Esa tarde desfiló por la habitación de Natsuki en el hospital toda la familia que se encontraba en Nagoya para dar la bienvenida al pequeño Yori y felicitar a los orgullosos padres, quienes por fin tenían un hijo varón. Los regalos y las flores para el recién nacido y la madre empezaron a inundar la habitación, haciéndose necesario que Osamu y Kaya ayuden llevando a la gran casa esos detalles de felicidad. Mika aprovechó la visita del resto de la familia para saludar a sus abuelos Sato, tíos, primos y hermanas, a quienes había extrañado en demasía. Esa tarde se hizo imposible que Akira saliera del apartamento, por lo que Mika pidió a su padre que su escolta y chofer pudieran retirarse temprano a descansar, ya que ella no los necesitaba. Kenji aceptó el pedido de su hija, el cual fue hecho pensando en Akira, para que no estuviera más tiempo solo y encerrado en el apartamento de Osamu.
La hija Sato partió a la gran casa con su padre y hermanas, luego Kenji regresaría al hospital para pasar la noche al lado de Natsuki y el pequeño Yori. Kaya y Osamu tomaron el primer taxi que encontraron y se alejaron del hospital. Akira se la había pasado recostado en el único sofá que había en ese pequeño apartamento, esperando recibir la llamada de Mika o de alguno de los cuidadores de ella. Al empezar a tener hambre, buscó en las alacenas y refrigerador de la pequeña cocina, pero no encontró nada, y era de esperarse, el chofer llevaba meses fuera de Nagoya, por lo que no había comida en ese lugar. Al ver un listado de teléfonos en los que podía pedir comida, marcó el número de un restaurante que vendían pollo frito al estilo estadounidense e hizo un enorme pedido pensando que quede algo de pollo para más tarde y el desayuno, puesto que el joven Müller pensaba que no era buena idea que lo vieran haciendo compras en un supermercado. Mientras comía sonó el timbre de su celular avisando el ingreso de una llamada de Bastian, quien empezaba a preocuparse porque nunca recibió la llamada de su hijo mayor avisándole que había llegado con bien a Nagoya.
- Disculpa, papá, se me olvidó llamarte –se disculpaba Akira mientras devoraba el pollo frito que por el hambre sentía muy delicioso.
- ¿El hambre te hizo perder la memoria? –bromeaba Bastian con su hijo, quien, por la edad, el tamaño y la cantidad de calorías que gastaba a diario, comía por tres.
- En verdad fue la preocupación porque nadie me vea al lado de Mika cuando llegamos a la estación y luego el permanecer solo en el pequeño apartamento de Osamu san –Akira enfatizó en la palabra “pequeño”, ya que su habitación en la casa Müller-Inoue era un poco más grande que todo el espacio que era del chofer.
- El espacio de vivienda en j***n es caro porque somos muchos viviendo en un conjunto de islas, por tal motivo hay personas que solo pueden acceder al tipo de pequeños apartamentos como el de Osamu san: en una sola pieza tiene la cocina, la sala, el comedor, la habitación, y por otra puerta está el baño y la lavandería. Esa es una realidad que, por el esfuerzo y trabajo de tu madre y el mío, tú y tu hermano no conocen, pero que existe –aprovechó Bastian la oportunidad para impartir una lección a su joven hijo.
- Ahora que he podido verlo, valoro más a las personas que viviendo en lugares tan pequeños siguen avanzando, esforzándose por salir adelante y mejorar la calidad de sus vidas –mencionó Akira reflexionando sobre el hecho de que en j***n la gran mayoría de jóvenes trabajadores como Osamu viven en espacios muy reducidos, ya que son los únicos que pueden pagar.
- Así es, por eso valora lo que te ofrece Osamu san, quien lo hace de corazón, para ayudar a Mika y a ti –agregó Bastian.
- La verdad es que el espacio es reducido, pero está limpio, bien decorado y es acogedor. Hasta le encuentro un toque romántico –mencionó Akira, y se sonrojó al imaginarse que estaba junto a Mika en ese pequeño apartamento, cenando a la luz de unas velas, compartiendo besos y caricias que los llevaban a algo más.
- Te recomiendo que Mika no ingrese a ese apartamento. No vaya a ser que sucumbas a la tentación –Bastian sabía que Akira no le propondría a la hija Sato intimar sexualmente cuando apenas llevaban casi tres meses como enamorados, pero igual lo mencionaba, con un tono de broma, para que su hijo no lo olvide.
- No, papá, a Mika chan la quiero bien, y lo que te imaginas sucederá cuando ella y yo estemos preparados, seamos más maduros y podamos gozar en igualdad de condiciones –Bastian sonreía por la respuesta tan segura que le entregaba su hijo, algo que lo animaba a darle más libertad de la que ya tenía.
- Me alegro que pienses así, hijo. Entonces, te pasarás estos tres días y dos noches encerrado en el apartamento de Osamu –comentó Bastian lamentando que su hijo no pueda aprovechar el repentino viaje de fin de semana para disfrutar de la ciudad de Nagoya, como a él le sucedió cuando, junto con Yuriko, viajó a esa ciudad para representar al Hospital de la Universidad de Tokio en la boda de la hija de una importante familia benefactora de las investigaciones y labor social del nosocomio, y al descubrir que era la boda de Kenji con su prometida en matrimonio por años, así como que su colega japonesa le había ocultado la clase de relación oculta que siempre tuvo con el heredero de Los Sato, simplemente no era adecuado el hacer turismo en esa oportunidad.
- Y sin ver a Mika, lo más trágico de todo este asunto –recalcó Akira soltando un suspiro porque a él le gustaría poder verse con su amada enamorada y conocer algo de la ciudad donde ella creció.
- Bueno, te dejo comer tranquilo. Espero que hayas comprado suficiente pollo para que Osamu san también coma algo –volvió a bromear Bastian, y Akira rio a carcajadas.
Cuando el joven Müller acabó de comer y empezaba a limpiar la mesa del pequeño comedor, el sonido de unas llaves abriendo la puerta del apartamento llamó su atención. Era Osamu, quien traía unas bolsas de compras. Al ver la cantidad de pollo frito que había sobre la mesa y la cantidad de productos para preparar una deliciosa comida, ambos jóvenes se miraron y empezaron a reír. El chofer le comentó a Akira que Mika le pidió abastecer la alacena y refrigerador para que pueda tener una deliciosa cena y un mejor desayuno la siguiente mañana.
- Pero yo no soy muy bueno en la cocina, así que el deseo de Mika chan no lo podría hacer realidad –mencionó Akira un poco abatido.
- ¿Y quién dijo que serías quien cocine esa deliciosa cena y mejor desayuno? –preguntó Osamu sonriendo. El chofer era muy bueno en la cocina, solo que no había tenido la oportunidad de dedicarse a ello porque el único que se atrevió a darle trabajo y una chance para salir de esa mala vida fue Kenji Sato, y él no tenía un restaurante en donde el joven Oikawa pudiera trabajar. Ser chofer fue lo único que se le ocurrió a Kenji que Osamu podría hacer al no contar con mayor instrucción en alguna carrera profesional.
- No tienes pinta de ser un gran chef, Osamu san –dijo Akira sonriendo al bromear con el chofer.
- Con el traje no, pero si me quito el saco, me remango la camisa y me coloco mi delantal, ahí cambia la cosa –a Osamu le caía muy bien Akira, por lo que gustaba bromear con el amado de la hija Sato.
- Yo ya comí pollo frito, es que desde el desayuno que no probaba bocado, y he comprado tanto como para guardar para el desayuno –Akira tomaba con cada mano los barriles de pollo frito que había comprado.
- Bueno, yo muero de hambre, y si nos trasnochamos jugando en línea, fácil nos acabamos el pollo, y mañana ya preparo el desayuno decente y nutritivo que Mika san pensó para ti.