Capítulo 4.3

1773 Palabras
- ¿Y hay algo más que contar del joven Akira? –Natsuki tuvo que preguntar para animar a su hija a continuar la historia. - Mamá, Akira me ayudó a socializar con otros chicos, con los que compartimos la mesa. Es que le revelé el por qué no puedo sonreír, y él se encargó de comentarlo con cada quien que notaba que yo no era normal. - Mika, tú eres normal, hija –dijo Natsuki interrumpiéndola porque no le gustaba que ella dijera que no era normal. - Mamá, sabes a lo que me refiero –agregó Mika. - Bueno, está bien. ¿Y cómo así le comentaste sobre tu especial condición si con nadie de tu edad te has atrevido a hablar de ello? - Porque Akira me preguntó si me estaba incomodando porque no le sonreía. Eso, y que desde que detallé su sonrisa me di cuenta que él era único y auténtico, además de sincero, y eso me animó a explicarle el porqué. Así él pudo ayudarme al compartir con los otros chicos mi condición, y los demás fueron muy atentos y educados conmigo, y también comprensivos. - Qué lindo ese jovencito Akira. Ya me cae muy bien, y eso que no lo conozco –soltó Natsuki muy alegre de que su hija haya disfrutado durante la cena de bienvenida. - También bailé con él –dijo Mika y Natsuki puso toda su atención en la conversación, ya que bailar en las primeras horas de conocerse es algo que no sucede así no más-. Akira es tan sincronizado como lo soy yo, y pudimos bailar sin complicaciones. Los chicos de nuestra mesa nos decían que parecía que somos una pareja de baile que por años lleva practicando. Al final de la noche me acompañó hasta que subí al auto –Natsuki, quien no vivió una experiencia así, pero siempre soñó con ello, se imaginaba la escena y agradeció a lo más sagrado porque su introvertida hija sí disfrutó de un romántico momento. En eso, Natsuki salió de su encantamiento y preguntó algo a Mika. - ¿El joven Akira te dio un beso? –a Mika le pareció que su madre se había convertido en una adolescente al hacerle esa pregunta, y estaba en lo cierto. - Sí. Dejó un beso sobre mi mejilla derecha –dijo Mika, haciendo que Natsuki soltara un suspiro al estar feliz por su hija. - ¿Y cuándo lo vas a volver a ver? –preguntó animada Natsuki. - Hoy lo he visto. Tuvimos nuestra primera cita –ante la respuesta de su hija, Natsuki quedó muda. «¿Cita? ¿Ya tuvieron una cita? Tranquila, Natsuki, que debe ser una cita de amigos, no te adelantes a los hechos», se decía a sí misma la madre Sato-. Akira estuvo hoy aquí, en el apartamento. Me trajo rosas muy bonitas, color rosa bebé, las cuales están decorando mi habitación. Luego me invitó a ir a su lugar favorito, un parque con juegos para niños donde sus padres lo llevaban y él hizo amigos –Mika por un instante más volvió a callar porque quería ordenar rápidamente sus ideas antes de contarle a su madre sobre la procedencia de Akira-. Mamá, él es mestizo. Al principio pensé que era hijo de extranjeros que amaban la cultura japonesa y que había nacido en nuestro país porque a simple vista no tiene ningún rasgo físico que lo haga parecido o iguale a un chico de familia japonesa pura. Akira es alto, muy alto, supera el 1.95 m; su piel es bronceada, como la de Sachi san –ella era la ama de llaves de la gran casa de Los Sato-Nagata-; sus ojos son grandes y pueden cambiar de color según su ánimo, yendo de marrón oscuro a un tono ámbar bien bonito; su cabello tiene lindas ondas y es castaño, ni tan claro ni tan oscuro, pero se nota diferente ante el azabache natural de la mayoría de japoneses, y su cuerpo, pues, no luce como un muchacho de su edad, parece que fuera mayor, ya que su espalda es ancha, tiene brazos y piernas fuertes. Por eso, a primera vista, no parece que sea japonés, pero lo es, domina la lengua a la perfección y conoce a profundidad nuestra cultura –Mika esperaba que Natsuki hiciera algún comentario, pero como la madre Sato no habló, no le quedó más a la hija que preguntar si hacía bien o no en relacionarse con un mestizo-. Mamá, ¿habría algún problema con que Akira sea mi amigo si es mestizo? - No, Mika, cómo crees. ¿Cómo se apellida tu amigo? - Müller. Él se llama Akira Müller. El mutismo de Natsuki se debió a que la intuición le envió una alerta cuando su hija mencionó que Akira era mestizo. Cuando mencionó que su amigo era el mejor ingreso de Medicina, Natsuki recordó a Yuriko Inoue, pero alejó ese recuerdo para atender a su hija. Al mencionar que el jovencito era hijo de una pareja intercultural, el recuerdo volvió, pero con más fuerza. Escuchar que Akira sobrepasaba el 1.95 m le hizo recordar al altísimo extranjero con el que se topó en el corredor de la Mansión Sato el día de su boda; tiempo después se enteraría por Manuel Tuesta, el mejor amigo y mano derecha en los negocios de su esposo Kenji, que ese médico extranjero se casó con Yuriko y tuvo hijos. «¿Akira es el hijo de Yuriko? ¿Acaso el destino está jugando con nosotros?», se preguntaba Natsuki, pensando que quizás a Kenji no le gustará para nada que su hija mayor se relacione de alguna manera con el hijo de quien fuera su novia por diez años. - A Akira en algún momento sus compañeros de escuela quisieron relegarlo por ser mestizo, pero él no se los permitió, ya que pudo identificar que ese trato se lo ofrecían no porque él fuera una mala persona, sino porque los demás le tenían celos, envidia, o eran personas con perturbadoras ideas contra los extranjeros en general. Eso está mal, ¿no es cierto, mamá? –agregó Mika para continuar con la conversación. - Por supuesto que está mal, hija. El único motivo por el cual a una persona se le puede repudiar es por sus actos llenos de maldad, no por su apariencia física o procedencia –Natsuki empezó a preocuparse mucho por Mika, ya que sabía que a su hija le interesaba el joven Müller porque estaba haciendo de él el único tema a desarrollar en la conversación que sostenían. - Entonces, ¿no hay problema en que Akira y yo nos veamos? –preguntó Mika. La respuesta de su madre haría que ella le confiese o no sobre el inicio de su relación formal y exclusiva con el joven Müller. - Ninguno, hija –soltó Natsuki para no preocupar a Mika, pero la madre Sato sabía que, si su esposo se enteraba de que su hija tenía como único amigo al hijo de su ex novia, impediría esa relación. - Mamá, después de mostrarme su lugar favorito, Akira me preguntó si tú y papá habían acordado unirme en matrimonio al hijo de alguna familia amiga, lo cual descarté, y le expliqué que ustedes quieren que sus hijos sean libres de elegir a su compañero –con ese comentario de Mika, Natsuki supo que Akira era hijo de Yuriko y el médico alemán y que sabía la historia de su madre con Kenji-. Tras mi respuesta, él me hizo otra pregunta, si quería ser su novia, y yo respondí que sí –Natsuki abrió la boca por la sorpresa, y con su mano libre trató de cubrirla. Su hija había pasado de no tener ni un amigo a tener enamorado de un día para otro. «¡Por lo más sagrado, ayuden a mi hija!», fue lo primero que pensó Natsuki al escuchar que el interés de Mika por Akira había sobrepasado la amistad, y que ahora esos dos eran enamorados. «¿Cómo corto su ilusión? Mika está viviendo por primera vez porque ha encontrado a la persona que le ayuda a mejorar su interacción con los demás», se decía a sí misma Natsuki al reflexionar sobre lo comentado por su hija. «Con calma. Primero debo saber si ese jovencito tiene buenas intenciones, luego actuaré según lo que descubra», concluyó Natsuki, ya que no podía deshacer algo solo por supuestos, debía saber si Akira era o no adecuado, para desenmascararlo si es que estaba mintiendo para acercarse a Mika. Sin embargo, igual debía preguntarle a su hija sobre la seriedad de su decisión. - Mika, hijita, ¿estás segura de que has hecho lo correcto al aceptar su propuesta? Apenas lo conoces, en realidad no sabes nada de él, por lo que es un completo desconocido. Sé que es un muchacho de tu edad, pero es mucho más osado de lo que tú eres, hija, y eso me preocupa un poco –Natsuki esperaba por la respuesta de Mika, quien siempre demostró no dejarse llevar por los sentimientos ni emociones. - Madre, tenías doce años cuando viste por primera vez a papá y sentiste que él era el hombre que querías para tu vida –comentó Mika haciéndole recordar a Natsuki la vez que conoció a Kenji-. Yo tengo diecisiete, y lo que sentí al ver a Akira por primera vez fue algo más fuerte que simple atracción. Su mirada es sincera y brilla de una manera que hace que me pierda observando el bonito color de sus ojos. Su sonrisa es encantadora y auténtica, y he notado que la que me ofrece a mí es diferente a la que brinda a otros. Su voz me transmite lo especial que soy para él al impregnar toda palabra que me entrega con ternura, cariño, amor. Y su trato es único; Akira es todo un caballero con detalles que solo he visto a papá dedicándolos para ti, así como a mis tíos con mis tías, y al primo Ryusei con Ann chan. Yo siento que Akira es para mí, madre, y que sería una tonta si lo dejo ir –Natsuki sabía bien que Mika era una romántica soñadora como ella, que siempre deseó un amor puro y verdadero que sea capaz de desvivirse por ella, pero que nadie antes se había interesado en acercársele, por lo que su hija no llegó a Tokio pensando que ahí conocería el amor. Sin embargo, las palabras que utilizó para describir al joven Müller le sonaron como las que alguien diría por quien conoce de años.
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