La lluvia caía con fuerza sobre el techo, las grandes gotas denotaban la fuerza de la tormenta con su furia. Reece no quería salir de la cama, tenia que ser sincero, ella se abrazaba con fuerza a su pecho transmitiéndole calor, un cálido calor que era enormemente placentero, no iba a decir que el sexo mismo, pero se asemejaba demasiado. Miró el reloj, eran las siete de la mañana, pero no quería seguir durmiendo, había perdido la cuenta de los minutos que había pasado observándola, solo sabía que habían sido demasiados. Cuando su estomago lo llamó a salir de la cama lo hizo con sumo cuidado, tenía hambre, no había cenado debido al enfado, pero claramente era mejor que no lo hubiera hecho pues comer enojado no sentaba nada bien. La australiana parecía cansada por lo que cuando el bajo de

