El chico del gorrito

3049 Palabras
El profesor empieza a repartir los exámenes poniéndolos sobre las mesas hacia abajo para que no podamos ver el contenido. Me muerdo el labio repetidas veces mientras muevo el pie de lo nerviosa que estoy. No puedo suspender este examen. —¡Silenzio! —exclama el profesor en italiano ya que algunos de mis compañeros están murmurando entre ellos. Giro la cabeza instantáneamente observando a Caleb intentar levantar la hoja para ver lo que hay escrito. Emito un leve ruido con los labios e inmediatamente él me mira. Hago un gesto preguntándole qué está haciendo y él sonríe negando con la cabeza. A continuación le digo “suerte” moviendo los labios y él me guiña un ojo. —Podéis darle la vuelta a los exámenes. Tenéis cincuenta minutos desde ya. Le doy la vuelta al examen, suelto un suspiro profundo, leo las preguntas y frunzo el ceño ante ellas. ¿Qué es esto? Vamos Annie, concéntrate, sé que puedes, dice la voz de mi conciencia. Y sin más, me pongo a escribir lo que empieza a salir de mi mente. *** El timbre suena, con lo cual significa que el examen ha finalizado. El profesor nos ordena que dejemos los bolígrafos sobre las mesas y los va recogiendo mesa por mesa. Justo antes de irse nos informa que en la próxima clase tendrá los resultados. —¿Qué tal te ha salido el examen? —pregunta mi amiga a mí lado mientras me dedico a guardar el estuche. —¿Alguna vez te ha pasado que empiezas a leer las preguntas, las lees y te suena a c***o? —Madison asiente —. Pues eso mismo me ha pasado en este examen, pero poco a poco más cosas me han ido saliendo. —Vamos, que este examen está más que superado —dice Madison con una sonrisa. —Sinceramente, no lo sé. Madison y yo salimos de clase y nos dirigimos a nuestras taquillas. Una vez la abro cojo mi mochila con la ropa que llevo dentro para realizar la clase de educación física. —¿Sabes? Caleb me ha estado ayudando con el examen y… hemos hecho un pacto —digo cerrando la taquilla. —¿Pacto? ¿Qué clase de pacto? —Me ha confesado que le gusto y que si apruebo el examen le gustaría conocerme más y… —Mas te vale que hayas aprobado —me apunta con el dedo y suelto una carcajada. —Sinceramente yo también espero haber aprobado. Pero, ¿sabes qué? Si suspendo me da igual porque lo quiero seguir conociendo, aunque con la aparición de su ex novia me siento algo insegura. —Ya, te entiendo, pero no deberías preocuparte por eso. Después de que Susy le dejase, empezó a salir con Callum. —Pero fueron novios Madison y dónde hubo fuego siempre quedan cenizas. Me da miedo que cada vez me guste más y más. Ya lo pasé mal en mi antiguo instituto por un chico y no me gustaría que me volviesen a hacer daño. —Te comprendo más de lo que crees, Annie. Una hora más tarde, la clase de educación física finaliza y el profesor se retira del gimnasio. De repente visualizo a Susy viéndola subirse a uno de los bancos que hay en el gimnasio. —¡Chicos, por favor! —dice pegando varias palmadas atrayendo la atención de la gente —Antes de marchaos quiero deciros que el viernes por la noche voy a montar una fiesta en mi casa. Quiero celebrar que después de un año estoy de vuelta con vosotros. No podéis fallar ninguno. Mis compañeros de clase aplauden. Susy baja del banco y se dirige rápidamente hacia Caleb ya que está saliendo por la puerta del gimnasio. —¿Tú vas a ir? —le pregunto a Madison. —No lo sé, no lo creo. —De eso nada —interviene Matt —, tenéis que venir las dos, ¿no es así, Jackson? —Por supuesto —afirma él. —Si no queréis ir tampoco pasa nada, no creo que hagáis mucha falta ninguna de las dos —dice April mirándonos con hipocresía. —¿Y tú si vas a hacer falta? —digo yo —Ah, sí, para menear tu pompón —hago un gesto de burla como si llevase pompones en las manos. Los chicos se ríen ante mi comentario y April se va fulminándome con la mirada. *** Después de acabar las clases, llego a casa. El olor a pollo invade mis fosas nasales y me doy cuenta de que tengo hambre cuando mi estómago empieza a rugir. Cuando entro en la cocina visualizo a mi tia agachada abriendo el horno. —Qué bien huele. —¿Verdad? Esto está casi listo —mi tía cierra la puerta del horno —. ¿Qué tal las clases? —Bien. Hoy he tenido un examen, a ver qué tal sale —suspiro. —Seguro que bien —dice mi tía lavándose las manos en el fregadero. —¿Sabes tía? Creo que voy a dejar el trabajo del cine. —¿Cómo es eso? ¿No te sientes agusto? —No es eso —cruzo los brazos —. Me he dado cuenta de que no llego trabajando en el cine. Hoy he hecho un examen en el que tan apenas he estudiado y no sé cómo me habrá salido. No quiero jugármela, es el último año y necesito nota. —Annie, te dije que no hacía falta que trabajaras. Yo te puedo dar una paga y tu padre también. —Lo sé y gracias por eso pero no quiero. Me buscaré otro trabajo que sean menos horas pero tengo que dejarme este porque sino, no voy a llegar. —Te comprendo. —Hoy hablaré con mi jefa —digo totalmente decidida mientras mi tía asiente detenidamente. —La comida está lista —dice mi tía sacando el pollo del horno. —Voy a dejar mis cosas arriba y bajo enseguida. Cuando dejo la mochila en la habitación decido soltarme el pelo dejando el coletero sobre la mesa. Sacudo un poco la cabeza haciendo que mi pelo se posicione, cojo una pinza y me la coloco sobre el pelo para que no me vaya todo a la cara. Justo antes de bajar le mando un mensaje a mi padre preguntándole si sabe algo de mi madre. Solo espero que esté mejor. Espero. *** Hoy por fin es viernes, lo que significa que nos darán la nota del examen que hice el otro día y, aparte, hoy es el segundo partido de baloncesto y para colmo, hoy es la fiesta en casa de Susy. Después de ducharme, asearme y vestirme bajo a la cocina. Observo a mi tía sacando de la tostadora unas cuantas tostadas poniéndolas en un plato. —Buenos días —digo animadamente. —Buenos días —dice mi tía sentándose —. Annie, ¿puedes coger tu la mermelada para las tostadas? —Claro. Abro el armario de la despensa y justo cuando tengo la mermelada en las manos, el timbre suena. Una vez dejo la mermelada sobre la mesa me dirijo hacia la puerta y cuando la abro me encuentro a Caleb y sin su gorro puesto. —Hola Annie, buenos días —sonríe pero parece, ¿nervioso quizá? —Buenos días, ¿todo bien? —Si si, todo bien. Solo quería saber si tenéis leche y tostadas, mi tío no ha ido a la compra y pues… —Claro, pasa. Me situo a un lado para que Caleb pueda pasar. Cuando nos dirigimos a la cocina mi tía le saluda levantándose y le da dos besos, a continuación me guiña un ojo y yo me limito a poner los ojos en blanco. —Caleb me ha pedido tostadas y leche pero estoy pensando que se podría quedar a desayunar. —No no, lo que menos quiero es molestar —sonríe negándose. —De ninguna manera, tú no molestas. —Pero… —mi tía le interrumpe. —Te quedas y ya está. —¿Y tú tío? —le pregunto. —Mi tío no está. Caleb me ayuda a poner las cosas sobre la mesa y mientras mi tía se pone a fregar platos y vasos. —Annie, ¿has hablado ya con tu jefa? —Sí. Mañana por la tarde es mi último día de trabajo. No me lo quiero dejar pero no tengo otro remedio. —Lo primero es lo primero Annie —dice mi tía de una forma como si estuviese viendo a mi madre regañarme en estos momentos —. ¿Y con latín qué vas a hacer? —No lo sé —suspiro frustrada —. Quizá me vengan bien unas clases particulares. —Yo si quieres me ofrezco a ayudarte —dice Caleb cogiendo su vaso de leche dándole un trago. —No creo que sea conveniente, gracias Caleb —dice mi tía. —¿Por qué no? —pregunto frunciendo el ceño. —Porque haríais de todo menos estudiar. —¡Eso, eso no es cierto! —protesto pero el fondo me estoy muriendo de la vergüenza. —Ya hablaremos de ese asunto. Mientras tanto acabar de desayunar sino llegaréis tarde. Mi tía nos deja a los dos en la cocina. Noto la mirada de Caleb sobre mi, así que no tardo en mirarle y ambos nos reímos. —Que conste que sería un buen profesor. —Eso lo sabremos cuando nos den la nota del examen —me río. —¿Se puede saber qué le has contado a tu tía? —pregunta divertido. —Nada pero hablaré con ella —digo levantándome mientras recojo lo mío. —No sé qué concepto tendrá de mi pero yo para las cosas serias soy serio —dice dejando las cosas en fregadero —. Eso no quita que si te portas bien obtengas algún premio —susurra tocando mi mano haciendo que todo mi brazo se electrifique. —No corras tanto Sprouse, todavía no sabemos la nota del examen —sonrío de lado secando las cosas. —¿En qué clase de recompensas estás pensando tú? Yo estaba pensando en darte un chicle —ríe, hago un ovillo con la mano, cojo algo de agua tirándosela provocando que se ría. *** Mientras el profesor se acomoda en su sitio: quitándose la americana, colgándola, sacando su pequeño ordenador… Y justo cuando saca una carpeta azul anunciando que va a sacar los exámenes, mi corazón empieza a latir más fuerte contra mi pecho y las manos empiezan a sudarme. Madison me mira completamente nerviosa mientras se muerde la uña del dedo pulgar y yo, mientras tanto, me limito a mover mi pie intranquila. —Antes de repartir el examen os tengo que comunicar que ha aprobado más o menos la mitad —las murmuraciones se propensan en el aula —. O estudiais más vosotros o quizá tenga que cambiar mi método para explicar —el profesor suelta un suspiro mirándonos a todos con decepción —. Solo os digo que si no entendeis algo me lo hagáis saber. No solo me pagan por explicar sino también para que entendais las cosas e intentéis ser alguien el día de mañana. A mí no me vale que os estudiéis algo del libro de memoria palabra por palabra, lo que quiero es que lo entendáis, ¿de acuerdo? En clase todos asentimos y entonces empieza a repartir los exámenes por orden de lista. Cuando llega el mío la felicidad invade enseguida mi cuerpo al ver que he aprobado por los pelos. Intento controlar la emoción que siento, giro la cabeza mirando a Madison con cara de decepción, ella forma sus labios en una fina línea. Giro la cabeza al otro lado encontrándome con un Caleb impaciente. —Nada… —murmuro muy por lo bajo. Justo cuando miro mi examen intento no reírme ante la mentira que he soltado y cuando visualizo mi nota completamente feliz pienso que no puedo volver a jugármela y sé que he hecho bien en dejarme el trabajo. En California no solía sacar esas notas, era de notables y si me esforzaba podía sacar más. Recuerdo cuando se empezó a formar tanto tormento en mi casa por mi madre, me pasaba las tardes completas estudiando en la biblioteca. Así no pasaba tiempo en casa y al estudiar y estar con la cabeza centrada en otras cosas, podría evadirme de la realidad. ¿Qué será de Elena? Hace más de una semana que no hablo con ella y la echo de menos. Ella me ayudó mucho en esa mala época y al no hablar con ella, me siento un poco desagradecida. —¡He sacado un nueve! ¿Os lo podéis creer? —dice Peter emocionado. —Enhorabuena —digo yo con una sonrisa. —No te pases mucho Peter, Annie ha suspendido. —¿Quién te ha dicho que he suspendido? —mis dos amigos se miran sorprendidos y después me miran a mí. —O sea que la media hora que Caleb estuvo contigo en la biblioteca te ayudo, eh —interviene Jackson. —La verdad es que sí —asiento. —Jackson, ¿qué tal llevas el partido? —Genial pero ahora me voy a entrenar. —¿Te saltas esta clase? —pregunta Madison esta vez. —Y las que quedan. —No deberías… —responde ella. —Me encanta que te preocupes por mí Mad pero tenemos que ganar este partido, además sé que me dejaras tus apuntes, confío en ti —dice guiñándole un ojo —. Os veo en el partido chicos, no me falléis. Jackson sale rápidamente del aula e inmediatamente le mando una mirada inquisitiva a Madison. —Ni se te ocurra decir nada de lo que estás pensando —dice caminando hacia la salida. —Estaba pensando en mi aprobado —digo siguiéndola hacia las taquillas. —Ya ya… *** A la hora del recreo le digo a Madison que me espere en la cafetería ya que quiero ir un momento a la biblioteca. Cuando entro saludo a la profesora que está cuidando de la biblioteca en un breve susurro. Me dirijo hacia las estanterías y me pierdo en todos los libros que sobre ellas. Si pudiera me los cogería absolutamente todos. Empiezo a mirar una estantería para ver los libros que hay y cuando voy a pasar a otro pasillo para seguir viendo libros me encuentro de cara con el chico del gorrito. Me mira de una forma graciosa y yo respondo a su mirada alzando una ceja. —Me ha dicho un pajarito que finalmente has aprobado el examen. —Sí. Te lo quería decir pero antes quería decirte una mentira piadosa. —Aha —dice dando un paso hacia delante —. Sabes qué quiere decir eso, ¿no? —Sí, sé lo que quiere decir. —Bien. ¿Quieres venirte conmigo esta tarde para venir juntos al partido? —Está bien —alzo ambas cejas. —Nos vemos. Caleb me da un beso muy rápido en la comisura e inmediatamente. Antes de marcharse me lanza una mirada que me remueve todo y se marcha dejándome completamente alucinada. *** Una vez bajo de la moto de Caleb le doy el casco de la moto. A continuación él se quita el suyo, se coloca el gorro y coge su mochila. —Annie, ¿te sigue interesando trabajar? —Por supuesto, aunque menos horas pero me sigue interesando. —¿Te has fijado que dos calles más arriba del cine hay un café? —dice mientras iniciamos la marcha hacia el instituto. —Creo que sí —digo no muy segura. —Yo estuve un tiempo trabajando en ese café. El dueño es amigo de mi tío y si quieres, puedo hablar con él y contarle tu situación. —¿Enserio? ¿De verdad me harías ese favor? —Por supuesto. —¡Gracias, gracias! —digo totalmente emocionada, tan emocionada que le doy un abrazo. —Caleb, ¿podemos hablar un momento? —dice Susy apareciendo de repente con seriedad. —Claro. —Te veo dentro —digo e inició la marcha hasta dentro. Entro en el instituto caminando por los pasillos hasta que se repente una luz de flash en los ojos me deja completamente ciega. —¿Qué haces Peter? —digo poniéndome la mano a los ojos. —Haciendo fotos —dice haciéndome de nuevo otra foto. —Hazlas a la gente, no a mí y quita ese flash —digo poniendo la mano hacia delante para que no me ciegue más. —Aparta la mano, no es la primera vez que te hago fotos. Quito la mano mirándole algo sorprendida. —¿Eres una especie de acosador ahora? —Para nada, pero yo le hago fotos a todo lo bonito que veo —dice acercándose a mi como si quisiese seducirme. —Anda… tira —pongo mi mano en su pecho empujándole y él se ríe. Peter y yo nos dirigimos al campo de baloncesto y nos sentamos en una de las gradas. Cuando llegamos inmediatamente visualizo a Madison. Mientras la gente y los padres van llegando busco a Caleb con la mirada pero no lo encuentro. —¿A quién buscas? —pregunta Madison a mi lado. —A Caleb. Lo he dejado antes hablando con Susy pero ya no lo he vuelto a ver. —Ah… vaya. Giro la cabeza mirando atentamente a Madison. —Madison, ¿estás bien? —Oh, si si. Genial. —Chicas, ¿os hago una foto juntas? —dice Peter. —¡Claro! —responde Madison. Madison y yo nos acercamos más, sonreímos y Peter nos hace la foto. Diez minutos más tarde la voz de un hombre empieza a decir los nombres de cada jugador desde un micrófono. El último por salir es Jackson. —He besado a Jackson —murmura Madison de repente en mi oido. —¿Qué? —digo con la boca abierta. —¿Y sabes qué es lo peor? —al no tener una respuesta por mi parte, Madison prosigue: —Sigo igual o más pillada por él que antes.
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