El teléfono de Yuriko estaba apagado, por lo que Akira decidió llamar a su padre. Bastian estaba acabando la visita médica a los pacientes que tenía hospitalizados por haber sido intervenidos quirúrgicamente, así que pudo contestar la llamada de su hijo, quien solo le comentó que Mika estaba padeciendo un ataque nervioso severo, por lo que estuvo intentando ubicar a su madre, pero no tuvo éxito. «Yuri está en sala desde hace tres horas y tiene para un par más. Iré yo a ver a la niña Mika. Llego en veinte minutos», dijo Bastian y cortó la llamada.
Regresar a ese edificio fue un déjà vu para el médico alemán, ya que alguna vez llegó buscando a Yuriko, a quien encontró inconsciente por la altísima fiebre que la neumonía que padecía había causado. En esa oportunidad Kenji estaba al lado de la médica, tratando de ayudarla a recuperar la lucidez y que le bajara la temperatura. Ahora nuevamente Kenji se encontraba al lado de quien estaba padeciendo de un problema de salud, pero la diferencia radicaba en que él era el causante de la condición que alteró a Mika y no un aliciente para su mejoría.
Al llegar a la recepción del edificio fue atendido inmediatamente por uno de los empleados que había recibido la orden de conducir al médico hacia el apartamento lo más rápido posible. Tras tocar el timbre, Kaya abrió la puerta e hizo pasar a Bastian, quien se descalzó de inmediato y caminó hacia la sala. Ese otro dúplex tenía la misma disposición que aquel donde vivió Yuriko por tres años, solo que en sentido opuesto, por el efecto espejo que los arquitectos les dieron a los dos únicos apartamentos de ese último piso. Al llegar a la sala y encontrar a su hijo con el pecho desnudo, Bastian lanzó una mirada de duda a Akira y luego miró a Kenji con desconfianza.
- Papá, no pienses mal de Sato san, luego te explicó por qué estoy sin la remera. ¿Puedes ayudar a Mika? –habló Akira antes de que el médico alemán dijera algo en contra del empresario japonés.
- Es mejor que la llevemos a su alcoba y la acomodemos sobre su cama. La niña Mika va a dormir por unas buenas horas –ante el pedido de Bastian, Akira cargó en sus brazos a la hija Sato y pidió ser guiado hacia la habitación de Mika, ya que sabía que su dormitorio se encontraba en la segunda planta, pero nunca había ingresado en él.
- Hola, mi niña –saludó Bastian a Mika, mirándola maravillado por esa intensa reacción que manifestó-. Vas a estar bien. Te voy a aplicar un sedante para que te relajes y duermas un poco. Cuando despiertes te sentirás como nueva. ¿Me ayudas dejándote colocar la intravenosa? –Bastian hablaba a la hija Sato con tanta dulzura que Kenji empezó a sentirse culpable por haber explotado en furia por la escena que encontró y hacer que su hija tuviera ese ataque nervioso. Tras aplicar la intravenosa y dejar a Mika durmiendo, Bastian le pidió a Akira que le explique lo sucedido, por lo que dejaron la habitación, quedando Kenji y Kaya acompañando a la joven.
Tras terminar la conversación con su hermana, Takeo llamó de inmediato al hangar del conglomerado en el aeropuerto de Nagoya y presionó aún más para que tengan todo listo para partir hacia Tokio lo más pronto posible. Al tener listas las maletas Takeo y Midori salieron hacia la gran casa Sato-Nagata para recoger a Natsuki y dirigirse al aeropuerto. Al llegar al terminal aéreo se encontraron con la grata noticia de que todo estaba listo, así que tras abordar la nave partieron de inmediato. Una hora después estaban arribando a la capital. Natsuki se comunicó con Osamu para que fuera a recogerla, así que cuando todos estaban en la habitación de Mika para que le coloquen el sedante, el chofer se deslizó sigilosamente y abandonó el apartamento sin que nadie se percate de ello. De regreso al dúplex, Osamu narraba los pormenores de lo acontecido al ser Mika y Akira descubiertos por Kenji. Natsuki empezó a llorar al enterarse que su hija tuvo una fuerte reacción nerviosa por la amenaza que lanzó su esposo. Midori, hermana mayor del Director Sato, quien era conocida por tener un temperamento fuerte y explosivo, comentó que haría padecer a su hermano por lo que acababa de hacerle a su sobrina, quien de niña había sufrido por no tener amigos, y ahora que tenía enamorado se estaba negando a aceptarlo. Midori aún no sabía la procedencia de Akira, por lo que Natsuki no sabía si al final la tercera hija Sato apoyaría a su primogénita o a su esposo.
En la sala del apartamento, Akira narró los hechos a su padre, explicándole hasta el motivo que llevó a que quedara su torso desnudo. Bastian estaba muy molestó con Kenji Sato, ya que se atrevió a gritarle a su hijo, a amenazarlo, y a dañar a la niña Mika, como él llamaba con cariño a la enamorada de su primogénito. El médico alemán estaba que echaba chispas cuando Kenji bajó a la primera planta para agradecerle el haber respondido la llamada de ayuda para su hija. Ni bien Bastian lo vio, se acercó a él, pero no dejó que el Director Sato manifestara su agradecimiento, ya que lo tomó del cuello de la camisa y lo tironeó como lo hizo hace años, cuando descubrió que el matrimonio al cual asistió junto a Yuriko en representación del Hospital de la Universidad de Tokio era el de él, comprendiendo el llanto desconsolado de su colega al ver al hombre que amaba celebrando su boda.
- ¡Te voy a destrozar la cara a golpes por atreverte a gritarle a mi hijo y causar el ataque de nervios de la dulce niña Mika! –gritaba Bastian a la par que estaba alzando su puño derecho para estamparlo contra Kenji.
- ¡No, papá! ¡Tranquilízate, por favor! –repetía una y otra vez Akira mientras detenía el brazo de su padre.
- Siempre has sido un tipo muy egoísta, sin pensar en cómo herías a los demás con tal de lograr tus objetivos. Tuviste por años a tu lado a Yuriko a base de mentiras y te casaste con esa mujer que apenas había dejado de ser una niña solo para obtener el manejo de los negocios de ambas familias. ¿Ahora qué quieres? ¿Destruir a tu hija? ¡No lo permitiré! Si a la dulce Mika le sucede algo mi hijo sufrirá, y yo te juro que acabo contigo, Kenji Sato –para Bastian, Kenji era un monstruo, y ello lo resumió en tan pocas palabras, y esto era así porque el médico alemán no conocía la verdad del Director Sato, el trauma que sufrió de niño que le impedía reconocer que con Yuriko no sería feliz, pero igual quería hacerla dichosa y cumplirle todos los sueños que tuvieron juntos.
- No me conoces, Müller, no tienes idea de quién soy en realidad –dijo Kenji mirando fijamente a Bastian, sin demostrar miedo o ira-. Si fuera la clase de persona que has descrito, Mika no sería la jovencita que es. Ella y yo somos muy parecidos, y la relación que tengo con mi hija muy profunda, por lo que me duele que me haya ocultado la relación con tu hijo. Encontrarlos como lo hice me causó un ataque de furia, y saber que él era hijo de Yuriko me hizo pensar en lo incómodo que sería para mi esposa relacionarse con tu familia. Al no saber de los sentimientos de mi hija y lo importante que es tu hijo para ella, además de que pensé en los sentimientos de Natsuki, a quien Yuriko le arruinó la celebración de nuestro matrimonio al revelarle la verdad que yo confesaría en la noche de bodas, no me pareció lo más adecuado que Mika y Akira permanezcan juntos –desde el punto de vista de Kenji, la cosa sonaba distinto.
- Creo que lo mejor sería conversar, solucionar los problemas hablando –recomendó Akira mientras tomaba la mano de su padre que apretaba el cuello de la camisa de Kenji. Bastian fue soltando al Director Sato, justo cuando llegaban a la sala Natsuki, Takeo y Midori acompañados de Osamu.
- ¡¿Dónde está mi hija?! –preguntó alterada Natsuki.
- En su habitación, Natsuki san –respondió de inmediato Akira con un tono de familiaridad, cosa que notó Kenji-. Mi padre le ha suministrado un sedante para que salga del shock nervioso que tuvo y ahora duerme –la madre Sato corrió hacia la habitación de su hija mayor seguida de Midori.
- Tú debes ser Akira, el enamorado de Mika, ¿correcto? –Takeo estaba analizando al muchacho que mantenía una relación con su sobrina, la que llevaba el nombre de su amada madre.
- Buenas noches, soy Akira Müller –respondió el joven junto con una reverencia.
- Nos volvemos a topar en el camino de la vida –soltó Takeo ahora dirigiéndose a Bastian-. Quizás no me recuerda porque solo nos vimos una vez y por un tiempo muy breve, cuando llegó al otro apartamento para ayudar a mudarse a la Doctora Yuriko Inoue –el comentario de Takeo hizo que Bastian recordara al cuñado de Kenji.
- Eres el cuñado de Sato –respondió Bastian serio y analizando a Takeo, quien lucía agradable, al menos más que el Director Sato.
- Su doblemente cuñado –dijo Takeo sonriendo-. Él está casado con mi hermana menor y yo lo estoy con su hermana mayor. Cosas del destino –lo último lo dijo lanzando un suspiro-. Creo que nuestra llegado interrumpió algo entre ustedes.
- En realidad, quien interrumpió que le rompa la cara a tu cuñado fue mi hijo –a Bastian no le caía bien nadie de esa familia, salvo Mika.
- Te entiendo, yo mismo alguna vez quise romperle la cara, pero mi hermana sufriría, así que solo le di un gancho al estómago y otro al hígado –Takeo acompañó su comentario con una finta de boxeo.
- Solo por ese detalle empiezas a caerme mejor –dijo Bastian sonriendo de lado.
- Eso es bueno. Si Mika ama a tu hijo, nos conviene que nos llevemos bien –dijo Takeo y luego fijó su mirada en Kenji-. Sería bueno que medites sobre el por qué tu hija no te ha contado sobre la relación que empezó con este joven.
- Nunca he hecho algo que haga a Mika no confiar en mí –soltó Kenji mientras cerraba los ojos, señal de que estaba reflexionando.
- ¿Estás seguro? Desde que nació Mika tus celos despertaron a tal nivel que no querías a nadie que no te gustara cerca de tus hijas.
- ¿Y qué tiene eso de malo? –preguntó Kenji abriendo los ojos de improviso, gesto que a Akira le pareció intimidante.
- Que el gusto es una cuestión subjetiva. Akira puede ser un buen muchacho, pero para ti nunca va a ser suficiente para Mika. ¿O me equivoco? -ante el comentario de Takeo, Kenji volvió a cerrar los ojos-. Tu miedo hace que sobreprotejas a tus hijas.
- Sí, tengo varios miedos –respondió Kenji abriendo nuevamente los ojos para mirar fijo a su cuñado-. Temo que mis hijas sufran y que mi lado oscuro salga, acabando con aquel que las hiera, como mi padre lo hizo con la Familia Kudo cuando Taro Kudo se atrevió a burlarse de Harumi –soltó Kenji recordando ese triste episodio de la vida de su hermana mayor, uno que pudo superar varios años después al encontrar el verdadero amor en Takeshi Miura, el famoso actor que fuera el galán de las producciones de cine y televisión de los años 80 y 90.
- Uno que conocimos cuando casi matas a golpes a Yuki Ushida –mencionó Takeo a aquel jovencito que obsesionado con Natsuki, cuando esta apenas era una adolescente de dieciséis años, pretendió abusar sexualmente de ella al enterarse que estaba prometida en matrimonio, por lo que los sentimientos que el joven Ushida tenía hacia ella no serían correspondidos.
- Algo de lo que no me enorgullezco, pero que volvería a hacer si fuera necesario.
- Kenji, el problema contigo es que quieres evitar que tus hijas sufran, pero eso implica que tengan que dejar de vivir. Es inevitable que a tus hijas les rompan el corazón. ¡Tú mismo se lo acabas de romper a Mika! –el Director Sato miró fijo a Takeo tras lo último que este había dicho-. Tú le has causado a tu hija un shock nervioso al amenazarlos con separarlos, con destruir lo que han construido en todos estos meses de relación. Has protegido a tus hijas de todos, menos de ti mismo, el más peligroso de todos al tener mucho dinero y poder. Ahora ha llegado el momento de que los adultos hablemos fuerte y claro para dejar de dañar a los más jóvenes. Müller –dijo Takeo mirando a Bastian-, llama a tu esposa, que venga a reunirse con nosotros. De esta noche no pasa que solucionemos todo este embrollo –luego Takeo se acercaría a Akira, a quien tuvo que mirar hacia arriba al ser mucho más alto que él-. Confía en los adultos, muchacho, en nuestra capacidad de conciliar y llegar a acuerdos, que de Mika no te vas a separar, aunque sea yo y no tu padre el que muela a golpes al testarudo de Kenji Sato.