La semana que le dí a mi abogado para que hallara algo sobre el otro propietario de la fábrica, no dio resultados, y ahora con la fecha límite en la que debía pagar; me sentía perdida. — Estoy arruinada —dije, ocultando mi rostro detrás de mis manos; en un acto de desesperación. — Lamento no haber conseguido las pruebas, señora Hanna, pero tal parece que esta persona no quiere ser encontrada. — Supongo que este es el fin, al menos di batalla. Mi padre sabe que luché para retener la fábrica, sin embargo, no puedo evitar sentir esta angustia creciendo en mi pecho. — Es entendible, pero aún está su madre. Vaya con ella ¿Siguió mi consejo de darle lo que quiere? — No he tenido tiempo en estás semanas —confesé—. Mi cuñada está recibiendo ayuda profesional para superar su depresión. To

