Destinada

1464 Palabras

POV Víctor Desde joven he sabido cuidar lo mío, y que nadie debe codiciar lo que tengo. Sí, podrían llamarme egoísta, e incluso soberbio, pero eso no cambiaría en absoluto mi manera de pensar. Lo que era mío se respetaba. Lo que era mío no se tocaba ni se codiciaba, ni siquiera con el pensamiento. Y esas miradas y sonrisas que Luna había compartido con uno de mis empleados despertaron mi alerta. Podrían acusarme de muchas cosas, pero jamás de ser un idiota. En ese momento, tenía que dejar en claro que ella era mi prometida, pero, sobre todas las cosas, debía recordarle a Luna que sería mi esposa. ¿La deseaba? Por supuesto que sí. Yo no era de piedra, y estaba seguro de que, así como a mí, a otros hombres también les provocaba la misma sensación. Ojalá pudiera saberlo, para arrancarles

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