Ella lloró en mis brazos, lo cuál resultó sorprendente para mí. La última vez que la vi con los ojos llenos de lágrimas fueron aquellos que provoqué, pero está vez no la dejaría en medio de su soledad. Pasando mis manos por sus cabellos, tratando de consolarla, mientras pensaba en las opciones de quien había sido el causante de que ella llorara, apreté los dientes con la sensación de querer hacer que quien fuera el responsable viniera a trapear con su cara las lágrimas de mi esposa. — Tranquila preciosa, aquí estoy —le susurré, levantando su carita entre mis manos, lo que me provocó más ganas de matar al causante de esto, pero no podía actuar de esa manera tan violenta y menos ahora. Al darme cuenta que sus manos como el resto de su cuerpo temblaba, supe que lo que le había pasado er

