Como el agua más pura, ella había sido clara. Sus labios no lo habían dicho por rabia o en un intento por herirme, se la veía tranquila, segura de sí misma. Y no sé de qué me sorprendo, si ella es así. Un ser humano con mucho por admirar, alguien que solo dice lo que piensa y Hanna merece solo lo mejor. Sus seis años de desolación y sufrimiento, no eran nada comparados con estas semanas de compañía, aunque sí fueron más que suficientes para darme cuenta de lo equivocado que viví todo este tiempo. Pensando lo peor de la única mujer que nunca dejó tenerme en su mente, incluso hasta el detalle de mi enfermedad ¡Por Dios! ¿En qué Diablos estaba me convertí? Al cerrar los ojos sólo recordaba a una joven asustada por la que decía sentir asco y otras cosas, que sólo eran producto de la ira d

