Capítulo 8

2191 Palabras
  Consejo 8:"Matalo con un tacón" —¡Gracias señor por librarme de las clases de matemática! —Saltar en un pie mientras llevas tus libros en las manos no es buena idea—¡Mis santos libros! —Te pasa por retrasada, osea dime, ¿A quién se le ocurre la brillante idea de saltar teniendo las manos llenas de libros? —La mire encogiéndome de hombros. —Serías tan amable de ayudarme—dije mirándola desde el suelo. —Son tus libros no los míos. —Te recuerdo que también llevo tú libro de química. —Agh, está bien—Peige se puso de rodillas y me ayudó a recoger los libros restantes que estaban en el suelo. —Primera y última vez que estoy arrodillada en el suelo por tu culpa. —Sí, lo que digas, sabes que si te lo pidiera como cinco veces las cinco veces lo harías igual—Peige se quedó pensativa durante unos cuantos segundos para luego responder. —Sí, buen punto. —Oye, ¿tú no te irías a un viaje con tus padres?, ¿qué haces aquí? —Estuve tentada a ir pero no fui porque no podía dejarte sola, me necesitas más que a nadie ahora —De verdad tengo a la mejor amiga del mundo—La abracé por los hombros y la solté al instante.  —Quiero que terminen estas últimas horas, quiero irme a mi hogar. Guardé silencio, de verdad necesitaba un descanso, este día a estado pesado y no me refiero solo a las clases, también me refiero a la noticia de mis padres, es más creo que estoy bastante angustiada por eso. Aunque últimamente esa actitud de ellos se a visto muy presente. Me angustia que se vuelva común. —¿Sucede algo Jade?, si es por lo de tus padres creo que deberías relajarte—dijo mirándome de reojo. —Es que de verdad no puedo hacerlo—Me restregué el resto con ambas manos—No creo que entiendas. —Te comprendo mejor de lo que tú puedes creer, te recuerdo que mis padres también salen sin decirme nada, nuestros padres trabajan juntos, es comprensible que a veces se escapen por culpa del trabajo—Su sonrisa es la más honesta que me han brindado, al fin y al cabo, sé que ella es la que más me apoya —Y bueno ¿Qué quieres hacer ahora? —¿Eh?, ¿Cómo qué que quiero hacer ahora?, obvio ir a clases como todos los que están en el colegio. ¯-¿Vamos a casa?, me tiene harta el colegio. —¿¡Quieres fugarte!?—Peige casi me rompe la geta al taparme la boca con tal brusquedad. —Shh, ¡Cállate imbécil, quieres que nos escuchen! —Me soltó de mi blusa y camino con total naturalidad. Me puse junto a ella para reclamarle el golpe que me dio hace unos segundos atrás —Casi me rompes la bica tarada—me sobé la parte afectada y la miré.  La verdad no estoy muy de acuerdo, pero me vendría bien un descanso, sin contar que no e visto a Tommy y a los enfermos de sus amigos desde la mañana, y eso que había dicho que estaría conmigo todo el día. Me siento estafada. —¿Y bien? —Está bien, reconozco que me hace falta un descanso, solo por eso aceptaré—Caminamos por los pasillos rodeados de estudiantes que estaban hablando, o jugando entre ellos. —Por lo que tengo entendido los profesores y guardias tienen una reunión con el director en 15 minutos, vamos a la puerta principal estemos sentadas haciendo de imbéciles hasta que se vayan. Un plan simple pero seguro. —Perfecto—Con Peige comenzamos a caminar en silencio para tratar de no parecer sospechosas, aunque es más sospechoso que ambas estemos en silencio y no estemos mandándonos cagadas como todos los días de la semana. Las pocas personas que estaban en el pasillo nos quedaban mirando extraño, los entiendo es inusual vernos en silencio—Creo que llamamos demasiado la atención Peige. —Pero si no estamos haciendo nada. —Ese es el problema. —Bueno súper genio. ¿Y qué piensas que hagamos? —Dijo mirándome mientras colocaba sus brazos detrás de su nuca. —¿Qué opinas de una carrera? —Propuse. —Depende de que obtendrá el ganador y que hará el perdedor—Maldita interesada. Suspiré rendida pensando en algo, chasquee los dedos al tener algo en mente. —El ganador hará que el perdedor haga todo lo que él pida, sin rehusarse. —Me gusta, pero sé que perderé así que qué te parece esto: —El ganador tendrá el derecho de pedir solo tres cosas y el perdedor tendrá que concederlas, obvio esas tres cosas tendrán que hacerse con los implementos que estén en casa, sin importar que sean. ¿Qué opinas? —Me gusta, ¿Estás lista? —Peige me miró y se puso en posición, sonrió y me dijo: —Mi amor yo nací lista. —En sus marcas, listos y... ¡Corre perra corre! —Con Peige comenzamos a correr como verdaderas locas, nos quedaban tres pasillos y pasar los baños aún, creo que voy a vomitar un pulmón, el cardio no es lo mío, Peige notó que yo estaba cansada y aprovechó eso para tomar la delantera. —¡Maldita floja, nos vemos en la entrada, prepárate para servirme perra!. Ho no eso sí que no, la que va a tener que servirme va a ser ella, j***r la imaginó sirviéndome comida y tratándome de jefa, eso me renueva las energías. Comencé a correr como si mi vida dependiera de ello. Con Peige íbamos a la par, solo nos quedaba cruzar los baños y las puertas del colegio y llegábamos a la supuesta meta. —¡Adiós belleza, prepárate para el masaje que me tendrás que hacer en los pies rubia!—Dije para luego tomar la delantera—Bien la suerte esta de mi lado—o eso creí en ese momento, al cruzar los baños pisé una bolsa de papas fritas y me caí como una osa con calambres en las piernas. Peige se comenzó a reír y llegó a la meta. ¡Mierda estoy muerta!. Me levante del suelo y con toda mi dignidad y orgullo camine a ella y le dije: —Te dejé ganar, eso tenlo claro. —Sí, lo que tú digas Cárter—Peige comenzó a subir la reja y saltó hacia el otro lado, comenzó a caminar hacía mi humilde morada, ¡ah! Se me olvidaba comentar que el colegio está a 30 casas de la mía. —¡Espérame Peige! —Literal solo salté y crucé la cerca. Quiero aclarar que los ejercicios que abarquen al cardio no son lo mío, pero los ejercicios de flexibilidad y resistencia son lo mío. Al estar al otro lado corrí donde Peige que ya estaba literal llegando a mi casita. —¿Traes llaves cierto? —que pregunta más imbécil. —Obvio tarada, estoy segura que Tommy me matará cuando sepa que me escapé de la escuela—Saqué las llaves de mi mochila y abrí la puerta pensando de qué manera me torturaría Peige. —Bueno linda vamos a tú cuarto para que te prepares. —¿Para qué me prepare? —trague en seco. —No tengo pensado hacerte nada malo, no te preocupes—No le creo, su sonrisa me lo dice todo. Subimos a mi cuarto y dejamos las mochilas en mi cama, Peige salió del cuarto sin decir nada, saludé a mi durmiente Wilson y me tiré en el suelo mirando a la puerta, como a los 15 minutos llegó Peige con una caja titulada como "Cosas hermosas", mierda tengo una idea de lo que trama. —Te contaré un pequeño secreto querida amiga, cuando estabas en tu etapa friki, siempre me llamó la atención que me atendiera una sirvienta como en tus monos chinos, así que ten—Me mostró mi traje de sirvienta que compre cuando tenía trece años. La miré perpleja. —No me pondré eso, olvídalo. —Reglas son reglas—Me tiró el traje a la cara, junto con unas medias unas medias y una cinta para el cabello. —me las vas a pagar—dije sacándole mi hermoso dedo corazón. —Te estaré esperando a bajo sirvienta—Bajó llevándose su culo y su estrepitosa risa a la primera planta. Caminé mirando ese traje que lo tenía muy guardado en el cobertizo de mi casa. Me rehusaba a ponerme eso, pero sería mucho peor si no cumpliera, mejor dicho, yo siempre cumplo mis retos. Suspiré.  —No creo que sea tan malo, lo ocupe cuando tenía trece, no creo haber cambiado tanto en cuatro años—Dije para auto convencerme. —Mierda, retiro lo dicho—el traje me cruzaba, bueno a excepción de los pechos, tuve que dejarme dos botones abiertos y colocarme una corbata pequeña que encontré en la caja, de por si me quedaba muy bien, si tan solo no estuviera 10 dedos arriba de mi rodilla sería muy distinto el tema, coloque mis medias y unos tacones negros. Solté mi cabello y coloqué la cinta en él. —¡Apúrate, tengo más hambre que la puta! —Hija de su prehistórica madre. —¡Ya voy! —Salí de mi cuarto y bajé las escaleras Peige al verme me sonrió con lujuria. —Si no fueses mi mejor amiga y yo heterosexual, te haría mía bombón—La voy a matar lo juro. —Señorita Peige no diga esas cosas, por favor tome asiento para poder servirle la comida—Mi sonrisa era más falsa que las pelotas de mí hermano, fui a la cocina y le preparé una ensalada, le cocí unas tiras de pollo y le preparé un puré de papas exquisito, me demoré exactamente 30 minutos en hacer todo. —Tome mi Señorita—Le serví la comida y me quedé con la bandeja junto a ella, podría golpearla con esta pendejada y arrancar. —Por cierto, eres muy buena en esto, ¿No has pensado en trabajar en algún café a medio tiempo? —Claro que lo he pensado, pero no contratan a menores de edad, le recuerdo que tengo 17 años solamente. —Creo que viene alguien—Dijo mirando hacia la puerta —No digas tonterías estúpida, habría sentido las pisadas o las voces —¡Trátame con respeto! —De verdad me voy a criminar con ésta tarada. —Disculpé mi atrevimiento señori—Fui interrumpida por la voz de mi querido hermano, esperen... ¡Hermano! —¿Qué mierda haces así Jade? —Miré a la puerta y ahí estaban de pie mirándome: John, Logan, Paúl y Luke. Esto debe ser una broma, ¡Díganme que es una maldita broma!, sentía mi rostro arder hasta que el hocicón de John abrió la jeta. —Díganme que morí y estoy en el infierno, porque lo único que se me pasa por la mente es ponerte unas cien posiciones distintas cariño. —¿Disculpa?, repite lo que dijiste—Peige saco su teléfono y se puso a grabar, Tommy se hizo a un lado junto con Paúl y Logan. —Te pondría en cien posiciones distintas y te aseguro que ninguna quitaría tu rostro de vergüenza en ese momento—Rápidamente me saqué el tacón y se lo lancé sin piedad alguna, pero el muy puto se alcanzó a agachar y el tacón le cayó de lleno en la frente a Luke. Grité con horror. —¡Ahora sí que lo mate! Si con el batido no lo hice ahora con el tacón lo logré—Comencé a girar hasta que se me ocurrió una idea, corrí al patio y traje una pala conmigo. —¿Me podrías explicar que haces con esa pala? —me preguntó Paúl. —Lo enterraré en el partió, y sí alguno de ustedes llega a decir algo terminarán junto a él—dije apuntándolo con la pala de mi papá. —imbécil no está muerto, solo está inconsciente—Tommy lo tomo en brazos y creo que lo fue a dejar en su cuarto, subí y me topé con él en el pasillo. —¿Dónde está? —Lo tiré en tú cama. —¿Es que ni siquiera lo curaste? —Dije mirando feo a mi hermano. —Él es hombre, cuando despierte lo hará—Dijo bajando las escaleras. ¿Qué tiene que ver qué sea hombre?, con estos amigos para que quiero enemigos. Entré al baño de mi cuarto y saque alcohol, paños y un parche, me gane junto a él y comencé a limpiar su herida. —¿Por qué siempre cuando intentó matar a alguien termino casi matándote a ti?, y lo peor de todo es que lo más probable te enojes, de verdad lo siento hermosura—corrí su sedoso cabello y puse el parche para tapar la herida. —Lo sientada. —¡Ay j***r, que casi me matas maldito tarado! —toqué mi pecho por la sorpresa, mire su rostro y estaba sonriendo, mierda ¿Desde hace cuando que estaba despierto? —¿Cuándo despertaste? —Dije sonrojada. —Desde que comenzaste a limpiar mi herida—Luke se levantó de la cama—Jade, ¿yo te parezco guapo? —¿eh?, ¡Eh! —¿A-ah qué viene eso tan de repente? —dije casi riendo de la impresión, él se sonrojo y solo negó con la cabeza. —Olvida lo que te pregunté, quiero que sepas que no estoy enojado, yo también tengo ganas de matar a ese imbécil. ¡Ah! Y gracias por curarme, eres la mejor—Salió de la habitación dedicándome una sonrisa. Si supiera que el parche es de los ositos cariñositos no habría salido así como así. Aunque para qué estamos con huevadas el chico se ve sexy igual. Reí para mí misma al recordar todas las veces que casi lo mato, aunque gracias a todas esas veces es que nos hemos acercado un poco más, al fin puedo decir esto con orgullo. ¡Gracias maldita idiotez con la que nací!
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