Capítulo 15

2070 Palabras
Capítulo 15 Demostración de poderes.  —¿Sabes que estoy comenzando a creer que los malos en la historia son los humanos? —Lancé la pregunta y Erika se detuvo en seco para voltear a ver como si me hubiese transformado en un extraño bicho.  —Espera un momento, Hailey. —Replicó.— El hecho de que Paul haya decidido irse a vivir con los vampiros no prueba nada. Tal vez solo… —Divagó un poco.— Le gusta la forma de vivir que llevan ellos.  Negué con la cabeza. Definitivamente Erika lo estaba tomando por otro lado. —Veo que aún no lo entiendes. —Añadí.— No es que le haya gustado. ¡Erika, por Dios! —La susodicha frunció el ceño sin comprenderlo bien.— Se vio obligado a huír porque no quería participar en la guerra. ¿Te das cuenta de la gravedad del asunto?  Ella asintió lentamente como si estuviera captando cada una de mis palabras. —Pero lo que aún no entiendo es a qué viene lo que me dijiste en un comienzo.  Me fijé alrededor y luego me acerqué a ella confidencial, pues había demasiada gente recorriendo los pasillos de la Academia. —Que yo tampoco quiero participar en la guerra. —Erika abrió sus ojos de par en par, pero antes de que me reclamara o algo por el estilo, levanté las manos pidiéndole que me dejara terminar.— Pero la única diferencia aquí es… Que yo no planeo huir a los problemas, por el contrario, quiero enfrentarlos.  Cuando caí en cuenta, nos encontrábamos en la entrada del coliseo. Todos los alumnos de la Academia que pertenecían a la clasificación Homine Potens, se hallaban reunidos. Había llegado el momento del año académico más deseado por unos estudiantes y más detestado por otros: La demostración de poderes. Cada cierto tiempo se hacía esta práctica para evaluar qué tanto habíamos mejorado en el control de nuestros poderes, así como también llevar un seguimiento de los mismos y verificar la aparición de nuevas habilidades. Aunque en este último caso, aún no se haya evidenciado puesto que hasta ese entonces no existía un homine potens que luego de la primera manifestación de poder, demostrara haber adquirido uno nuevo.  Pero el equipo de investigación de la Jefatura no descartaba la posibilidad.  Erika y yo nos abrimos espacio entre la multitud para sentarnos en algún lugar de las graderías. El profesor de la clase de Control de Superpoderes estaba en medio de la cancha, acompañado de algunos miembros de la Jefatura, en las pruebas de demostración de poderes. De repente el maestro comenzó a hablar y todos hicieron silencio, estaba anunciando el inicio de la prueba.  —Max Ashton. —Anunció el profesor.— Pase al frente.  De la parte baja de las graderías se puso de pie un chico alto y bastante delgado. Tenía un caminar bastante confiado, incluso se veía totalmente relajado. Parecía muy cómodo con la realización de la prueba, tal vez ya la había hecho en alguna otra ocasión. —El poder de Max es muy genial. —Comentó Erika en voz baja con un ápice de emoción. Ella había participado anteriormente en la prueba de demostración de poderes y ya conocía a gran parte de los estudiantes que se presentaban. Erika era una de los estudiantes que se gozaba la prueba de inicio a fin, incluso parecía estar viendo una película o un programa de televisión.  —¿Qué hace? —Pregunté curiosa.  Hizo un mohín pensativa. —Diría que es algo… Escurridizo. —Entonces me indicó con la cabeza en dirección al centro del Coliseo y yo me fijé en Max.  Estaba parado al inicio de lo que parecía una pista con obstáculos.  —Transformación y camuflaje. —Leyó uno de los sujetos de la jefatura en su tabla de apuntes. —Homine potens con poder de defensa. —Continuó el otro.  Luego ambos se giraron hacia el profesor expectantes.  —¡Ya!  Todos guardaron silencio nuevamente y nos concentramos en la prueba de Max Ashton. Corrió y ante cada obstáculo cambió de forma, convirtiéndose en un molde que rellenaba o recubría cada uno de ellos. El primero fue un gran jarrón de vidrio, donde prácticamente se “derritió” transformándose en un relleno para él. El siguiente objeto se trató de una cerca de madera, donde él adoptó la forma de la misma, adhiriéndose a uno de los lados de la cerca. Y así prosiguió con una caja pequeña, un balón y finalmente un pequeño espacio entre dos paredes con objetos cortopunzantes incrustados a ambos lados. La forma que ellos implementaban para determinar la evolución en el control de sus poderes, era colocando relojes a un lado de cada obstáculo donde se camuflaba, para así conocer el tiempo que tardaba con cada objeto.  Max finalizó la prueba y todos aplaudieron celebrando cuando uno de los miembros de la Jefatura anunció que el alumno había mejorado su tiempo en un total de 10 segundos para toda la pista de obstáculos. Posteriormente volvió a su lugar en las graderías y todos estábamos expectantes ante el nombre del siguiente en pasar.  —Erika Salazar. —Anunció el profesor y todos los ojos se volvieron hacia mi mejor amiga que se encontraba a mi lado.— Pase al frente.  —Buena suerte. —Susurré para que apenas ella escuchar y me dedicó una tierna sonrisa.  Erika tomó una bocanada de aire y se abrió paso entre los alumnos para salir de las graderías y posicionarse al frente de todos. Justo donde anteriormente se encontraba Max. —Mimetismo felino. —Leyó en su tabla el mismo sujeto de la Jefatura.  —Homine potens con poder de ataque. —Continuó el otro y nuevamente ambos se fijaron en el profesor de Control de Poderes, esperando la orden de inicio.  —¡Ya! —Exclamó.  Mi amiga entonces se posicionó frente a un tablón bastante estrecho que era elevado por dos postes a una altura aproximada de dos metros y medio, analizándolo por un momento. Se agachó y tomó impulso para saltar y aterrizar perfectamente sobre el tablón. Pero esta vez su cuerpo se había transformado en una apariencia similar a la de un gato; sus extremidades se habían transformado en peludas y rayadas patas cuyas garras se aferraban con fuerza en el delgado tablón con cada paso que daba, o gateaba. —Luces fuera. —Pidió el profesor. Sentí que mi corazón dio un vuelco cuando las luces se apagaron. De repente algunas risas se escucharon y pude sentir cierta emoción en los alumnos a mi alrededor.  —Jo jo. Vamos a ver a la gata en acción. —Alcancé a escuchar la voz de un chico cerca de mí.  ¿La gata en acción? Pensé. Rogué internamente para que no le fuesen a colocar nada arriesgado a mi amiga. Entonces pronto se escucharon ruidos de golpes, rasguños, cosas cayendo y rompiéndose, al mismo tiempo que se percibía su acostumbrado gruñido de felino pero esta vez con mayor frecuencia.  Las luces se encendieron y todos en el coliseo gritaron eufóricos cuando Erika bajó del alto caballete con facilidad y tras hacer una reverencia, recobró nuevamente su apariencia humana.  La verdad es que no entendía con exactitud qué era lo que había ocurrido cuando se apagaron las luces, pero todos parecían muy contentos. Entonces una gran pantalla se desplegó y un video en infrarrojo se mostró ante nosotros. En él se podía observar a Erika en su forma felina, enfrentándose a distintos objetos de distintos tamaños y formas que eran arrojados hacia ella, poniendo a prueba sus reflejos mientras los esquivaba, así como también su destreza al pelear cuando los destruía con sus garras en impresionantes duelos cuerpo a cuerpo.  Durante toda la grabación permanecí boquiabierta, pues no tenía idea de cuanto habían mejorado los movimientos de Erika y sus capacidades felinas.  Erika regresó a su lugar con una sonrisa de oreja a oreja y yo no dudé un segundo en felicitarla. Uno a uno siguieron pasando varios alumnos, donde pude conocer los poderes de cada uno, tales como: Atravesar objetos sólidos, cambios de tamaño, garras de acero, cambio de apariencia, control de hielo y fuego e incluso capacidad de vuelo.  Entonces sucedió.  —Hailey Jones. —Escuché decir al profesor y su voz pronunciando mi nombre resonó en mi cabeza.— Pase al frente.  Erika me sujetó de la mano en apoyo y yo tomé una bocanada de aire.  —Déjate llevar. —Dijo acompañada de una sonrisa.— Lo harás perfecto, lo sé.  Asentí con la cabeza. —Gracias.  —Hailey Jones. —Habló nuevamente el profesor.— Último aviso.  Me puse de pie y todos los ojos presentes en el coliseo se posaron sobre mí. Tragué saliva y me dispuse a bajar uno por uno los escalones de la gradería. Me ubiqué a un lado de los investigadores de la Jefatura y el profesor, justo donde se habían ubicado todos los compañeros hasta entonces.  —Campos de fuerza y destellos de energía. —Mencionó uno de los investigadores.  —Homine potens binaria. —Añadió el otro.— Es su segunda prueba.  Entonces todos esperamos la orden del profesor. —Ya.  Mi corazón palpitó con fuerza y apreté los ojos por un momento, producto de los nervios. Entonces cuando reaccioné, cientos de cuchillos habían sido arrojados con fuerza en mi dirección. Puse mis brazos en forma de equis tratando de protegerme acompañado de un grito desgarrador, al momento que se conformaba un campo de fuerza alrededor mío lo suficientemente grande para cubrirme de los afilados puñales que rebotaron y cayeron a un costado fallando por completo.  Los gritos de emoción inundaron el recinto y yo vi cómo los investigadores anotaban ciertas cosas en sus tablas. Entonces una figura bastante similar a la de los vampiros que nos enseñaban en los libros apareció frente a mí. Si no fuera porque ya conocía a Christopher, diría que era absolutamente real y estaría aterrorizada, pues su apariencia era sumamente real e intimidante. Sin embargo, la imitación del vampiro llegó a estar a solo centímetros de mí y no hice nada.  No moví un solo dedo porque simplemente no me dio miedo porque sabía que no era real.  —Falla en el poder de ataque. —Comentó uno de los investigadores mientras anotaba en su tabla de apuntes.  —Especifica que no sintió temor. —Añadió el compañero.— Lo cual es muy raro porque quienes se enfrentan en ataque, todos atacan a la figura vampírica.  —¿No le temes a los vampiros, Jones? —Preguntó el profesor frunciendo el ceño sin comprender mi reacción.  —Y-yo… —Titubeé un poco.— Es que se nota a leguas que es una figura falsa.  Mentí. Los investigadores comenzaron a susurrar cosas entre ellos y el profesor me observaba aún con incredulidad. ¡j***r! Pensé. ¿No podía inventarme algo más? Tal vez podría haber dicho que me aterroricé tanto que me quedé helada ante la terrible imitación. Como siempre Hailey Jones y su pésima costumbre de pensar mejores respuestas a las situaciones después de que ocurren. Suspiré ante la ola de murmullos que habían invadido por completo el Coliseo. Ahora más que nunca iba a estar en el ojo de todos por mi reacción ante un enfrentamiento con un vampiro.  Aún más cuando vi entrar a la persona más temida de la Academia. No precisamente con una sonrisa y con sus ojos fijos en mí.  —¿Así que no le teme a los vampiros, señorita Jones? —preguntó con su reconocida voz profunda y estremecedora el prefecto de la Academia. Todos guardaron silencio de inmediato.  No sabía qué decir. Me sentía totalmente acorralada y que había sido descubierta, aún más con la frívola y lúgubre mirada del prefecto puesta sobre mí.  Entonces lo solté. Los nervios me vencieron y hablé sin pensarlo.  —Parece que no. —Respondí y no fue hasta cuando escuché los gemidos de asombro por parte de toda la división de Homine Potens presente en el coliseo, que supe que había metido la pata hasta el fondo. Por el rabillo del ojo incluso vi cómo Erika se daba una palmada en la frente. El prefecto me observó con los ojos entrecerrados, como si quisiera descifrar mis pensamientos, entrometerse en mi cabeza y saber de una vez por todas, por qué carajos había dicho aquella atrocidad.
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