Capítulo 5.3

2134 Palabras
- ¡Mi niña hermosa! ¿Qué haces aquí? –expresó Yori muy sorprendido de ver a la princesa mayor de su princesa menor. - Hola, ojii chan. Vine para estar con mamá y con el pequeño Yori –la voz de Mika era lineal, sin demostrar interés alguno, pero toda su familia conocía su bello corazón, y por eso Yori escuchaba esas palabras de su nieta impregnadas de un especial sentimiento. La jovencita ofreció una reverencia al viejo Nagata y dejó un beso en la frente de este. - Es bueno verte, hija –decía Kenji mientras dejaba su asiento y se acercaba a Mika para posar un beso sobre la frente de su hija mayor. - ¿Cómo han llegado? –preguntó Yori mirando detrás de Mika, encontrando a Kaya y Osamu, quienes saludaron con una reverencia de 90° grados. - Usamos el Tokaido Shinkansen –dijo Mika, esperando que no le pregunten más porque, aunque no mostraba que lo estaba haciendo, no le gustaba decir mentiras. - ¿Con toda esa gente que frecuentemente lo usa? –preguntó asombrado Yori. - Sí. Uno de los compañeros de Mika san es familiar del gerente general de la empresa que gestiona el servicio de trenes, y pudo conseguirnos tres boletos en servicio rápido y en un vagón exclusivo –respondió Kaya para evitar que Mika tuviera que mentir. Hasta en esas cosas la escolta cuidaba y protegía a la hija Sato. - ¿Y eres cercana a ese compañero? –preguntó Kenji de inmediato. - Yuzu es buena conmigo y yo le ayudo a estudiar, por eso me hizo el favor –la respuesta de Mika no era por completo una mentira. Yuzu existía y era una compañera a la que le ayudaba a estudiar, pero no estaba relacionada con el gerente general de la empresa que gestiona los trenes en j***n. - Me alegra que estés haciendo amistades, mi niña –dijo Yori sonriéndole a Mika-. Imagino que quieres ver a tu madre, ya que a eso has venido. Entra a la habitación. Espero que Natsuki no te eche como acaba de hacer con nosotros. Dice que en vez de ayudarla la ponemos más nerviosa –comentó Yori con preocupación y algo de tristeza en su semblante. - Ojii chan, mamá te ama, solo necesita concentrarse para hacer bien su trabajo de parto, eso es todo –consoló así Mika a su abuelo, quien le sonrió y besó una de las manos de su querida nieta. Kenji abrió la puerta de la habitación, y de inmediato se escuchó un: «¡Ya les he dicho que no los quiero aquí!», por parte de Natsuki. Si Mika pudiera sonreír, lo hubiera hecho. Ella se preguntaba qué habrían hecho mal su padre y abuelo para que su madre los echara. Al pasar el umbral de la puerta e ingresar a la habitación, esta se cerró detrás de ella. Natsuki –quien tenía una almohada en sus manos, lista para lanzarla con todas sus fuerzas- cambió su semblante de ira por uno de alegría al ver la figura de su hija mayor. - ¡Mika, mi princesa mayor! Ven, mi hermosa hija, acércate a mamá –decía Natsuki mientras hacía gestos con las manos para que la hija Sato se sentara a su lado. - Primero deja esa almohada –dijo Mika tras recordar que su madre tenía muy buena puntería y era más fuerte de lo que aparentaba. - A ti no te haría daño, mi cielito de otoño –Natsuki la llamaba así de cariño porque Mika nació una tarde de otoño, a finales del mes de octubre-. La almohada era para tu padre o tu abuelo. Imagínate que me estaban indicando cómo debía hacer para dilatar más rápido y que el pequeño Yori nazca de una vez. Cómo si no hubiera parido cuatro niñas, ¡cuatro niñas!, antes que a mi príncipe azul –decía Natsuki de una manera entre colérica y bromista que a Mika le hizo gracia, pero no pudo mostrarle a su madre lo que sus palabras le hicieron sentir. - Sé que es tonto preguntar esto, pero dada mi ignorancia en la materia igual lo haré: ¿cómo te sientes? –Natsuki rio por la explicación que dio su hija antes de emitir la pregunta. - Cansada. No es lo mismo parir a los veinte años que a puertas de cumplir treinta y ocho –dijo la madre Sato sonriéndole a su hija, quien había empezado a acariciar las piernas de Natsuki, tratando de quitar el peso del cansancio de ellas. Natsuki sudaba mucho al tratar de controlar el dolor de las contracciones y superar el cansancio al no haber podido dormir bien durante las dos últimas semanas. Su vientre era enorme, mucho más grande que los otros cuatro embarazos, por lo que en ese momento estaba muy adolorida y de muy mal humor. Sin embargo, la presencia de Mika la animó, por lo que estaban conversando sin mayores contratiempos.-. Cuando te cases con Akira, traten de tener sus hijos lo más pronto posible, así no sufrirás todo lo que estoy padeciendo. - ¿Por qué supones que me casaré con Akira? –el comentario de su madre le encantó a Mika, pero ella quiso saber lo que Natsuki pensaba sobre su relación con el joven Müller. - Porque la vez que me explicaste lo que te llevó a aceptar ser su enamorada me hizo entender que, si no es con él, la idea de ser esposa y madre no será con nadie más –Natsuki ofrecía una mirada tierna a su hija, a la que imaginaba toda apenada y muy sonrojada si pudiera manifestar sus emociones-. Él es un buen chico, se merece que lo ames y que sean muy felices. - Mamá, te voy a contar algo, pero no te alteres –el simple hecho que Mika pidiera eso hizo que Natsuki empezara a preocuparse-. A quien se le ocurrió la idea de viajar a Nagoya en el Tokaido Shinkansen fue a Akira. Su padre nos consiguió los cuatro boletos. - ¿Cuatro boletos? Pero si tú, Kaya san y Osamu san son tres… -la voz de Natsuki se fue apagando al darse cuenta quién usó el cuarto boleto-. ¿Akira ha venido con ustedes a Nagoya? –preguntó susurrando Natsuki, lo que Mika confirmó con un movimiento afirmativo de su cabeza. - Ahora está en el apartamento de Osamu san, esperando que él llegue para salir a pasear por la ciudad y, en algún momento, encontrarse conmigo. - Yo pensé que había venido para conocerme y ver a mi pequeño Yori –dijo Natsuki haciendo un puchero de lamentación que la hizo ver muy graciosa. - ¿Podría venir a verte, mamá? –preguntó Mika. Ella estaba muy sorprendida por el comentario de Natsuki. - ¡Claro! Solo es cuestión de deshacernos de tu padre, abuelo y todo aquel otro m*****o de la familia que venga a verme –la sonrisa pícara de Natsuki haría que cualquiera empezara a reír a carcajadas, pero Mika no podía, así que nadie se enteró que madre e hija tramaban algo-. Mika, creo que vamos a pensar cómo haremos para que Akira ingrese al hospital y me conozca después de que nazca tu hermano porque ya tengo ganas de pujar –la cara de Natsuki se desfiguró al tener que apretar cada uno de sus músculos para tener que aguantar las ganas de pujar, ya que estaba en la habitación, sin ningún médico ni enfermera que la auxilie, solo con su inexperta hija que no sabía absolutamente nada sobre trabajo de parto. - ¿Qué hago? –preguntó Mika parándose de un salto. - ¡Llama a los médicos! ¡Tu hermano ya nace! Mika salió corriendo de la habitación gritando: «El pequeño Yori ya viene», y paró cuando se topó con una enfermera que dio la alerta para llevar de inmediato a Natsuki a la sala de operaciones, ya que, por su edad, si se presentaba algún inconveniente, procederían a una cesárea. Kenji ingresó a la habitación, olvidando que su esposa lo había echado. Se acercó a ella y tomó su mano. Natsuki miró a su esposo y le sonrió mientras su cuerpo se relajaba al haber acabado, por ese momento, la fuerte contracción que buscaba expulsar al bebé del cuerpo de la madre. Cuando una nueva empezó, Kenji le pidió que apretara con fuerza su mano, así tendría algo en que enfocarse y que el incómodo momento pase rápido. La ginecóloga entró a la habitación junto con la obstetra y una enfermera, quienes con ayuda de Kenji empujaron la cama médica hasta el ascensor que los llevaría al piso de cirugía. El esposo fue el único familiar que ingresó a la sala de operaciones, quedando Yori, Mika, Kaya y Osamu esperando a las afueras de la habitación por noticias. Media hora después, Kenji apareció con una enorme sonrisa en el rostro. Para todos fue una sorpresa verlo sonreír sin Natsuki a su lado para que canalizara la emoción que en ese momento sentía y pudiera así manifestarla en su rostro y cuerpo, sin embargo, la inmensa felicidad que significa la llegada de un hijo, hizo que nuevamente el Director Sato pueda expresar su alegría sin necesidad de tener a su esposa tomándole la mano. Minutos después vieron salir a Natsuki del elevador junto a unas enfermeras que movilizaban la cama. Ella sonreía feliz porque pudo traer a este mundo a su hijo varón de la misma manera que lo hizo con sus cuatro hijas. Las lágrimas que se veían caer por sus mejillas eran de felicidad, y al ver a Kenji sonriéndole, el llanto de alegría aumentó. Cuando estuvo acomodada en su habitación le pidió a su esposo que se acerque a ella, quería abrazarlo. Ambos habían estado muy tensos porque ya no eran unos jovencitos -en especial Kenji que bordeaba los cuarenta y ocho años- que iban a ser padres, por lo que habían estado discutiendo durante las últimas semanas -más Natsuki que Kenji-, así que ese abrazo significaba que la paz volvía a la pareja, a la familia, al hogar. Cuando Kenji soltó a su esposa, Yori empujó suavemente a su yerno para sacarlo del camino y abrazar a su hija. Desde que la amada madre Mika Nagata había fallecido, hace veintitrés años atrás, Yori se tomó muy en serio la representación de su esposa en todo acto familiar, por lo que estuvo presente en los cinco partos de Natsuki, apoyándola como su madre lo hubiera hecho. La alegría de Yori era inmensa porque no solo había nacido un nieto más, era el nieto varón que llevaría su nombre, pero con el apellido de la otra familia que era pilar del Conglomerado Sa-Na. «Ahora sí me puedo morir en paz. No solo dejo en este mundo a una Mika Sato –y miró con ternura a su nieta-, sino que cedo la posta a un nuevo Yori, un Yori Sato, que sé que será mucho mejor que yo, y eso me hace muy feliz», dijo el anciano padre Nagata para luego romper en llanto, uno que era de felicidad. Al comprobar la ginecóloga y la obstetra que Natsuki se encontraba bien, dieron la orden de que el bebé fuera trasladado a la habitación para que la madre lo alimente. Al ingresar la enfermera con el niño, Kenji se acercó a ellos y tomó en brazos a su hijo. El Director Sato sonreía feliz al ver esa nueva vida que provenía de él y de su amada esposa, una prolongación de ellos en este universo, donde nada se destruye, todo se transforma, por lo que estaba seguro que, al morir, su esencia no desaparecería de este plano por completo por quedar algo de ella en cada uno de sus cinco hijos. Deseando mentalmente que todo en la vida de su hijo sea dicha y felicidad, como lo había hecho con sus cuatro hijas, Kenji caminaba lento hacia Natsuki para entregarle a su bebé. Kenji posó al recién nacido en los brazos de la emocionada madre. Natsuki empezó a destapar a su hijo para revisarlo, para cerciorarse de que estuviera completo, preocupación que tiene toda madre al nacer su bebé. Tras confirmar que todo estaba bien, pidió a Kenji que la ayude a abrir su bata para alimentar con su leche materna por primera vez al pequeño Yori. El niño atrapó de inmediato el pezón de la madre, y por instinto empezó a succionar el alimento que sabiamente el cuerpo de ella producía exclusivamente para él. En ese momento, Natsuki pudo relajar todo su cuerpo, cerrar los ojos y gozar de la satisfacción por haber logrado el objetivo de tener entre sus brazos a su hijo.
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