Capítulo 4.

3549 Palabras
El fin de semana había pasado rápido y con él la ansiedad y la angustia se hacía cada vez más grande, pero Alina sentía que ya era hora de enfrentar sus fantasmas para demostrarse a sí misma si en verdad, Marco se había convertido en cenizas en su vida. El no llevar a su hija al desfile está vez al desfile no era algo que estaba en discusión y aunque Michelle le reprochaba el único momento en el que podía disfrutar con ella, aunque sea para verla prepararse para la pasarela, ahora sentía que para su madre no era más que un estorbo y por eso la dejaba con Lara. Lo que Michelle no comprendía, era cómo si siempre su tía estuvo a su favor en cuanto a qué Alina no le dedicaba espacio de su tiempo y que por lo menos los desfiles le permitía compartir con ella, está vez estaba a favor de su hermana. Lo cierto era que ambas estaban cuidándola de la verdad y aunque Lara no estaba de acuerdo en seguir ocultándole, no podía interceder en la crianza de su sobrina. Después de todo ella no había pasado por lo que Alina y comprendía que ha de ser difícil que poder darle un final cuando lo que ves son pedazos de sueños rotos en cada esquina. - ¡Pero mamá! – Michelle le reprochaba el tener que quedarse en la casa cuando además de pasar tiempo con su madre, tenía el deseo de conocer Miami. - ¡Ya te he dicho que no puedo llevarte! – exclamó desesperada. - ¡Pero por qué! – la niña no podía comprender porque si siempre la acompaño, ahora resultaba que no podía. Ella conocía tan bien a su madre, que era evidente que algo sucedía y no se lo que estaba diciendo. - ¡Qué está pasando! – dice y ve como Alina y Lara se quedan en silencio y mirándose con culpa. - Michelle, amor. – su tía intenta calmar la situación pero era en vano. Michelle era lo suficientemente inteligente como para darse cuenta que algo estaban ocultándole. - ¡No tía! – Michelle se había cansado de que le escondieran cosas, de que cada vez que las hermanas se encontrarán para hablar, terminarán por guardar silencio cuando se acercaba hasta ellas. Estaba harta de que cada vez que quería, necesitaba saber para su madre ella era una niña y no estaba preparada para oír cosas d ellas que hablaban. Si había cansado. Cuando Alina tuvo a su hija a centímetros de su rostro, con esos ojos iguales a su padre, con esa expresión que recordaba muy bien y provocaba que su cuerpo se helada como un témpano de hielo. Ese desprecio en sus ojos calaban tan fuerte en ella que sin darse cuenta sus manos se hicieron un puño y su equilibrio comenzó a fallar, los movimientos involuntarios comenzaron a llegar y esa sensación de pánico la volvió a invadir. - Aléjate. – susurro sin sacarle los ojos de encima y aguantando los impulsos que la estaban envolviendo. - Michelle por favor vete a tu cuarto. – Lara se había dado cuenta que algo no andaba bien y no quería ni pensar en lo que podría desatarse ante sus ojos de un segundo a otro. Pero ninguna de las dos dejaba de verse en silencio. - Michelle, vete a tu cuarto.- más que una orden, era una suplica. Alina se conocía lo suficiente como para darse cuenta que el veneno la estaba consumiendo y que podría estallar en cualquier momento y no quería lastimarla. Michelle enojada, podía ser muy hiriente. Ella solo manifestaba lo que su corazón sentía en ese momento, porque pese a ser cruel el ser humano, mantenía firme la creencia de que todo lo que no dices, pro más doloroso que sea, te destruye por dentro y sus padres eran ejemplo de ello. - Hubieras preferido que esté muerta. – los ojos de Alina se abrieron como platos y Lara llevo su mano a su boca sorprendida por lo que su sobrina acababa de decir. – así como mi padre, para vivir una vida sin tener que fingir que te importa tu hija, cuando haces todo para lastimarla. – entonces, todo sucedió en cámara lenta. Alina sintió una presión en el pecho y ya no pudo contener la ira ni sus impulsos, elevó una de sus manos y le dio vuelta la cara de un cachetazo a su hija. Lara se sobresaltó, Alina no tenía reacción, solo miraba a su hija a quien acababa de golpear por primera vez y una Michelle que se quedó inmóvil, con sus ojos abiertos como platos sin expresión alguna. - Michelle. – musitó Lara haciendo a un lado a su hermana y toma el rostro, con ambas manos, de su sobrina para descubrir aquella marca roja en su rostro. Michelle se corre hacía atrás y luego de darle una última mirada de desprecio a su madre, se seca la lágrima bruscamente y golpea a su madre con lo único que tenía en sus manos. La palabra. - Esto era lo único que te faltaba. – y se marchó lentamente hacía su habitación. Aún no reaccionaba, seguía mirando hacía la dirección donde se había ido su pequeña y Lara no podía dejar de mirarla invadida por sentimientos entre el asombro, el enojo y la decepción. - Así no se hacen las cosas Alina. Así no. – y dejándola sola en el hall de entrada es que fue tras de Michelle. Y como si se tratase de un estado de inconsciencia es que poco a poco fue volviendo en sí y había caído en la realidad, en lo que le había hecho a su hija y necesitó salir, airearse porque si se sentía lejos de Michelle y luego de lo que hizo ésta no la perdonaría, menos lo haría ella misma. Se odiaba… se odiaba mucho. Cuando salió al jardín de su casa, se apresuró en llegar a la casa de muñecas, necesitaba volver a sentirse en ese tiempo en el que eran felices, en el que su pequeña sentía que la amaba y no ahora que le devolvía resentimiento y decepción y ella era la culpable de que se sintiera así. Ni bien ingresó, rompió en llantos y lo hizo como nunca lo había echo antes, como si en su cuerpo miles de recuerdos malos la azotaran y le hicieran revivir una y otra vez su vida. Cayó de rodillas al suelo, mientras se arrastraba hacia una de las esquinas, donde estaba lleno de fotografías de la niña a lo largo de todos estos años y se pregunto ¿en que momento se perdió su crecimiento? ¿en qué momento le había soltado la mano, la había dejado sola? - Permiso. – Lara sabía donde podía encontrar a su hermana. La escena que vio fue tan devastadora como aquella vez que asistentes sociales especializados en niñez y adolescencia, enviados por el juez llegaron a la casa Whitsen y ante la indiferencia de Marco, uno de ellos se llevó a Alex y otro a ella y ante gritos y desesperación desde el asiento trasero de los autos es que alejaron sus vidas y no supieron nunca más del otro. Su hermana estaba deshecha. No dijo nada y aunque se merecía que la regañara, no era momento de reproches ¿para qué hacer leña del árbol caído? Si su vida de por sí ya era un bosque de árboles talados, un mar desierto sin agua, sin vida y solo pudo cobijarla en sus brazos. Esa tarde, Lara había decidido llevarse unos días a Michelle a su casa, para que las cosas entre ella no se hagan más peores y tratar de que se suavice el asunto y así, con la cabeza fría poder hablar, pero su sobrina estaba tan dolida que lo que menos quería escuchar era el nombre de su madre. - Lamento importunarles tíos. – dijo apenada con su maleta en mano. - No te preocupes amor, sabes que puedes quedarte el tiempo que necesites. – le dice Matteo afligido. - ¡Dylan, acompaña a tu prima a tu cuarto que se va a quedar unos días con nosotros! – cuando el pequeño se va con su prima, Lara queda sola con su marido y basta observar la expresión de su esposa para darse cuenta que otra vez, sucedía el mismo tema y es que él consideraba que debía dejar en el pasado lo vivido con su ex marido y que los niños no tenían la culpa de los errores de los padres. - Otra vez volvió a lastimarla y lo peor es que le ha pegado. – le cuenta a su esposo lamentándose. Él apoya su mano en su espalda y la abraza, conocía la historia y aunque no preguntaba, sabía que era difícil para las dos. - Vamos a cenar, he hecho la cena. – ella le regalo una sonrisa forzada y fue a su cuarto a cambiarse la ropa de la clínica. En tanto Alina, había pasado toda la noche, llorando y mirando aquellas fotografías en la casita de muñecas, lamentándose lo que había hecho y sintiendo que toda su vida se estaba derrumbando, que las cosas se le estaban yendo de las manos y que necesitaba poder sacarse del cuerpo tanta pena y no sabía como hacerlo. La semana había transcurrido tan lenta y los días se le hacían pesados. Alina trabajaba esforzándose el doble para llegar agotada y poder conciliar el sueño, pero se le hacían largas las noches y a sabiendas que se había equivocado, no podía ser capaz de dejar su orgullo a un lado, de matar ese pasado y ser la madre que su hija necesitaba. - ¿estas bien? – pregunta Valeria sentándose junto. - Supongo que sí. – contesto retocando, por enésima vez su maquillaje, espolvoreando su rostro bruscamente. - Alina, tranquila. – le dice al mismo tiempo que le saca de la mano la brocha. – no quiero que hagas algo que no quieres o de la cual sientes que aun no estas preparada. – trata de que ella perciba su apoyo y la comprensión si es que no quiere asistir al desfile. - No sé por qué me dices eso. Yo estoy bien. – volvió a tomar una nueva brocha y repitió la misma acción que hacía segundos y Valeria volvió a sacarle la brocha. - No puedes seguir negando lo que sientes. Necesitas hablarlo, sacarlo porque sino terminara por destruir lo poco que hay en ti. – Al igual que Lara, Valeria sentía que ella necesitaba una ayuda psicológica una persona que la pueda escuchar sin juzgar nada de su pasado, siendo neutro en la historia, pudiendo mirarla desde otra perspectiva. Ella necesitaba esperanzas, necesitaba aferrarse a la vida porque poco a poco sentía que se le apagaban los días y tanto su hermana y su amiga temían que atentara contra ella misma. - Debes ir a ver a la psicóloga Alina, te hará bien. – Valeria le había recomendado su psicóloga, la misma que la había ayudado a enfrentar su sexualidad y no sentir vergüenza de su forma de amar. - Yo no estoy loca. – volvió a reaccionando de la misma manera en la que lo hacía, pero Valeria, esta vez no cortaría la conversación con lo mismo de siempre. Conocía su situación con su hija y no quería que las cosas sigan desmoronándose. - El que vayas no significa que estés loca, significa que eres fuerte y que quieres una vida diferente, una vida mejor y en paz. Necesitas perdonar. – entonces se levantó de golpe de su asiento y con enojo le reclamo. - ¿perdonar? ¡¿tienes idea de lo que sufrí cuando él hizo todo aquello?! ¡¿sabes lo que fue para mí enterarme que perdí a mis hermanos por su culpa?! ¡¿Qué tuve que vivir mi embarazo sola y encerrada?! ¡¡¿sabes lo que fue ir a parir esposada a la cama por su culpa?!! ¡¡¿tienes idea lo que fue para mi saber de su boca que, se arrepentía de conocerme, que negaba a nuestra hija?!! ¡¿y aún así quieres que lo perdone?!! ¡¡¿olvidar como me sentí todos estos años?!! ¡¡¿hacer de cuentas que no pasó nada, que si estoy sola es porque no tengo tiempo por el trabajo?!! ¡¡¿sabes lo que se siente respirar cada mañana cuando lo único que quiero es morirme?!! – Valeria lloraba a la par de ella al darse cuenta cuan rota estaba y que por más que intentara ayudarla ella no quería que nadie la salve… ella sentía que no merecía que la salven. Cuando Alina cayó de rodillas al suelo y de su boca salió un grito ahogado de dolor, Valeria no tuvo más que abrazarla fuerte y rezar porque algún día encuentre la paz que tanto necesita. Mientras Lara, Matteo y Dylan estaban jugando en el patio trasero de la casa un viento fuerte se levantó y cómo hacía frío para el niño, es que ella decidió ir a su habitación en busca de un abrigo para que no se enfermara el pequeño. Cuando se asomo a la puerta que estaba entre abierta, se llevó una sorpresa al ver a Michelle que se estaba cambiando la remera de espaldas y allí descubrió los hematomas y el quejido de dolor de la niña ya no le daban indicios, ya era un hecho porque algo tenía y había estado ocultándoselo a todos. Con lentitud abrió la puerta de la habitación y la niña se sobresaltó tomando inmediatamente una sábana para cubrirse el cuerpo. No quería que la viera en ese estado. - Déjame ver. – musita por lo bajo en shock. Y con miedo y lagrimas en los ojos, dejó caer aquel trozo de tela que ocultaba sus marcas. - A veces duelen. – dijo en un susurro conteniendo sus lágrimas y Lara dio los pasos que faltaban para ir abrazarla. Para Alina, la decisión de asistir al evento había sido muy difícil, pero no podía dejar de hacer las cosas que le gustasen por él y necesitaba convencerse a sí misma de que verlo le demostraría que aquel amor había muerto y entonces sí, estaría preparada para rehacer su vida. Ni bien llegaron al hotel donde se llevaría a cabo el desfile, Valeria y su staff de modelo se hospedaron en el quinto piso, en el ala A en tanto el staff de Luna Modells lo había hecho en el lado B pero como habían pasado muchos años y vivían en continentes diferentes no conocían las modelos que trabajaban para Marco, por lo que ninguno de los dos sospechó la presencia del otro a pocos metros. - Chicas, ya tenemos que bajar al salón de oro que en unas horas tenemos que salir a la pasarela. – informa Vanesa mientras ve como muchas de las chicas, para quienes era la primera experiencia en una pasarela como la Swin Miami Fashion Week y no era para menos, dado que las mejores y numero uno de la industria de la moda estarían allí. – vamos chicas, bajen que ya estoy con ustedes. – Alina observaba a través del espejo aquella mirada triste y aterrada y escuchaba como su cabeza le pedía a gritos que no tenía porque pasar por esto, que debía irse lejos, que debía enterrar de una vez por todas ese pasado. En tanto su corazón le pedía ser fuerte y valiente porque después de ese día probablemente su vida cambiaría. Pero lo que ella no sospechaba era que la misma, daría un vuelco por completo. Para Marco este desfile significaba mucho, dado que después de tantos años le habían dado la oportunidad de presentarse ante una pasarela tan importante como lo era la Swin Miami Fashion Week y aunque sentía una ansiedad inmensa por cruzarse a Valeria no debía permitir que el pasado lo vuelva arrastrar, porque al final de cuentas, ¿qué importa que Alina haya sido declarada inocente del fraude a la empresa, si después de todo eso no cambiaba el echo de que lo había traicionado ni mucho menos borraba todo aquello que se habían hecho? - Amor, saldré para el patio trasero hablar con Enrrique sobre el caso de Rivas. – Marco en verdad quería ser capaz de amar a Anna y hacerla feliz como realmente se lo merecía y pese a todo el tormento de estos últimos días, se había propuesto el poder recomponer su relación y fue por eso que se la llevó con él, aprovechando las vacaciones en las que se encontraba ella. Anna era tan responsable con su trabajo que, pese a que se había tomado unos días para estar tranquila, no podía desamparar a sus defendidos y menos a Rivas, una mujer que durante muchos años había sufrido violencia de genero por parte de su esposo y en una de las repetidas situaciones violentas pro parte de él, ella lo asesinó de ocho puñaladas en el cuerpo. Anna era un ejemplo de mujer y de profesional y nunca jamás, dejaría desamparada aquellos que la necesitaran. Además, era un trabajo que amaba. - Te veo en el salón de eventos. – y luego de depositar un sentido beso en sus labios se marchó, no sin antes decirle una cosa. – te quiero. – y el forzándose para no desilusionarla con su respuesta. - Yo también. – Se quedó unos segundos a solas, tomando una medida de licor, mientras miraba hacia la ventana y sentía la briza de la playa refrescar su rostro. Le hubiese gustado tanto el poder disfrutar ese momento de paz con Alina. El poder caminar a orillas del mar descalzos dejando como el agua nos corría y se volvía a unir al inmenso manto de agua. - Hubiera sido perfecto. – musito mientras imaginaba una puesta de sol a su lado. Con la mirada perdida en los movimientos de las olas que cada vez se hacían más y más abundantes es que los minutos comenzaron a pasar sin percatarse que ya iba llegando tarde, pero a él no le importaba, porque se encontraba hipnotizado por aquellas aguas que se asemejaban a su tristeza, porque ambas tenían inicio, pero cuanto más quisieras ir mar adentro, lo único que encontrarías sería agua y más agua. Así de igual es su tristeza en el cuerpo, que tiene principio, pero no final. De pronto, el sonido del celular lo saca de su ensoñazón y al tomar la llamada se dio cuenta del horario. Estaba llegando tarde. - Amor, esta por comenzar el desfile. – le avisó Anna al ver que no se encontraba en el salón de eventos como habían quedado. - Se me pasó los minutos. Lo siento, ya bajo. – Apresurado tomó su smoking blanco y se lo colocó, busco la tarjeta de la habitación, la puso dentro de su bolsillo y se retiró de su habitación directo al ascensor. Ni bien llego a él, presionó el botón de llamada en tanto se mensajeaba con Anna para saber en qué parte del evento debía buscarla. y en el momento en el que el cuadrado de unos tres metros por tres metros llego al quinto piso y las puertas se abrieron él ingresa, pero sin percatarse que una señorita estaba acercándose a toda prisa hacia su dirección y como estaba sumido en su teléfono, no se percató de quién se trataba. Cuando Alina se quedó sola en la habitación se tomó unos minutos para pensar y prepararse psicológicamente para lo que probablemente pasaría, aunque la posibilidad de encontrarse cara a cara en un lugar como las pasarelas de Miami, entre tantos famosos y medios de comunicación era una en un millón, por lo que una parte de ella mantenía la esperanza de que, aunque el pueda descubrirla arriba de la pasarela, ella no pueda distinguirlo entre la gente. Habían pasado doce años ¿Cómo estaría después de tantos años? ¿habría cambiado algo de su apariencia? Sonrió al creer que quizás ni logre reconocerlo, aunque muy en el fondo deseaba verlo, tan solo una vez más. Se miró al espejo por última vez, arregló su vestido de encaje color rosa pastel, verificó que los accesorios referentes al mar estuvieran en su lugar y su recogido tal y como el peinador lo había dejado. Tomo una chalina color blanca, de gasa de seda bordada a mano y se la colocó sobre los hombros. Metió dentro de su pequeña cartera de mano el celular, porque sin él no salía a ningún lado y salió de la habitación rumbo al ascensor. Por la prisa había olvidado el cerrar el cierre de la cartera por lo que cuando quiso agarrarla de la tira las cosas que llevaba cayeron al suelo, en ese momento una de las puertas del ala B se abren, pero como esta entretenida recogiendo sus pertenencias no se percata de la persona que, al igual que ella se dirigía al ascensor. Cuando al fin todas sus cosas estaban dentro del bolso, notó que la persona había ingresado al ascensor y como estaba llegando tarde, quiso apresurarse, pero al ver que ese sujeto no se daba la vuelta y las puertas están en proceso de cerrado, se decide por gritar. - ¡espere, deténgase! – Y fue en ese mismo instante en el que Marco deja caer al suelo el celular y perseguido por un presentimiento gira sobre su eje y en ese instante, sus ojos se encontraron. Alina se detuvo de golpe y las puertas del ascensor se cerraron. Lo inevitable había sucedido. Alina y Marco, después de doce años estaban frente a frente.
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