¿Apostamos?

2849 Palabras
Por mas que leo y leo el enunciado del ejercicio de latín y por más que pienso no sé cómo hacerlo. Sinceramente, ojalá que el profesor tampoco venga mañana. No me gusta ir a una clase sin tener los ejercicios resueltos y hechos. Cuando miro la hora me levanto de la silla apresuradamente ya que tengo muy poco tiempo para cambiarme, prepararme las cosas en una mochila e irme y para colmo, mañana tenemos un examen del que no he abierto ni el libro. Sinceramente, esto se me está yendo de las manos. Justo antes de salir, le mando un mensaje a Caleb preguntándole si está en casa para ir juntos pero nada, no obtengo ni una sola respuesta. Poco después llego al trabajo encontrándome justo en la entrada a Caleb y Susy. Él nada más verme me sonríe y yo le devuelvo la sonrisa a medida que me acerco. Susy inmediatamente se percata de que estoy justo detrás. —Susy, no sé si la habrás visto en el instituto, es Annie Evans. Annie, ella es...—le interrumpo. —Susy, tu ex novia y la de Callum, ¿no? —Sí —afirma y sonríe… ¿falsamente? Miro de reojo a Caleb viendo su cara de asombro. —Eres nueva, ¿verdad? —Sí —respondo —, llegué hace poco a Italia. —Yo también he vuelto y de momento para quedarme —asiento detenidamente con una sonrisa. —¡Genial! Me voy ya dentro. —Enseguida te alcanzo —dice Caleb. Cuando llego y paso por la sección de las palomitas saludo a mis compañeros amablemente. Entro en el vestuario acomodándome bien la coleta y me pongo el uniforme. A través del espejo veo a Caleb entrar. —¿Qué tal en Verona? —Muy bien. Tú tío tiene una casa preciosa, muchas gracias de verdad —saco el labial rosa del neceser repasándome los labios. —Es genial. Yo voy en verano, nos solemos quedar unos diez días o así —asiento. —Por cierto, ¿qué tal Susy? —Sinceramente todavía estoy sorprendido de que esté aquí. —¿Y te agrada? —digo repasándome los bordes de los labios con el dedo índice. —Sí, claro. Me cae bien. —Madison me ha contado que fue tu novia y la de Callum. —Sí… —dice un poco sorprendido ante mi comentario —Pero eso hace mucho ya. Caleb se quita el gorro dejándome ver su pelo de color oscuro. Lo sacude y a continuación se pone la gorra para después arreglarse el mechón de pelo que le cae hacia la frente. j***r, ¿qué tiene este chico que tanto me encanta? —Por cierto, ¿qué tal llevas el examen de mañana? —Mal. No he abierto el libro y latín lo tengo atravesado. Por cierto, ¿cuál es mi puesto hoy? —Acompáñame y lo miramos. Asiento y salgo con él de los vestuarios. Caleb coge una hoja plastificada y lo mira mientras apunta con el dedo a una dirección en concreto. —Te toca abajo, en el pago de las entradas. —Bien. —Oye Annie, ¿te apetece quedarte a cenar a mí casa y te ayudo con latín? —No quiero molestarte. —Si me molestaras no te lo ofrecería —sonríe. —Está bien —le dedicó una sonrisa y me marcho hacia abajo. Unos minutos más tarde de finalizar nuestra jornada laboral, Caleb y yo llegamos a su casa. Nada más entrar empiezo a mirar alrededor en busca de su tío. —Si buscas a mí tío no está —Caleb me mira con cierta diversión. —Oh, vale —me río. —¿Qué te apetece para cenar? —Lo que sea, me da igual. —¿Te apetece una hamburguesa? —dice mirando el congelador. —Claro. —Puedes sentarte en el sofá y poner la televisión si gustas. —¿No quieres que te ayude? —No, gracias. Entro en el salón y me siento en el sofá. Cojo el móvil y le mando un mensaje a mi tía diciéndole que cenaré con Caleb en su casa. Mi tía como respuesta me manda un guiño. Mientras escucho a Caleb hacer la cena me levanto del sofá dirigiéndome a las fotos que hay sobre los muebles ya que me han llamado la atención. Hay una foto en la que Caleb y Callum están junto a la catedral de Milán y por lo que puedo percibir tienen que tener unos quince años o así. Callum viste unos pantalones vaqueros con un jersey azul y el pelo lo tiene perfectamente engominado hacia atrás; mientras que Caleb lleva unos pantalones vaqueros rotos, una camiseta normal y una chaqueta vaquera sobre ella y el pelo desordenado. Son iguales pero al mismo tiempo completamente diferentes. Cojo la foto dándome cuenta de que Callum tiene justo un lunar en el labio superior mientras que Caleb tiene dos en una mejilla y en la otra tres. Ese punto es justo el que destaco entre ellos. Cuando Caleb me avisa de que la cena está hecha le ayudo a poner la mesa. Cenamos tranquilamente mientras él me cuenta cosas sobre el instituto hasta que lo recogemos todo. Poco después él baja con sus libros dejándolos sobre la mesa. Paso las hojas de los libros echando un vistazo lo que no entiendo y cuando pongo la primera página del tema y le digo que empiece suelta una risa al darse cuenta de que realmente no entiendo nada. Empieza a explicarme y intento prestar atención pero no puedo; mi mirada en vez de ir al libro va a su rostro, en especial a su perfil. La forma que tiene de expresarse, de explicarme las cosas para que las entienda. Sacudo la cabeza disimuladamente y vuelvo a poner mis ojos en el libro. —¿Lo has pillado? —pregunta esta vez mirándome. —Sí, claro —digo cómo si estuviese totalmente segura de mí misma. —Bien, pues haz este ejercicio —dice enseñándomelo con el dedo índice —. Te dejo esta hoja y este lápiz. Empiezo a leer el enunciado y al no entender nada miro hacia arriba leyendo la explicación para hacer el ejercicio. Nerviosa, hago el intento de escribir algo pero al no saber qué escribir me muerdo el labio. Hago de nuevo el intento de escribir y escucho la risa del chico que tengo justo delante de mí. —¿De qué te ríes? —ladeo la cabeza curiosa. —De que sé que no has entendido nada. ¿Por qué no me dices que te lo vuelva a explicar? —Lo siento pero no estoy centrada —suelto un suspiro dejando el lápiz en la superficie de la mesa. —Ya me he dado cuenta. Caleb me mira intensamente, de una forma que me intimida muchísimo y que hace que sienta como si algo se moviese en mi estómago. De repente, pone su brazo en la mesa y poco a poco lo va estirando hasta llegar al dorso de mi mano. Con su dedo índice, Caleb traza círculos sobre el dorso pero sus caricias se vuelven algo más intensas cuando llega a mis dedos mandándome miles de descargas eléctricas. Mi cuerpo reacciona ante su tacto e instintivamente, entrelazo mis dedos con los suyos. Caleb aparta su mano de la mía, se levanta inclinándose sobre la mesa acercándose cada vez más y más. —Caleb —murmuro. —¿Qué? —dice a escasos centímetros de mi rostro intimidándome. —Que nos hayamos besado no quiere decir que yo sea de esas. —Lo sé, sé que no eres de esas. —Estas muy cerca, ¿lo sabes? —digo humedeciendo mis labios. —¿Acaso tienes miedo? —la mirada de Caleb desciende justo en mis labios. —¿Y tú? ¿Tienes miedo? —digo aproximandome unos centímetros más. —Yo no tengo miedo a estar cerca de ti y me encantaría acortar esta distancia. ¿Quieres tú? Sé que nos hemos besado ya dos veces pero no quiero dárselo todo hecho. Necesito ver de él, necesito ver reacciones en él y sobretodo desde la llegada de Susy. Ya me la jugaron una vez y ya no más. Ningún chico me hará daño de nuevo. Acorto la poca distancia que queda entre nosotros y dejo mis labios sobre su mejilla de una forma tierna. —Yo ya he cortado la distancia —susurro en su oído viendo como traga saliva con dificultad. *** A la mañana siguiente, cuando el despertador suena, me doy cuenta de que estoy en la cama, con el libro de la asignatura que hoy mismo tengo examen, con una hoja y un bolígrafo ya que intente anoche hacerme un esquema y me doy cuenta de que me dormí así. Suelto un profundo suspiro frotándome los ojos con los dedos y me voy directamente a la ducha, necesito espabilarme. Madison pasa a recogerme con su madre en el coche. Cuando llegamos al instituto su madre nos dice que podemos bajar ya que va a buscar un aparcamiento. —¿Qué tal llevas el examen? —Fatal. Creo que me voy a saltar las siguientes clases y me voy a la biblioteca. ¿Me podrías pasar los apuntes? —Sí pero… ¿No crees que deberías plantearte dejarte el trabajo? Date cuenta de que no llegas Annie… —formo mis labios en una fina línea —. Pasado mañana tenemos examen de economía, ¿lo recuerdas? —Mierda… Lo había olvidado. —Y hoy el profesor nos dirá lo que puede caer en el examen —añade Madison. —Bien, iré a esa clase —concluyo. —Y piensa bien lo que te he dicho. Puedes buscarte un trabajo para fin de semana únicamente. —Lo voy a pensar, gracias —sonrío. —Te veo luego. Madison se desvía hacia clase y yo me desvío hacia la biblioteca. Quizá tenga razón y no me compensa el trabajo del cine y tenga que buscarme un trabajo aunque sea los fines de semana. Tengo que estar al día con las asignaturas ya que este año depende mucho mi nota para poder entrar en la carrera que quiera. Caleb Sprouse Estaciono la moto a dos calles del instituto. Me quito el casco, me coloco bien el pelo y me pongo el gorro sobre la cabeza. A pocos metros de mi veo a Jackson bajar del coche de su madre. Él inmediatamente me visualiza y se acerca a mí con una sonrisa. —Hola tío —me saluda chocando su mano con la mía. —¿Qué tal llevas el examen? —Bien. Anoche me puse a estudiar y estuve hasta las tres de la mañana o así y no me ha dado tiempo a tomarme un café —me río por la cara que hace y empezamos a caminar en dirección a la entrada. —Más estudiar y menos entrenar. —Ni de coña, la semana que viene tenemos el siguiente partido y hay que ganarlo. —Y lo vas a ganar —digo dándole pequeñas palmadas en el hombro mientras el chico de ojos verdes sonríe de lado. —¿Qué tal lo llevas tú? —Bien, bien… —Tú a mí tienes algo que contarme —me señala con el dedo. —¿Yo? ¡No! —¡Oh, vamos! —dice quitándome el gorro. —Dámelo Williams —digo con la risa en la garganta. —Hasta que no me lo cuentes no, además, te ves mucho más guapo así —dice guiñándome un ojo. —Anoche después de trabajar, Annie se vino a mi casa, se quedó a cenar y le estuve ayudando con latín. —Ya ya… ayudando —dice con ironía e inmediatamente le arrebato el gorro. —Estuve tan cerca Jackson… —lamo mis labios —Pero finalmente me dio un beso en la mejilla. Me dijo que por más que nos hayamos besado ya, ella no es como las demás. ¿Qué demonios? Yo sé que no es como las demás, por eso me gusta —¿lo he dicho en voz alta? —¡Ohh! Caleb Sprouse diciendo que le gusta Annie —Jackson se detiene aplaudiendo. —Oh, cállate —Jackson ríe —. El caso es que yo no sé si tendrá miedo a empezar algo o es que no le gustare lo suficiente… —niego con la cabeza. —¿Y qué hay con Susy? —Con Susy no hay nada —frunzo el ceño mientras que mi amigo alza una ceja —. Te lo digo enserio, lo de Susy ya pasó, no siento nada por ella. El timbre suena así que entramos en el instituto adentrándonos en los pasillos. —Quizá al aparecer de nuevo tu ex novia Annie sienta inseguridad. Deberías hablar con ella, conocerla, saber lo que siente, cómo es porque quizá en un pasado le hicieron daño o nunca ha tenido novio. Nunca se sabe. —O quizá quiera ir despacio —apunto. —Las chicas siempre están mandándonos señales pero a veces no nos damos cuenta. Queda con ella, intenta conocerla más y cuando sepas más o menos por dónde van los tiros, haces una cosa u otra —asiento detenidamente —. Pero no seas tonto porque aquel de allá también está interesado en ella, solo hay que ver cómo la mira —murmura Jackson mirando a Peter. Cuando entro en clase voy a mí sitio dejando mi mochila sobre la mesa. Frunzo el ceño al darme cuenta de que Madison está en su sitio pero Annie no está por ningún lado. —Madison —digo llamándola y ella inmediatamente se gira —. ¿Dónde está Annie? —En la biblioteca estudiando para el examen. Asiento detenidamente hasta que alzo la vista visualizando a April y a Susy entrando a clase entre risas. Nada más verme me saluda haciéndome un gesto con el brazo, mientras tanto yo me limito a alzar levemente el rostro en modo saludo. El profesor entra en el aula dándonos los buenos días. Se acomoda sobre su mesa dejando sobre ella el ordenador portátil. Nos indica la página en la que nos quedamos en la siguiente clase y empieza a dictarnos los apuntes. Cuando empieza a explicar lo que nos ha dictado, mi mirada se desvía a la mesa vacía de Annie. Jackson tiene razón, tengo que conocerla más, quedar con ella y la verdad, doy gracias de que seamos vecinos, porque gracias a eso, estoy más cerca de ella. Annie Evans Leo una y otra vez el párrafo que me he resumido en un folio en blanco. Cuando lo tengo leído varias veces intento repetirlo desde mi mente, pero no, no se me queda. Mierda, voy a suspender este examen. —Al final no has venido a economía. La voz susurrante de Caleb sobre mi oído hace que mi cuerpo de un pequeño salto en la silla. Caleb se traslada justo delante de mí. Miro la hora y efectivamente, me he saltado esa hora. —Madre mía, me he concentrado tanto que se me ha ido la hora. ¿Ha dicho lo que entrara para el examen? —Sí, nos ha dicho más o menos lo que puede caer. —¿Me lo puedes decir, por favor? —cojo la mochila sacando el libro. —Tranquila Annie, no te agobies. —Lo estoy. Voy a suspender este examen —suspiro frustradamente. —Ya verás como no —Caleb coge una silla de una de las mesas y la pone justo delante de mí para poder sentarse —. Voy a ayudarte en esta media hora de recreo. —¿Crees que en media hora voy a poder aprenderme esto? —sonrío con ironía. —Por supuesto. —Ni de coña. Puede que a muchos le funcionen pero a mi no. —¿Apostamos? —sus ojos azules miran los míos ahora. Paso la lengua por mi labio inferior y a continuación lo muerdo. —Lo que quieras —trago saliva. —Si suspendes seremos únicamente amigos y si apruebas, voy a cortar con esta pequeña distancia que hay entre nosotros. —¿Pequeña? —sonrío. —Sí —sonríe. —¿Qué pretendes, Caleb? —Pretendo conocerte, saber quién eres. No sé en qué momento ha sucedido pero me gustas Annie —mi corazón bombea fuertemente contra mi pecho —. ¿Me permites conocerte y estar cerca de ti? —Sí —respondo en un susurro y totalmente convencida de ello. Media hora más tarde, el timbre suena, eso quiere decir que el recreo ha finalizado y que me toca enfrentarme a ese examen de economía al que le tengo muy poca fe. —¿Preparada Annie Evans? —¿Sinceramente? No —Caleb se ríe ante mi comentario. —Puedes hacerlo. —Gracias —sonrío. Caleb y yo empezamos a caminar por el pasillo mientras nuestras miradas cómplices coinciden y ambos sonreímos.
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