Su agarre y su forma de hablarme me hace sincerarme un poco, como si ella fuera la mujer maravilla y todo de ella fuese la soga de la verdad. Ella esboza una sonrisa y me hace sentir seguro. —Te esperaré el tiempo que sea necesario Ale —me dice y me impulsa a darle un beso. —Por eso te escogí, eres perfecta, me entiendes, me aceptas como soy, me obedeces, eres paciente y no me siento obligado a nada —digo mientras sigo dándole piquitos. —Lo que sea por mi papi —sujeta mis labios y mantiene el beso. Sus palabras me hacen sentir bien, pero ella no me ama, dijo que me tiene cariño, el mismo cariño que yo le tengo a ella. Aunque me niegue algunas veces, me gusta cuando se preocupa por mí… y ahora recuerdo cuando ella se me declaró y yo desaparecí por un tiempo de su vida. Admito

