Alaska nunca había tenido miedo en su vida o bueno, nunca un miedo exorbitante que le generara presión. Intentó contener el sudor de sus manos, no había de que preocuparse, solo tenia que enfocarse en lo que iba a hacer y decir, no era como que Samantha Hughes devorara personas. Con esos pensamientos en mente había entrado al hospital hasta llegar a la sala de espera donde una elegante miraba a la nada como si su mirada perdida denotara el fulgor que estaba pasando su alma. Había escuchado a Reece hablar de su madre, pero Alaska sabia que sin importar lo mala que hubiera sido como madre, esa situación le dolía y también estaba sufriendo. Su cuerpo era cubierto por un elegante conjunto empresarial, una falda de tuvo y una blusa con un moño en la parte del cuello, el conjunto n***o con bla

