Capítulo 4.2

1779 Palabras
Tras cenar algo ligero con su familia y desearles buenas noches, Akira fue a su habitación para hacer lo que se convertiría en su pasatiempo favorito: llamar a Mika para entablar conversación con ella. Al segundo timbre, la hija Sato respondió la llamada de su ahora enamorado. Ella estaba nerviosa mientras hablaban, ya que era la primera vez que conocía a alguien que le cayera bien como para ser su amigo, y que a la vez sea una persona tan auténtica y única que en ella nació el amor. «Y yo que no quería ir a la cena de bienvenida», pensaba Mika mientras escuchaba a Akira hablarle con cariño y ternura, usando palabras bonitas y dulces que hacían que su autoestima se vaya fortaleciendo. Aunque la voz de Mika fue muy lineal y no expresaba ningún tipo de emoción o sentimiento, las delicadas y amorosas palabras que utilizaba hacían que Akira se sintiera como si fuera el único hombre en La Tierra. Esa sensación de ser especial para ella lo hacía suspirar por lo encantado que estaba. Por un momento pensó si era normal que un muchacho de su edad tuviera un concepto tan alturado de la respuesta que debía dar ante el interés que una jovencita despertó en él, ya que los pocos buenos amigos que tenía y sus compañeros de escuela estaban más pendientes de la experiencia s****l que podrían ganar al participar en una relación que disfrutar el gozo de hacer sentir a la otra persona que hay alguien que la aprecia, que la quiere, que la ama, y que está ahí para compartir con ella toda experiencia, por más buena o mala que sea, pero siempre juntos. «Debe ser que al haber crecido con unos padres que muestran sin miedo ni vergüenza el amor que se tienen, y que en los pequeños detalles es donde expresas más lo que sientes que diciendo millones de palabras, soy diferente a mis amigos y compañeros. Además, Mika se merece que sea así con ella, que quiera conocer su alma, su mente, su corazón antes que su cuerpo. Más adelante tendremos la oportunidad de vernos desnudos y disfrutar el uno del otro, pero antes de llegar a ese momento, quiero poder entenderla, más cuando ella no expresa lo que siente como cualquier otra persona», reflexionaba Akira mientras esperaba que Mika termine de hablar con la escolta Kaya, quien había llegado a la habitación de la hija Sato para coordinar el horario de salida hacia la universidad la mañana siguiente. - Comparando nuestros horarios, he visto que tenemos tiempo libre a las 11 am –mencionó Akira cuando Mika regresó a la conversación telefónica. - Sí, hasta las 3 pm que cada uno retoma clases –agregó Mika, quien ya había memorizado ambos horarios, así como las aulas donde recibirían las clases. - ¿Te parece que nos encontremos en la Biblioteca? Creo que será beneficioso para ambos que la conozcamos a profundidad, ya que vamos a estar frecuentemente pasando nuestro tiempo libre en ella –propuso Akira, ya que le gustaba estar en una relación con una jovencita tan responsable y dedicada a sus estudios como él. - Sí, está bien. Luego podemos almorzar juntos, ¿o tienes algún otro plan? –Mika empezaba a fluir naturalmente cuando interactuaba con Akira, ya que él le daba la confianza para sentirse libre, sin presiones ni murallas que tuvieran que defenderla de la incomprensión de terceros, por lo que se animaba a plantear lo que harían durante el día. - No, el tuyo me encanta. Podemos comer en una de las cafeterías, así conocemos más ambientes del campus. Mika chan, ¿te acompañará tu escolta durante las clases? –Akira quería saber si Kaya estaría con ellos en todo momento o tendría la oportunidad de estar a solas con su enamorada, no porque quisiera hacer algo indebido, sino porque quería poder platicar con ella sin la intromisión de otros. - Sí, y también Oikawa san, el chofer, pero ellos no ingresarán a los salones de clases y se mantendrán a una distancia prudente de mí mientras vigilan que no haya algo que pueda atentar contra mi vida –la respuesta no le gustó mucho a Akira porque llegó a pensar que Mika podría estar en constante peligro por motivos que desconocía. - Mika chan, ¿acaso corres peligro? ¿Ellos te cuidan de alguien que quiere herirte? –la preocupación en la voz de Akira enterneció a la hija Sato. - No, no es ese el motivo porque tengo una escolta y un chofer entrenado para lidiar con situaciones extremas, solo es para prevenir que algo así pueda pasar –tras la respuesta de Mika, Akira suspiró aliviado, cosa que hizo que la jovencita empezara a girar por toda su habitación. - Bueno, a mí no me molesta que compartan con nosotros la mesa de la cafetería mientras almorzamos, pero sí quiero que me den, aunque sea, unos quince minutos a solas para poder decirte lo linda que te ves y lo mucho que te quiero, lo importante que eres para mí y que te voy a amar por siempre –Mika se sentó sobre la silla de su tocador y se miró en el espejo. Ella intentaba armar una sonrisa, pero esa mueca que lograba era tan artificial que no lucía agradable. - Akira kun, ¿me enseñarías a sonreír? Mi madre y abuelos, así como las amables personas que trabajan en la gran casa donde vivo en Nagoya y el resto de la familia intentaron ayudarme con ello, pero nunca pude. Quizás contigo sí pueda, pero te pido que seas paciente conmigo, por si no resulta a la primera que pueda ofrecerte una sonrisa natural y cálida –Mika empezaba a querer compartir con el joven Müller algo que era en verdad muy íntimo de ella, por lo que este agradecía a Dios por el muy buen comienzo de su relación. - No tienes que pedírmelo. Yo ya había pensado en ello, en estudiar algún método que me permita ayudarte a lograr que sonrías. No sabes cuánta ilusión tengo al pensar que un día iré a tu encuentro y tú me recibirás con una bella sonrisa puesta en ese hermoso rostro que tienes –si pudiera, Mika ya estaría sonrojada por completo por las bellas palabras que le entregaba Akira. Al terminar la llamada telefónica con su enamorado, la hija Sato marcó de inmediato el número celular de su madre. La bella Natsuki se encontraba con los pies levantados por encima de su cabeza al estar echada sobre su cómoda cama. Cada día que pasaba era uno menos para que el bebé que esperaba naciera, por ello que empezaba a sufrir con algunas incómodas consecuencias del embarazo, como los pies hinchados. La madre Sato sonrió al ver el nombre de su hija en la pantalla de su celular, y contestó para hablar nuevamente con ella, ya que la jovencita estaba cumpliendo la promesa de llamar dos veces al día a su madre. - Buenas noches, mi amada bebé mayor. ¿Cómo has pasado el domingo? –Natsuki sonreía mientras saludaba a Mika, a quien extrañaba muchísimo, pero no permitía que sus emociones se desbordaran ante su hija, ya que entendía que el que estudie en una universidad de la capital era parte de la vida que a su primogénita le tocó por lo talentosa que era. - Bien, mamá, estuvo divertido –Mika apretaba con sus manos las sábanas de su cama porque estaba nerviosa por lo que haría en breve. La hija Sato había decidido en contarle a su madre sobre Akira, ya que sentía que no debía ocultar a sus padres la relación que había empezado, por lo que primero le contaría a Natsuki para que esta le ayude en el momento que conversaría con Kenji sobre su relación con el joven Müller-. Madre, hay algo que tengo que contarte –soltó Mika con la típica fría voz de siempre. - Amorcito, te pido que, si es algo malo, me lo cuentes despacito para que no me afecte, ya que estoy teniendo algunos problemitas con la presión arterial por lo del embarazo –Natsuki dejó la postura que había adoptado para mejorar la apariencia de sus pies, y se sentó apoyada en el respaldar de la cama. - No es malo, pienso que es muy bueno -Natsuki suspiró y Mika recordó la sonrisa de Akira, una que es tan bonita que no podía ser de alguien malo, según la hija Sato-. Durante la cena de bienvenida conocía a alguien –Mika hizo silencio para tomar valor y continuar con su confesión. Natsuki no quiso interrumpirla porque escuchar que había conocido a alguien le dio a entender que lo que tenía que contarle era importante-. Es un chico, su nombre es Akira. - Oh, qué grata sorpresa –dijo Natsuki interrumpiendo a su hija. La madre sonreía feliz porque su hija hizo un gran progreso al conocer a alguien, más porque era un representante del sexo masculino, con quienes Mika no solía tratar. - Es el mejor ingreso de Medicina. Tiene diecisiete años, igual que yo, y es muy guapo –Natsuki escuchaba encantada a su hija, ya que siempre quiso que ese momento llegara, cuando Mika se interesara por un muchacho. - Inteligente y guapo, buena combinación –soltó Natsuki y Mika sonrió internamente. - Y también es una buena persona. Me ayudó a deshacerme de un muchacho que se me acercó, pero no con muy buenas intenciones porque su tono de voz y la proximidad con que se paró a mi lado me lo hizo saber. Akira me comentó que ni bien ingresó al salón y barrió con la mirada el lugar, sus ojos se enfocaron en mí, que dudó en acercárseme, pero que al final lo hizo porque vio a ese muchacho abordándome y no quiso perder la oportunidad de conocerme. Su llegada fue muy oportuna porque se percató de mi incomodidad, aunque no sé cómo lo hizo, si no soy capaz de manifestar emociones, pero me dijo que fue para él obvio que estaba tensa. Al final el muchacho creyó que Akira era mi pareja para esa noche y se retiró. - Y Akira se quedó a tu lado toda la noche –completó Natsuki, pensando que su hija había vivido una experiencia sacada de una novela romántica. - Sí –Mika se quedó en silencio nuevamente al recordar que pudo hablar con otros muchachos durante la cena porque Akira estuvo ahí apoyándola, y que luego bailó con él por horas, por lo que se perdió en sus recuerdos, olvidándose de la conversación telefónica.
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