
Pensé que podía hacerlo todo, desde siempre creí que podría con todo lo que me arrojara el destino, pero... ¡Qué gran error!
Recuerdo que solía jugar bajo mis reglas. Este era mi reino. Hasta que el apareció... Todo sucedió en ese invierno, un invierno extremadamente frio.
Me miro con esos ojos brillantes y un color rojo reflejaba en sus pupilas.
Al ver sus ojos cambiar a aquel color rojo fue cuando lo supe. Me estaba cazando, me persiguió y como todo lo que hace bien me encontró.
-¿Acaso intentas escapar de mí?- su voz era arrogante, mejor dicho él era arrogante. ¿Por qué tenía que tener ese estúpido gesto de autosuficiencia dibujado en su rostro?
-Podrás ser un vampiro, pero no olvides que yo también lo soy- dije sin inmutarme en mis palabras, era tan fuerte como el... o eso pensaba.
Él sonreía. ¿Qué le parecía tan divertido?
-Desde el día de hoy...-Hizo una pausa mientras me miraba directamente a los ojos- Eres mía- sentencio con toda seguridad.
¿Eres mía? ¿Qué rayos significaba eso? ¿Qué chico de 18 años usaba frases como esas? Pero desde ese día fue el comienzo de mi larga lista de problemas que se me avecinaba con Axel Blake. Sin saber que ese nombre me marcaria de por vida.
Mi sentencia había sido dictada, Mi vida era un campo minado.
Y por alguna razón el estúpido brillo de sus ojos no ayudaba...
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