Kamil
Tiré mi mochila al sillón apenas llegué de la escuela, estaba casi vacía, apenas hacíamos cosas, solamente nos preparábamos para los últimos exámenes y la graduación. Me saqué las zapatillas para sentir el fresco del aire acondicionado para contrarrestar el calor que había pasado mientras caminábamos de regreso con David. Caminé hasta la puerta del despacho, mi padrastro estaba con la mirada fija en unos papeles, parecía que ni siquiera se había dado cuenta que había llegado. Me acerqué a él y le besé en la mejilla haciéndolo pegar un saltito en la silla antes de girarse a mí.
—Me matarás de un susto un día, Kamil.
—Lo siento, papá. —Sonreí con cierta burla—. Tendré que recordar que ya estás viejo.
—Estarás castigado un mes si me vuelves a decir viejo.
Solté una risita cruzando mis brazos por detrás de él en un pequeño abrazo. Puse mi barbilla sobre su cabeza observando la pantalla de su computadora, no leí lo que tenía escrito, ya no me interesaba demasiado lo que escribía él como cuando era niño, sobre todo porque sabía que, probablemente, iba a terminar estudiando lo mismo.
—Eres un viejo guapo.
—No te salvarás del castigo. —Me reí de nuevo—. ¿Cuándo comienzas los exámenes?
—En dos semanas.
—¿Y a qué esperas para ponerte a estudiar?
—¿No puedo pasar tiempo contigo?
En lugar de soltar un comentario para molestarme como siempre hacía, se quedó en completo silencio, no quise moverme ni decir nada, sentí que algo se había enrarecido entre nosotros, algo no era como siempre; él no era como siempre. Pensé en alejarme, seguramente había dicho algo de más, aunque no estaba seguro qué había sido. Antes de que pudiera separarme del abrazo, mi padrastro puso su mano en una de mis muñecas, apretándola ligeramente.
—Puedes estudiar luego —dijo con voz suave—. ¿Quieres quedarte un rato conmigo?
—Me gustaría, papá.
Sentí su pulgar acariciando mi muñeca tan suave y lentamente que casi me producía cosquillas. Lo abracé con un poco más de fuerza antes de acercar una silla junto a él para sentarme. Me explicó el caso que tenían y las estrategias que iban a utilizar mientras escribía los alegatos para que el tío Norbert dijera en el juicio que se acercaba. Me mostró las pruebas, enseñándome cómo tenía que proceder el día que tuviera que estar en su lugar. Aunque, en realidad, no me interesaba tanto ahora como me interesaba pasar tiempo con él. Después, me dediqué a deambular por su despacho ojeando los libros que él utilizaba en la universidad, los había leído un par de veces cuando era más pequeño, no entendía nada, pero amaba leerlos y preguntarle a mi padrastro lo que no entendiera. Me quedé leyendo uno de los libros que hablaban de la historia del sistema penal de Polonia, de los cambios que había habido desde la conformación del país. El cuarto estaba en completo silencio apenas interrumpido por el vibrar de su celular y las hojas cada vez que pasaba página o mi padrastro revisaba sus documentos. De repente, mientras leía, sentí una mirada fija en mí, levanté la mirada del libro cruzando miradas con mi padrastro.
—¿Qué?
—¿No quieres contarme nada?
—¿Sobre qué? —Arqueé una ceja sin entender a qué se refería—. Dices eso cuando ya sabes que estoy en problemas. —Sonreí—. Esta vez no me metí en nada, lo juro.
—No hablo de problemas, solo… —hizo una pausa—. ¿Tienes pareja?
Parpadeé un par de veces sin saber si me estaba por hacerme una broma o si lo preguntaba en serio. Primero cree que tengo una relación con David y ahora me busca un novio secreto. ¿A qué venía eso? ¿Qué le hacía pensar que estaría ocultándole una relación? Sonreí esperando el remate del chiste, pero su rostro seguía serio.
—¿Por qué, papá? ¿Tienes miedo de que me vaya antes de lo planeado?
—Kamil, es en serio.
—No, no tengo novio.
—¿Seguro? ¿Y conoces a otro Adam?
Sentí mi cara entera arder cuando mencionó su nombre. ¿Había visto alguno de mis mensajes con David? ¿Nos había escuchado hablar? Aunque normalmente me refería a él como “papá” a pesar de las quejas de mi amigo para separar la relación entre nosotros lo más que podía y, según él, no traumarse. Tragué saliva pensando qué iba a decirle. No quería mentirle, pero no podía decirle lo que pasaba en realidad, no quería que me echara de la casa ni que las cosas se pusieran tensas entre nosotros.
—Y-yo… B-bueno… —Me mordí el labio nervioso desviando la mirada—. Sí, conozco a un Adam, es compañero de clases —mentí.
Escuché que soltaba un suspiro, no supe identificar por qué, qué significaría, pero, cuando volví a mirarlo, estaba pálido, como si le hubiera dicho que maté a una persona. Se sacó los lentes y se apretó el tabique como hacía cada vez que trataba de decidir cómo debía actuar ante alguna situación.
—¿Pasa algo? —pregunté con cautela.
—No, cariño, solo me gustaría que confíes más en mí para decirme las cosas.
—Papá —dije acercándome a él rápidamente al sentir su voz ligeramente herida—, no te dije nada porque no es nada realmente, solo es un chico que conozco.
Me incliné para abrazarlo pegando mi mejilla a la suya como cuando era pequeño. Lo apreté contra mí hasta lograr que soltara una risita cariñosa y cruzara sus brazos a mi alrededor devolviéndome el abrazo. Cerré los ojos respirando profundo, inhalando su perfume, que tanto me gustaba y que tenía el privilegio de seguir sintiendo cada vez que lo abrazaba. Me separé lo suficiente para besarle en la mejilla, lo suficientemente cerca de las comisura de sus labios, como lo hacía siempre, luego me separé por completo para ir por mi mochila y subir las escaleras hasta encerrarme en mi cuarto. Sentía mi cuerpo entero temblar por los nervios de casi ser descubierto. Tenía miedo. ¿Qué pasaría si mi padrastro descubría que era de él de quien estaba enamorado desde hacía tanto tiempo? Peor aún, ¿qué pasaría si se enterara que había fantaseado más de una vez con que sus manos recorrieran mi cuerpo? Me senté en el escritorio dejando olvidada mi mochila a un lado. Saqué mi celular y le mandé un mensaje a David sobre lo que había pasado, de las preguntas que me había hecho, del miedo que tenía de ser descubierto. Respiré profundo tratando de calmarme, una parte de mí quería ser descubierta, quería que mi padrastro se enterara que gemía su nombre mientras me masturbaba, que quería que me tomara en lugar de buscar a Cecylia, pero el resto de mi cabeza prefería protegerse por temor a que todo se fuera a la mierda. Mi celular vibró con un mensaje de David, pero no lo revisé, seguía temblando un poco de solo pensar lo cerca que había estado.
***
Me levanté en medio de la madrugada, no podía dormir, todavía estaba nervioso, pero ya no sabía identificar por qué, la cena había sido tranquila, él no había hecho ninguna mención más al Adam que me había inventado para evitar decir la verdad. Suspiré, salí de mi habitación y fui directamente a las de mi padrastro como cuando era un niño pequeño. Abrí la puerta y lo observé unos instantes dormir plácidamente, caminé hasta su cama, me metí bajo la fina sábana que lo cubría del fresco del aire acondicionado. No era usual que él durmiera solo en bóxer, pero las noches de mucho calor, hacía una excepción a pesar de tener aire acondicionado. Tomé su muñeca, aparté su brazo y me recosté sobre su pecho haciéndolo pegar un salto.
—¿Kamil? —dijo adormilado.
—Lo siento…
—¿Qué sucede? —Se separó lo suficiente para poder mirarnos—. ¿Te sientes mal?
—No, solo no podía dormir. ¿Puedo quedarme aquí contigo?
—Claro, cariño.
Sonrió antes de envolverme con sus brazos en un abrazo cálido que me apretaba contra su pecho. Cerré los ojos acomodándome contra él. A veces, solo en mi cuarto, las fantasías de estar contra su pecho invadían mi mente llevándome a pensar en otras cosas, pero, ahora, nada de eso cruzaba por mi mente, no quería nada más que disfrutar del consuelo que me brindaba con su cariño para que pudiera dormir. Sentí sus labios presionarse contra mi cabeza, luego sus dedos enredarse en mi cabello en un gesto tan delicado y cariñoso como el abrazo que me estaba dando. Respiré profundo deseando que la noche no terminara jamás para quedarme contra su pecho, sintiéndolo acariciarme toda mi vida; sintiendo su cariño toda la vida. ¿Qué más me daba si él no me amaba como yo lo amaba a él? Siempre podía abrazarlo y conseguir su afecto, aunque fuera solo por ser su hijastro.