CAPÍTULO 1

2013 Palabras
CAPÍTULO 1 Markland 1040 d.C. CAMINABA PESADAMENTE por el efecto combinado del cansancio, el frío y el persistente viento blanco que levantaba la nieve que había caído toda la noche y seguía cayendo. Sabía que si se le aflojaban las piernas y caía en el suelo ya no volvería a levantarse y se congelaría en minutos. Buscaba con desesperación la choza construida por él mismo y los restantes tripulantes del drakkar bajo en comando del Jarl Eirikr Gunnarsson la temporada anterior, a la que esperaba hallar siguiendo el contorno de la costa, algo que un marino siempre recuerda con detalle. Bjarni Holgersson se arrastraba por la nieve espesa que le ocasionaba gran fatiga para dar cada paso y sabía que en un tiempo breve debería parar en cualquier lado porque las piernas simplemente no le responderían. Ya no se hacía ilusiones respecto a su destino pues había oído innumerables historias de marinos cuyo rastro se había perdido en esas tormentas blancas en tierra y cuyos cuerpo eran hallados al año siguiente con el deshielo, o bien no eran encontrados nunca. Con los ojos entrecerrados y las pestañas y cejas llenas de escarcha apenas ya veía donde caminaba, de modo que se orientaba en forma intuitiva tratando solamente de evitar que su rumbo se torciera. Una fuerte ráfaga de viento casi lo tumba por el suelo y apenas pudo recuperar un precario equilibrio agitando sus brazos en el aire. Entonces lo vio fugazmente. Delante de él un montículo blanco surgía del suelo como una gran piedra de forma oval. El viento arrastró por un momento parte de la nieve dejando al descubierto algo que a Bjarni se le antojó un leño, sólo para taparlo de inmediato con más nieve. La visión hizo renacer la esperanza en el hombre que ya estaba a punto de entregarse a su destino. Apresuró su paso y al cabo de unos momentos llegó al montículo blanco. Con desesperación raspó la cubierta nívea y allí efectivamente vio debajo un madero. Lo reconoció de inmediato, era parte de un cuaderna del drakar que se había quebrado en una colisión con un arrecife y había sido reemplazada por otra fabricada por el carpintero de a bordo con madera de un gran abeto abatido por los tripulantes. Con la cuaderna rota el mismo carpintero había improvisado una puerta para la choza que habían construido en el mes y medio de estadía en esa parte de la costa. Bjarni forcejeó con la puerta hasta que finalmente la misma cedió y pudo ingresar en el interior de la precaria cabaña. La oscuridad era completa, de modo que el marino debió dejar la puerta de leños entreabierta a expensas de permitir que el frío exterior se colara dentro del recinto. Cuando sus ojos se adaptaron a la oscuridad pudo reconocer la vivienda andando a los tumbos por su interior. Finalmente pudo encontrar una vela y elementos para encender el fuego que había ordenado dejar el Jarl Eirikr justamente previendo la posibilidad de que algún tripulante regresara a la choza. La expedición organizada por el Jarl (m*****o de la familia real) Eirikr Gunnarsson había partido de Brattalid en Groenlandia en el verano del año 1040 D.C. En un recorrido directamente hacia el noroeste había arribado a las costas de lo que es hoy el norte de Canadá, a las que el marino Leif Eriksson había denominado Helluland y de la que había dado cuenta en sus Sagas Groenlandesas. Leif había seguido la ruta descripta por Bjarni Herjolfsson, primera constancia de presencia de los marinos nórdicos en territorio americano, en un viaje que habría tenido lugar en el año 1002 D.C. A continuación Leif y sus hombres atravesaron la bahía Groswater y luego navegaron en dirección sur bordeando las costas de la península de Labrador. En sus desembarcos en ésta exploraron su interior cubierto de bosques por lo que llamaron Markland a esta zona. Al continuar su ruta hacia el Sur llegaron a lo que denominaron Vinland, que se hallaría ubicado en lo que es hoy Newfoundland, en Canadá. El establecimiento vikingo de L´Anse aux Meadows, la constancia más antigua comprobada de la presencia de europeos en América, provendría de esas actividades exploratorias. Eirikr y sus hombres habían seguido los pasos de Leif para lo cual habían partido en dos drakkars de Groenlandia. Las naves se habían luego separado en medio de una violenta tempestad en el mar, y mientras el drakkar comandado por Eirikr había cumplido con la misión exploratoria prevista por el organizador el otro, dirigido por Bjarni Holgersson se había extraviado y no fue nunca más visto ni su presencia registrada en las sagas nórdicas, asumiendo los marinos supervivientes que se había hundido en la borrasca. En realidad la nave quedó a merced de los vientos durante dos semanas agónicas, en las que la tripulación padeció frío, sed y hambre, y en la que desparecieron dos de los tripulantes, sin duda engullidos por el océano. Eventualmente los marinos avistaron las costas y pudieron acercarse y finalmente desembarcar en ellas. Allí permanecieron un mes reparando el drakkar, y fue en el curso de dichas reparaciones que cambiaron varias cuadernas averiadas con otras construidas a partir de madera de árboles nativos. Durante su estadía construyeron varias chozas con madera, piedras y tierra, para las que utilizaron los restos de madera desechados de la nave. Una de ellas es la que encontró Bjarni en forma providencial tiempo más tarde. Luego del período de reparación decidieron continuar su viaje, pero dado que ya la temporada estival llegaba a su fin en vez de emprender el retorno a Groenlandia pusieron proa al sur intentado huir del duro invierno de esas latitudes y hallar climas más cálidos. El navío, perteneciente a la clase llamada snekkja, era de dimensiones más reducidas que la mayoría de los drakkars oceánicos y estaba diseñada más bien para la guerra y las incursiones en poblados costeros. Tenía una eslora de 18 metros, una manga de 2,5 metros y su calado era de sólo 70 centímetros; tenía veinte filas asientos de remos y su tripulación era de 39 hombres, incluyendo 38 remeros y el timonel, que era precisamente Bjarni. Los tripulantes tenían obviamente otras funciones a bordo además de la propulsión a remo. Con esta embarcación prosiguieron huyendo del frío y los temporales Luego de varios días recorriendo el litoral de Markland decidieron desembarcar para reaprovisionarse de agua fresca y carne. Establecieron un campamento transitorio en la desolada costa y se internaron en la floresta que comenzaba a un par de cientos de metros de la playa para dedicarse a la caza. Bjarni iba a la cabeza de uno de los grupos de cazadores y no habían aun hallado ninguna presa, cuando un ruido sordo llegó a sus oídos. Rápidamente comprendieron que los sonidos provenían de otro de los grupos de cazadores que se había internado en el bosque en una ruta paralela para maximizar las posibilidades de hallar presas. Aunque los ruidos llegaban amortiguados por la vegetación pudieron discernir gritos entre ellos. Bjarni y sus cuatro acompañantes se largaron en la dirección de los sonidos atravesando el bosque a pesar de los obstáculos puestos por los árboles y el sotobosque, conscientes de que el grupo de sus compañeros liderado por el segundo de Bjarni, un gigante llamado Knut, podía hallarse en peligro. Al llegar a un claro en la arboleda vieron un espectáculo que les heló la sangre. Los vikingos estaban rodeados por un número impreciso pero grande de hombres armados con lanzas y otras armas que los acometían por todos lados; ya al menos dos de los marinos habían caído, uno de los cuales yacía inmóvil mientras que el otro aun luchaba desde el suelo, describiendo grandes círculos con su espada para mantener a los salvajes alejados. Knut combatía con cuatro hombres a la vez y en el momento en que lo vieron acababa de partirle a la cabeza a uno de ellos con su filosa hacha de combate. Numerosos atacantes yacían en el suelo, muertos o heridos. Bjarni no necesitó más que mirar a sus hombres; sin mediar palabra se arrojaron sobre los salvajes, que tomados por la espalda apenas atinaban a defenderse. Las espadas y hachas de los cinco nuevos participantes en la lucha se abrieron un sangriento camino sembrado de cadáveres hasta llegar al núcleo donde Knut y sus hombres se defendían. Completamente rebasados los indígenas se dieron finalmente a la fuga, dejando unos veinte cuerpos en el suelo. Varios de los vikingos los siguieron por la espesura. - Has llegado justo a tiempo Bjarni.- Dijo Knut con obvias señales de agotamiento y su cuerpo lacerado por múltiples heridas.- No hubiéramos durado mucho tiempo más. Estos skraelings saben luchar. Skraeling era la denominación despectiva que los noruegos daban a los nativos de las tierras recién descubiertas. Era similar al utilizado para llamar a los Inuits con que se hallaban en contacto en Groenlandia Bjarni dio a uno de sus hombres la orden de tocar la trompa para hacer regresar a los hombres que habían seguido a los nativos. -Los atacantes pueden regresar en cualquier momento. No debemos dividir nuestras fuerzas. Uno de los hombres se acercó a Bjarni dándole cuenta de las bajas habidas en el combate. -Kjell ha muerto, y Lars está malherido. Debemos llevarlo al campamento para tratar de curarlo. Los demás están llenos de heridas pero sin peligro. Bjarni dio la orden de cargar a los compañeros heridos mientras el cargaba a Knut, amigo de su niñez. Llamó al último de sus hombres que permanecía en el sitio de la batalla rematando a los atacantes caídos, de acuerdo con las brutales costumbres de la época. -Apúrate. Debemos reunir nuestras fuerzas y reembarcarnos de inmediato. Los skraelings van a volver en mayor cantidad y no podremos luchar con ellos. Al llegar a la playa levantaron rápidamente el campamento, cargaron sus pertrechos en el drakkar y acomodaron a Lars en el mismo. Como el snekkja era reducido y liviano lo empujaron por sobre la playa y lo hicieron a la mar. Bjarni apresuró a sus hombres a que subieran a la nave mientras el cubría la retaguardia espada el mano. Nerviosamente observó movimientos en las ramas bajas de los arboles más próximos. De reojo vio que ya el drakar flotaba en el agua y Knut ya había ascendido al mismo. Las primeras flechas cayeron cuando Bjarni corría hacia la embarcación y los skraelings salían de la cobertura que les brindaba el bosque marítimo y se aproximaban hacia él con sus lanzas prestas para arrojárselas. Uno de ellos, un hombre joven y pequeño ganaba distancia y buscaba cerrarle el camino hacia el mar mientras que otro, más grande y con atuendo vistoso que hacían presumir un jefe preparaba su venablo para lanzarlo de muy corta distancia. Bjarni afrontó al indígena joven que era la amenaza más cercana. El presunto jefe ya hacía el movimiento en vaivén de su brazo para arrojarle la lanza mientras Tore, el m*****o más joven de la expedición soltaba la cuerda de su arco. Todo ocurrió en forma simultánea. La lanza del skraeling se clavó en el hombro izquierdo de Bjarni, el jefe de los nativos se desplomó con una flecha en la mitad del pecho y el indígena joven se abalanzó sobre su presa. Bjarni, presa de un dolor intenso apenas pudo levantar su pesada espada y de un tajo cercenó la cabeza de su valeroso oponente. Vagamente percibió que mientras se derrumbaba sobre la playa unos brazos lo levantaban y lo arrojaban a bordo del snekkja. Cuando se despertó se encontraban ya en altamar. Knut percibió que estaba parcialmente lúcido y se acercó. -Esta vez estuvo cerca Bjarni. -Demasiado cerca. ¿Cuánto tiempo estuve sin sentido? -Seis días y seis noches. Hemos desembarcado para cargar agua y te dejamos a bordo. Por un momento creímos que no te repondrías. -¿Cómo están los demás? - Desafortunadamente Lars murió por sus heridas. Lo sepultamos al bajar. -¿Y como ves la mías? -Las hemos conseguido mantener limpias. Veremos cómo puedes mover el brazo cuando se cicatrice. Algunos músculos se habrán desgarrado. -¿Por dónde estamos? -No tenemos idea. La costa está lejos. No creo que ningún noruego haya jamás navegado tan al sur. El suave cabeceo del drakkar adormeció nuevamente a Bjarni que no conservó registro de la navegación.
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