Habían pasado un par de días y Ángela todavía no lo había buscado para tener sexo, algo que él se moría por tener, pensó que después de lo ocurrido en el restaurante eso habría cambiado, su lívido debería haber aumentado, se acomodó en la silla de su despacho pensando en ello, llamaron a la puerta y entró José. —Dime cuñado .—le dijo Alejandro afirmando los brazos en la mesa. —Tengo una duda, pero no es laboral.—le indicó tímido mientras se sentaba. —Bueno, cuéntame .— José pensó unos segundos antes de expresar su duda. —Tú, ¿Cómo supiste que le gustabas a mi hermana? —le preguntó buscando la manera de encontrar una respuesta para su propia situación. —¡Uf!, ¡No lo sé!, déjame que piense.— le dijo echándose hacia atrás de nuevo, volvió al pasado, cuando Ángela se ofreció a ser su put

