña maleta porque él me acompañará.
- ¿Y dónde se va a hospedar Akira san? –preguntó Kaya muy tranquila.
- Buena pregunta –Mika hizo silencio mientras pensaba en una opción-. Al llegar le pediré a mi abuelo Yori que lo aloje en la Mansión Nagata –dijo Mika tratando de encontrar la solución de manera rápida.
- Disculpe que me entrometa, Mika san, pero eso no es conveniente. Su madre ha sido muy específica de que nadie de la familia sepa sobre Akira san para que no se cometa la infidencia de revelar la relación sentimental que usted oculta a su padre –lo dicho por Osamu le hizo ver el error en que caería si hablaba del tema con su abuelo.
- Además, nosotros no podemos dejarla ir sola con Akira san. Nuestro trabajo es estar a su lado, así que dígale que también consiga boletos para Oikawa y para mí –soltó Kaya mirando al chofer, quien asintió conforme con lo mencionado por la escolta-. Nosotros tampoco necesitamos hacer maletas para ir a Nagoya.
- Y Akira san se puede quedar conmigo, en mi apartamento. No es un espacio muy amplio, pero al menos está limpio y es acogedor –ofreció Osamu.
- Gracias a ambos por cuidarme y ayudarme siempre –dijo Mika, y aunque su voz sonó fría y nada amorosa, la escolta y el chofer igual sintieron el aprecio que la hija Sato sentía por ellos.
Mika iba en el auto blindado con Osamu y Kaya siguiendo a Akira hacia la casa Müller-Inoue. El joven enamorado dejaría su vehículo y prepararía una pequeña maleta para el imprevisto viaje que haría al lado de su amada y los encargados del cuidado y protección de la joven. Cuando ya tenía lista la maleta, recibió el mensaje de su padre donde le enviaba los cuatro boletos que necesitaban para tomar el Tokaido Shinkansen, el que cubría la ruta de Tokio hacia Nagoya. Los cuatro llegaron a la estación de trenes, y tras pagar el parqueo del vehículo blindado por tres días, subieron al tren correspondiente. Una hora y cuarenta y seis minutos después llegaron a su destino.
Los cuatro se dirigieron al apartamento de Osamu, y ahí dejaron a Akira, ya que nadie debía verlo cerca de Mika. Luego la hija Sato junto a su escolta y chofer tomaron un taxi hacia el hospital donde habían internado a Natsuki. Cuando la jovencita apareció en el corredor donde estaba la habitación de su madre en el nosocomio, Kenji y Yori, su padre y abuelo materno, se sorprendieron al verla.