Capítulo 16.
Crónica de una traición.
Hace un rato habíamos llegado a la casa de Christopher. Nos habíamos reunido en el mundo vampírico porque había encontrado algunos documentos en la jefatura que podrían servir para la información que estábamos reuniendo y poder saber a ciencia cierta, qué fue lo que sucedió hace más de cincuenta años, conociendo las versiones de ambas especies involucradas en el acontecimiento.
Ambos tomamos asiento en la sala e intercambiamos una mirada cómplice, recordábamos perfectamente lo que había sucedido en aquel lugar días atrás. Sin embargo, ninguno de los dos había mencionado el tema. El beso de ese día había permanecido en el recuerdo, pero por lo visto lo había marcado tanto como me había marcado a mí. Por eso no hubo necesidad de decirlo para que ambos nos diéramos cuenta; se había convertido en nuestro secreto.
Sujeté la mochila y la abrí. Pero sentía sobre mí los ojos de Christopher siguiendo cada uno de mis movimientos lo que provocó que mi nerviosismo aumentara con el pasar del rato.
Carraspeé un poco. —Aquí tengo los registros. —Dije rápidamente haciendo un enorme esfuerzo por no titubear.
—Ardilla… —.
—Se lo robé a mi padre y especifica las estrategias de cada escuadrón que…—.
—Ardilla… —.
—Esto puede estar sujeto a cambios, pero… —.
—Hey, Ardilla. —Se puso de pie y llegó rápidamente a mi lado para sentar en el mismo sofá. Suspiré y fijé mis ojos sobre él, en sus labios se formó la misma sonrisa socarrona como de costumbre.
—¿Qué? —Pregunté y él se acercó un poco más, invasivo.
¿Se había convertido en nuestro secreto? Tal vez lo había pensado demasiado pronto.
—¿Acaso no piensas decir nada sobre “eso”? —Reclamó notablemente ofendido y yo no pude evitar reírme. — ¡Encima te ríes! ¿Se puede saber qué te parece tan gracioso?
—No esperaba esa reacción. —El me observó con los ojos entrecerrados. Luego sacudí la cabeza en un intento por desvanecer la risa de mi rostro.— No sé que quieres decir al respecto, Christopher. Tú y yo somos…
—¿Diferentes? Ya lo sé. —Completó él y yo solo suspiré. Entonces me sujetó de las manos, su tacto era frío y su piel extremadamente pálida.— Pero quiero que sepas que eso no me importa. j***r Ardilla, si tu supieras el lío que tengo en mi mente en este momento, con nombre y apellido: Hailey Jones.
Mis labios se curvaron en una tierna sonrisa. —Créeme que mis sentimientos en este momento son un mismo desastre.
Si algo era notorio y estaba bastante claro, era la atracción que sentíamos el uno por el otro. Las cosas simplemente sucedieron, una visita aquí otra visita allá, de repente aquellos comentarios lascivos que solía hacer Christopher pasaron de ser molestos a sonrojarme por completo. Ambos estábamos conscientes de que nuestra relación iba más allá de lo prohibido, pues se trataba de dos especies rivales, las mismas que durante tanto tiempo han estado planeando destruirse mutuamente.
Un día podíamos querernos y al día siguiente de repente enfrentarnos a muerte. En pocas palabras, se trataba de un tema de supervivencia; era él o yo.
Christopher me sujetó con delicadeza del mentón y me obligó a fijarme en sus oscuros ojos negros.
—No podría hacerte daño. —Paseó sus ojos por todo mi rostro con una expresión que hasta entonces nunca había le conocido. ¿Ternura tal vez? —No quiero hacerlo, Ardilla.
Lo sujeté de ambas manos y me acerqué a él con emoción. —Impidamos la guerra. —Propuse.
—¿Qué? —Cuestionó como si se tratara de la idea más descabellada.— Es imposible.
—¡Claro que se puede! —Exclamé.— Tenemos sus testimonios y los de Klimore, con los líderes de ustedes y los de la Jefatura, se podrá llegar a un acuerdo de paz. ¡Además está Paul Jacob!
Christopher negaba con la cabeza una y otra vez. —No nos creerán. Tú y yo… —Christopher se detuvo en seco cuando se giró y encontró a Jace de pie frente a nosotros, en el final de las escaleras. Yo di un respingo por la sorpresa.— ¿Qué demonios quieres Jace?
—Primero que todo: Hola. —Dijo Jace acompañado de una sonrisa de oreja a oreja que no me producía mucha confianza.— Vaya humor el que has tenido todos estos días.
El susodicho puso los ojos en blanco. De repente se notó cierta tensión en el ambiente y la mirada oscura de aquella vampira se posó sobre mí, viéndome con desdén como anteriormente lo había hecho.
—Tu padre me ha enviado. —Respondió por fin.— Como llevas varias reuniones sin asistir, pidió que me entregaras unos documentos que… —Sus ojos se posaron sobre mí.— Que ya te había mencionado antes.
Christopher suspiró con fastidio y se puso de pie. Ambos eran bastante altos, pero el chico le sacaba casi una cabeza de estatura. La fulminó con la mirada por un momento y ella solo le dedicó la misma sonrisa cínica que ya era costumbre en ella.
—Regreso en un minuto. —Avisó el pelinegro, dirigiéndose a mí.— Por nada en el mundo te muevas de aquí. Y tú, —esta vez se giró hacia la chica vampiro— no quiero que te metas con Hailey.
Asentí con la cabeza. ¿A dónde podría irme? Pensé. Estaba fuera de Klimore y pese a que el tiempo que había pasado con Christopher me había servido mucho para entender que ellos no eran aquellas bestias que por tanto tiempo nos habían hecho pensar que eran, ambos sabíamos que no era algo seguro que me arriesgara a estar sola en este mundo. Desde luego, los humanos no eran bienvenidos acá así como del otro lado no lo eran los vampiros.
Sin embargo, la advertencia de Christopher en ese momento se sintió con un ápice de temor y desconfianza. No entendí porqué lo dijo, pero sentí un nudo en la garganta cuando me di cuenta que se estaba tardando más de lo previsto y que Jace no dejaba de repararme con su mirada desdeñosa.
—¿Acaso me tienes miedo? —Preguntó de repente.
Mis ojos se abrieron de par en par por un segundo y bufé fingiendo no entender a qué se refería. —Claro que no.
Jace sonrió y lentamente se acercó a mí, por lo que me vi obligada a retroceder, hasta que me topé con el sofá. Mi corazón latió con fuerza cuando su nívea mano se deslizó por mi rostro.
—No sé qué cosas extrañas te habrá dicho Christopher sobre mí… —Apreté mis ojos con fuerza cuando sentí que deslizó mi gorro un poco y con delicadeza extrajo de él un mechón de mi cabello exponiendo su color castaño rojizo.— Pero no tienes que temer, solo te quiero ayudar.
—¿A-ayudarme? —Titubeé un poco.
La chupasangre asintió. —Estás corriendo mucho peligro en este lugar, Hailey. —Me sujetó de las manos y pude ver cierta preocupación en su rostro.— Las cosas no son como tú piensas.
—¿Peligro por qué? —Negué con la cabeza.— Eso no puede ser, Christopher me protege.
Ella hizo un ademán pidiéndome que bajara la voz. —Él es justo a quién debes temerle. —Dijo por lo bajo viendo por el rabillo del ojo en dirección a la habitación.— Tienes que irte pronto de aquí o de lo contrario, te van a matar.
Mi mente se transformó en un mismo revoltijo de pensamientos. Jace estaba insinuando que Christopher quería matarme y no podía creerlo. ¿Por qué iba a matarme si había esmerado por protegerme de los demás vampiros todo este tiempo? ¿Qué necesidad tenía?
—No puedo irme. —Apenas me sentía capaz de responder.— Christopher me lo pidió y yo confío en él.
Jace bufó. —¿Christopher? —Replicó quitándome el gorro por completo y dejando a la intemperie mi cabellera castaña.— Christopher te ha engañado todo este tiempo haciéndote creer que te camuflas en nuestro mundo, cuando en realidad no ha sido más que un engaño para entregarte ante el líder del clan.
Abrí los ojos de par en par, negando una y otra vez sin poder creerlo. —Eso no es verdad…
—¡Claro que lo es! —Afirmó en un susurro.— El líder del clan es su padre y todo esto lo ha hecho para buscar su aprobación. ¿O sino porqué te habría descubierto? —Me sujetó nuevamente de las manos.— Entiéndelo, Hailey. Debes irte pronto de aquí.
Mis ojos se pusieron vidriosos y sentí mi vista nublarse de lágrimas. En ese momento todo tuvo sentido para mí: La propuesta de Christopher desde un comienzo y su reiterativo interés por conocer mi mundo, y resultó ser que quería que le transmitiera información sobre nosotros. Al final de cuentas me utilizó como un topo que le sirviera como conexión ante el aislado mundo de los Homine Virtutes y Homine Potens, jugó con mis sentimientos hasta el punto de enamorarme y a sabiendas que por él rompí tantas reglas en Klimore, al punto de traicionarlos.
Fui capaz de traicionar incluso a mi propia especie y al final él me traicionó a mí.
Entonces abrí los ojos y me di cuenta que si Christopher me había traicionado. ¿Qué carajos hacía fuera de Klimore? Lo único que pasaba por mi mente en ese momento era buscar la forma de regresar a mi mundo con vida. Ahora que sabía que estaba en peligro de muerte, no me quedaba nadie más en quien confiar que en aquella persona que había delatado al traidor.
—Ayúdame a escapar, por favor cúbreme. —Junté mis manos en una súplica.— Necesito volver a mi mundo.
Jace abrió los ojos de par en par. —¡¿Te has vuelto loca?! —Exclamó en un susurro y yo le rogué para que bajara la voz, vigilando que Christopher no se haya dado cuenta.— No puedes irte sola, Christopher te encontrará y se enfurecerá tanto que acabará contigo en un pis pas.
Sentí mis manos temblar por el nerviosismo. —¿Entonces qué hago? —Sollocé.
—La única forma es que yo te acompañe. —Sugirió y yo fruncí el ceño con algo de desconfianza.— Estás demasiado lejos de la frontera y muchos de nosotros saben que Christopher te custodiaba. Hailey, si te ven sola te delatarán.
Suspiré con indecisión. No tenía tiempo para pensarlo, Christopher podía regresar en cualquier momento y yo debía aprovechar cualquier ventaja de segundos para escapar. Aún no consideraba a Jace como alguien de confianza, pero en ese momento me estaba brindando su apoyo y si era verdad que Christopher me había mentido diciéndome que había pasado desapercibida por su mundo, tenía mucho sentido que aquellos que me reconociera, corrieran a delatarme ante él. Por lo que no me quedaban muchas alternativas.
—Iré contigo, Jace.
Ella sonrió con aquel gesto que no me era muy confiable en ella. Pero entonces pensé que a veces se me hacían expresiones similares como las que hacía Christopher, así que tal vez se debía a sus costumbres como vampiros y la frialdad de sus gestos. Jace me hizo un ademán de que la siguiera y ambas salimos de la casa. Por un rato estuvimos caminando en medio de la ciudad de vampiros y esta vez me sentí demasiado ansiosa e incómoda, justo como cuando pasé por primera vez, la diferencia era que ahora sí debía temer, que algún colega de Christopher me viera y soltara la lengua, sería mi fin. Así que respiré hondo y me concentré en el camino, solo aspiraba llegar lo más pronto posible a la frontera y ahí se acabaría mi pesadilla.
Pero vaya que estaba totalmente equivocada al pensar eso, pues cuando Jace me avisó que ya estábamos a pocos metros de la barrera de Vellkron, la sonrisa llena de esperanza que se había formado en mi rostro rápidamente se borró cuando vi frente a nosotras a dos vampiros altos y ceñudos, obstruyéndonos el paso a la barrera cruzados de brazos.
—¿Qué vamos a hacer, Jace? —Pregunté en un susurro.— Nos han descubierto.
Entonces me observó por el rabillo del ojo y una sonrisa ladeada apareció en su rostro.
—Hailey quiero presentarte a Anthony y Philippe. —Los señaló a cada uno y ellos se presentaron haciendo una referencia.— Son mis amigos.
Detallando sus rostros me di cuenta que se me hacían bastante familiares, de hecho recordaba perfectamente haberlos visto el día que Christopher me pidió que me escondiera en su habitación, cuando aparecieron por sorpresa a la casa junto a Jace. Negué con la cabeza sin entender nada de lo que estaba sucediendo, ¿qué hacían ellos aquí justo en la barrera? ¿Por qué si eran amigos de Jace parecían estar bloqueándome el paso? Entonces me dio un mal presentimiento de todo eso. ¿Y si Christopher en realidad no me había traicionado? ¿Y si por el contrario había sido Jace quien me había engañado para que desconfiara de él y traerme acá con los otros vampiros?
—Yo… Quiero irme a Klimore. —Dije por lo bajo intentando abrirme paso entre los dos vampiros pero ellos me lo impidieron.
—Oh no. Eso no se va a poder. —Señaló Jace en un fingido tono lastimoso.— Mi querida humana, ahora es cuando aprenderás que nunca debiste haberte entrometido en nuestro mundo.
—¡¿Qué?! —Exclamé y ella se apartó para luego chasquear sus dedos.
Anthony y Philippe se empezaron a acercar a mí y de repente sus rostros se transformaron. En lo que pareció ser un gruñido, ambos enseñaron unos largos y gruesos colmillos que se desplegaron de sus encías, sus ojos se tornaron completamente negros y alrededor de sus párpados aparecieron manchas violáceas con algunas líneas ramificadas que parecían ser marcas distintivas. Tragué saliva cuando sentí que aquellos seres, completamente transformados en su esencia vampírica, se acercaron aún más desafiantes hacia mí rodeándome por completo. Entonces lo único que se me ocurrió fue cubrirme con los brazos y esperar a que alguno de los dos se lanzara sobre mí en un ataque, para que mi campo de fuerza se activara, hasta que sentí un fuerte golpe en mi cabeza propinado por un objeto duro y macizo que deduje había sido un tronco, el cual me provocó un fuerte mareo hasta que mi vista se nubló por completo y no recuerdo más sino hasta que perdí la conciencia y todo se oscureció cuando caí desmayada en el césped del interior del bosque.