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1895 Palabras

LEYLA Abro los ojos deprisa, y veo como me observa con detenimiento, examinando cada movimiento que hago. Suspiro pesadamente. Mi mente se ha ido, ha imaginado como lo besaba, como chocaba mis labios contra los suyos y me dejaba llevar. Y está mal, muy mal. Este individuo no puede hacer nada en mí, me niego. No quiero que me toque, no quiero que sus largos y tatuados dedos se paseen libremente por mi cuerpo, como ahora lo está haciendo. —Fuera, todos —ordena muy alto, para que los demás lo puedan escuchar —¡Ya! No, no, no. No quiero follar con él. Solo ha sido un error, de mi boca se han escapado esas palabras. En realidad, yo no quería decirlas. Ha sido mi instinto de venganza, yo no puedo hacer eso con él. No puedo. Todos salen disparados de la habitación, a excepción de una única

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