Capítulo 14

1661 Palabras
Capítulo 14 “Paul Jacob”.  Llegó el día en que nuevamente me encontraría con Christopher. Las cosas aparentemente habían terminado bien entre nosotros dos, después de lo ocurrido en su casa con el vino, el wutum y sus amigos vampiros. Digo aparentemente porque después de lo que vi en el registro de la Jefatura la noche anterior, ya no sabía qué pensar acerca de la creencia que supuestamente él me estaba ayudando a cambiar.  Christopher me vio y de repente su expresión burlesca y soberbia se cambió a una de total confusión cuando se fijó en mi rostro.  —¿Qué te ocurre, ardilla? —Preguntó acercándose.  —¿Qué me ocurre? ¿Quieres saber qué me ocurre? —Le reclamé y él asintió indiferente.— Ayer me infiltré en la Jefatura de Klimore y encontré unos documentos que decían cosas horribles de ustedes. ¿De verdad quieres seguir haciéndome pensar que ustedes no son lo que yo creo que son?   —Dime entonces qué fue lo que viste.  Puse los ojos en blanco y le arrojé la carpeta con desdén, a lo que él la sujetó una vez lo golpeó en el pecho. —Lee la última página. —Le indiqué.— ¿Te suena familiar el nombre Paul Jacob?  Christopher frunció el ceño y vaciló por un momento. Entonces abrió la carpeta y buscó la sección que le indiqué. Luego de unos segundos me observó con una expresión burlona en su rostro.  —¿Tienes idea de quién fue Paul Jacob?  Asentí. —Por supuesto. Era la persona que más conocimiento tenía sobre su especie, había pasado toda su vida investigándolos. —Le contesté enfurecida.— Sabía absolutamente todo sobre ustedes, incluso hasta sus mayores debilidades. ¡Por eso lo descuartizaron! Él se limitó a observar cada una de mis reacciones.  —¿En serio crees eso?  La voz se me quebró. —Es lo que dicen los registros.  —Pues yo estuve en el lugar de los hechos hace 50 años y te aseguro que las cosas no fueron así. Negué con la cabeza. —En este punto ya no sé ni siquiera a quién creerle.  Entonces él me sujetó de ambos lados del rostro obligándome a verlo. —Tienes que creerme, ardilla. —Parecía suplicar.— Es verdad que Paul Jacob desapareció del mundo de ustedes. Pero nosotros no lo asesinamos ni mucho menos lo descuartizamos. No tenemos nada contra él.  Fruncí el ceño totalmente confundida ante lo que acababa de decir. —¿Qué dices? ¿Cómo que no lo asesinaron? —Titubeé un poco.— Entonces, si Paul Jacob no murió ¿En dónde está?  Una sonrisa de oreja a oreja se formó en su rostro. —Vive con nosotros.  *** Aún no podía creerlo. ¿Cómo era posible que después de tantos años el hecho de que Paul Jacob haya sido descuartizado por vampiros resultara todo un engaño? Pero Christopher me aseguraba que él estaba vivo y que él había estado hace 50 años cuando Paul Jacob pasó al mundo de los vampiros y en este punto de mi vida, la única forma de asegurarme de que fuese cierto, era viéndolo con mis propios ojos. Y si llegaba a ser verdad lo que decía Christopher, necesitaba que él me respondiera muchas preguntas, pero principalmente dos:  ¿Por qué había decidido dejar Klimore?  ¿Cómo es posible que después de 50 años, aún esté vivo?  Extrañamente no habíamos ido hacia la civilización de vampiros, como ya se nos hacía costumbre. Por el contrario nos adentramos a una zona más lúgubre y solitaria en las penumbras del bosque. De repente el sol se había ocultado por completo y el ruido de aquellos animales nocturnos inundó el entorno de árboles frondosos. Nos abrimos paso en medio de unos grandes arbustos y algunas enredaderas, hasta llegar a una vieja y destartalada cabaña. Era de tablones de madera, algunos un poco quebrados, y de techo de paja que parecía tener muchísimos años.  Christopher hizo un ademán de que lo siguiera y yo fui tras él. Tocó tres veces en la puerta de la vieja cabaña y luego de unos segundos alguien abrió.  Delante de nosotros había un anciano de aproximadamente unos setenta u ochenta años. Era de baja estatura, algo jorobado y llevaba todo el cabello cubierto con canas. Vestía una larga túnica y nos veía con unos ojos completamente oscuros, intrigado por nuestra visita.  —Ardilla, te presento al señor Paul Jacob.  Mis ojos se abrieron de par en par al escuchar esas palabras salir de la boca de Christopher.   —¿C-cómo? —Titubeé llevando mis ojos del vampiro al anciano y del anciano al vampiro.  —¿Qué demonios quieres Christopher? —Le reclamó el señor y el susodicho soltó una risa burlona.  —La señorita quería conocerte, Paul. —Me señaló.— No me vas a creer quién es. Me observó de pies a cabeza, analizándome y tal vez tratando de adivinar quien era su visita. —¿Desde cuándo te juntas con humanos? —Lanzó la pregunta y dio media vuelta para irse dentro de lo que parecía ser su casa.  Christopher entró detrás y yo, por supuesto, no me iba a quedar fuera en ese aterrador bosque.  —¿Cómo te diste cuenta? —Preguntó bastante intrigado el vampiro mientras jugueteaba con algunos elementos raros que tenía el señor Paul en su casa.— Ha burlado a toda una comunidad vampírica. Y yo juraba ser un amo y señor del camuflaje.  El anciano soltó una carcajada y yo lo vi un poco confundida. Entonces se dirigió a mí.  —Ese es el punto, chicos. —Comentó.— Podrán engañar a los vampiros, pero yo  no soy uno.  ¿Recuerdan? —Señor Jacob —Me acerqué y él me observó expectante.— ¿Cómo es posible que aún esté vivo? Discúlpeme, pero no lo entiendo. Ha pasado mucho tiempo y pues cuando la guerra se dio usted ya era un… Anciano.  Él se limitó a esbozar una tierna sonrisa que me recordó bastante a mi abuelo. —Un vampiro me mordió cuando estaba muy enfermo debido a la vejez.  —Ahora es inmortal. —Completó Christopher, susurrando en mi oído provocando que yo diera un respingo.— ¿No es así, Paul? El susodicho asintió.  —¿Cómo? —Abrí mis ojos de par en par, no me terminaba de caber en la cabeza lo que acababa de oír.— ¿Dicen que ahora Paul Jacob, quien dedicó toda su vida a investigar sobre los vampiros, es uno de ellos?  —No puedo creer que los humanos sean tan retrasados. —Se mofó Christopher y yo lo fulminé con la mirada.  —Que los haya investigado toda mi vida no quiere decir que los deteste. —Respondió a mi pregunta el señor Paul.— De hecho, mientras más los estudiaba, más aumenta mi interés por conocerlos en persona.  —¿Estás escuchando, ardilla? —Añadió el vampiro insoportable.— Somos una especie bastante interesante. No como ustedes.  —Cállate, idiota. —Le reclamé y nuevamente me dirigí hacia el anciano.—  ¿Me está tratando de decir que usted está con ellos por voluntad propia?  —¿Acaso me ves apuntándole con un arma? —Nuevamente intervino el de siempre.— Ah, cierto. Ahora es inmortal.  —Basta, Christopher. —Le reprendió el señor y yo hice un ademán agradeciéndole por eso.— Decidí abandonar Klimore porque los estudié tan a fondo, que ya no quería ayudar a destruirlos. Pero para ellos, representaba una amenaza, alguien que quería impedir la guerra de la revancha pronto resultaría siendo un estorbo. Por lo que antes de que me desaparecieran, preferí desaparecer primero. Crucé por mi cuenta la barrera de Vellkron y me propuse convivir con esta especie que me estaban a obligando a destruir pero que no tenía el más mínimo deseo de hacerlo. Y tengo que admitir que no me arrepiento de haberlo hecho.  El señor Paul Jacob era un hombre muy amable. Hizo hasta lo imposible por resolver todas mis dudas e inquietudes. Además de que me ofreció su ayuda en todo lo que necesitase para construir la verdadera historia detrás de todo esto. De paso, parecía conocer muy bien a Christopher, mejor dicho, se veían muy cercanos, casi parecían un abuelo y su nieto; el pelinegro le tomaba del pelo en varias ocasiones, así como también el anciano lo regañaba y le jalaba de las orejas cuando salía con sus inoportunos comentarios.  Finalmente todo se volvió tan confuso en mi mente a partir de ese día. La historia de Paul Jacob era prácticamente un tabú en nuestra comunidad allá en Klimore. Todos conocíamos la parte de que él era un investigador empedernido en el tema de los chupasangre, pero su muerte era objeto de varias hipótesis. Hasta ese día, nadie sabía con claridad o certeza qué era lo que había ocurrido con Paul Jacob tras su desaparición, por lo que la conclusión había sido que los vampiros habían acabado con él, a pesar de que su cuerpo nunca se encontró. Hasta ese día, porque yo conocí la verdad. Sin embargo, no estaba segura de si estaba alegre o arrepentida de saberlo. Como bien lo dijo el señor Paul, todo aquel que se opusiera a la guerra en Klimore, era considerado un estorbo por lo que buscarían la manera de sacarlo del camino para que no interviniera en sus planes de ejecutar la gran revancha contra los chupasangre.  Pero yo no estaba haciendo todo esto para terminar huyendo. ¿Tanto arriesgar para nada? En un comienzo mis objetivos, debo admitir que se centraban en únicamente descubrir la verdad sobre la guerra entre las dos versiones. Pero desde ese día, mi objetivo principal había cambiado. Mi misión ya no se resumía en destapar la verdad oculta, sino también en impedir la guerra de revancha que se avecinaba. Y el tiempo se estaba agotando. 
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