Maldito estafador

1325 Palabras
Había hecho una increíble hazaña. Lydia en ningún momento soltó su bebida, tenía un delicioso coctel que ese fantástico barman le había preparado. El hombre hacía nacido en República Dominicana y su talento lo había desarrollado en hoteles de lujo, y sí que era verdaderamente un gurú de los cocteles, Lydia no podía desprenderse de él, ni de sus preparados.  No podía soltar esa copa y el estúpido ramo de diseñador, no le importaba mucho, a estas alturas, tenía la sospecha de que no se casaría pronto, aunque toda su familia la habían acosado con miles de interrogantes sobre una futura y próxima boda con Trevor, su “novio falso” esos buitres exigían boda, aunque estuvieran en una, eran una verdadera alimaña. Un alboroto de suscitó, las amigas de Lindsay parecían verdaderos tiburones desesperados por obtener ese hermoso ramo, estaba confeccionado de flores exóticas y había costado al menos, unos miles de dólares. Su hermana se subió a una silla para darle mayor fuerza a su tiro. Sonaba una escandalosa música de fondo. Las mujeres estaban extasiadas y totalmente frenéticas, una verdadera locura, se empujaban entre ellas como si fuera rebaja de “Black Friday” en una tienda departamental. Al parecer, todas estaban muy desesperadas por casarse, inquietas por obtener esa leve esperanza que ese supersticioso ritual les otorgaba, que ese ramo les daba. –¡Ahí va, chicas! –chilló la rubia recién casada y lanzó el cúmulo de flores. La trayectoria del objeto, formó un arco suspendido en el aire. Los gritos se hicieron más fuertes.   Lydia despabiló, alzó la mirada, no estaba dispuesta a soltar su bebida, era una deliciosa margarita que tenía el punto exacto de alcohol y sal, no se esforzaría mucho por ese objeto, se mantuvo en su sitió y simplemente… extendió la única mano que tenía libre, entonces de un fantástico movimiento, cogió el ramo. Las chicas a su alrededor, gritaron impactadas y un reflector la enfocó de manera sorpresiva. Estaba anonadada. ¿Lo había conseguido? No podía creerlo. Todo se veía tan sospechoso. Logró huir de la persecución de sus tías y primas que afirmaban que ahora, tendría que casarse, pero la verdadera pregunta era ¿Con quién? –¡Lydia, eso fue increíble, logré grabarlo! –gritó su madre totalmente emocionada y le enseñó el video de ella cogiendo el ramo sin soltar su bebida, una verdadera hazaña que había quedado inmortalizada. –Lo subiré a mi cuenta en “Tik tok,” se hará viral –argumentó su madre excitada. –¿Tienes “Tik tok”? ¿¡Cuántas r************* tienes en ese celular!? –cuestionó totalmente sorprendida por la habilidad tecnológica de su madre. –¡Todas, cariño! ¡Soy una mujer moderna! –afirmó. Ahora entendía Lydia porque necesitaba un celular de alta gama, necesitaba un aparato que soportara tanta exigencia de aplicaciones y “gadgets”. Fue directamente hacia su barman favorito, quien aduló su hazaña también. Ahora, no estaba sola, eran ella y ese hermoso compendio de flores. –Un gran ramo, conlleva una inmensa responsabilidad, Lydia –afirmó una exquisita voz que se había acercado lo suficiente para susurrarle al oído. Ella solo se carcajeó. –Lindsay hizo trampa, lo tiró hacia mí –explicó. –Ahora debes casarte…–sugirió él. –No tengo con quien –se encogió de hombros. Ambos sonrieron. –¿Me contestarás lo que te pregunté hace rato? –estaba eufórica por la emoción del ramo, su corazón latía con fuerza y aún tenía ese dejo de valentía en su sangre, por eso continuaba alcoholizándose. Él sonrió de manera encantadora, tenía una sexy sonrisa. –Lo haré. Pero primero contéstame tú…–se talló el mentón –¿Qué tan cierto es ese rumor que escuché ayer de que sentías algo por mí en la universidad? –cuestionó de una forma tan perspicaz. “Maldito estafador”. Pensó ella. Parecía que tampoco se quería arriesgar a perderla, por eso había preguntado por un hecho del pasado. –Margaret… –demandó mientras refunfuñaba entre dientes, seguro había sido su prima regordeta que justo ahora, bailaba de manera graciosa con un escandaloso vestido amarillo. Esa mujer era indiscreta, escupía por muy poco, información muy comprometedora y en este caso, vergonzosa. –Dime Lydia…–le llamó Trevor, tenía una deliciosa sonrisa en sus labios. Estaba muy herida, ninguna relación suya había funcionado. Quería decirle lo que sintió en el pasado y lo que sentía ahora, pero con su tonta suerte lo más probable es que todo se fuera al caño y no solo eso, sino que temía perder a Trevor, su amistad y esa sensación de él al besarla, no importaba si era un juego. Esta vez, sentía que estaba más propensa a perder mucho más de lo que pudiera ganar. La miraba fijamente a los ojos; ese par de cuencas azules, eran su mejor verdugo a la confesión de sus pecados. –¿Lydia, podemos bailar? Es una tradición que la dama de honor y el padrino bailen al menos, una pieza, es símbolo de buena suerte para los novios –una voz con un fundamente estúpido, pero finalmente, bastante pensado y fluido había emergido a sus espaldas. Ambos giraron. Trevor hizo un gesto inquisidor, estaban en un momento de severa tensión, una aclaración de sentimientos. Trevor estaba a punto de sujetar a Lydia y alejarla de ese idiota que había perdido su oportunidad… –¡Sí, claro! –exclamó la chica sosteniendo la mano de su exnovio: Gareth, de prisa, salieron de ahí. ¡¿Qué estaba haciendo?! ¡Lydia! ¡Prefirió salir corriendo de la confrontación de sus emociones por Trevor! Y estúpidamente… había aceptado una invitación a bailar con su idiota exnovio. –Te ves muy hermosa, Lydia –llamó el hombre con barba de candado y ojos marrones porque, aunque estuvieran bailando juntos, ella parecía no quitar la mirada del alto hombre de ojos azules que se había quedado a orilla de la pista de baile y que la miraba fijamente, vigilándola a lo lejos. –Lydia… –llamó Gareth mientras sujetaba su cintura con delicadeza. –Sí, sí tu igual –añadió ella de manera mecánica. La forma en la que Trevor le miraba a la lejanía, era sin duda, estremecedora, sentía que la estaba devorando con los ojos y también, que estaba ardiendo de celos por su rebeldía de haberle dejado plantado ¿y sí él si tenía sentimientos románticos por ella? La idea le enloqueció el corazón. La canción concluyó. Y ella decidió salir de ahí. Estaba arrepentida de abandonar a Trevor y se sentía incómoda de estar con Gareth en ese momento. –Lydia –le llamó Gareth y la jaló del brazo. –Déjame ir Gareth, vuelve con tu novia –exclamó de manera brusca mientras intentaba soltar su agarre. Porque ese acto de mantenerla con él, debió hacerlo meses atrás en esa escandalosa escena en su departamento, no justo ahora, que extrañaba con desesperación el tacto de Trevor. –Ya terminamos –respondió–Solo le pedí que venga para darte celos. Desde hace meses quiero llamarte…–confesó el hombre. –¿Qué? –cuestionó ella totalmente sorprendida. No esperaba esa respuesta de él. ¿Estaba en sus cabales? –No tenía el valor de hacerlo, y ahora, verte aquí tan hermosa y con ese tipo, me vuelve loco…–afirmó acercándose a ella. Redujo el espacio lo suficiente e intentó besarla de manera inesperada, pero ella dio un paso atrás, esos no eran ni de cerca, los labios que quería degustar. –Qué lástima. Ahora, no estoy disponible –detuvo sus intentos de acercarse a ella y salió de ahí. Después de probar la dulce boca de Trevor, no se le antojaba ni de broma besar a Gareth. Qué perspicaz, nadie lo rechazaba de esa forma tan brusca, la observó irse. Él no se rendía fácilmente
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