Capítulo 3
“Vampiro” es sinónimo de peligro.
Tragué saliva pero las palabras no me salían. Estaba completamente aterrada y no estaba segura de lo que podía ocurrir.
Él intentó acercarse y yo retrocedí.
Mis ojos se humedecieron y él me observó quizá un poco desconcertado. —Tranquila. —Añadió con voz suave, muy diferente a la que había estado usando hasta entonces.— No te haré daño.
—Tú… —Repliqué con un hilillo de voz.— ¿Ibas a cazarme?
Él cerró sus ojos por un momento y suspiró. Negué con la cabeza sin poder creerlo. Claro, Hailey. ¿Qué más podía hacer? ¿Invitarte a tomar el té?
—Eso ya no importa. Yo…
—Mira Christopher —lo interrumpí y el me observó con sorpresa—, porque así te llamas ¿no? —asintió.— No te me acerques porque puedo acabarte en cuestión de segundos, si me da la gana.
El pelinegro me detalló de pies a cabeza y luego me miró con una ceja alzada. —No lo creo.
Ubiqué mis manos en una postura defensiva como técnica de karate, a pesar de que él me llevaba más de una cabeza y podía aplastarme si quería, no pensaba dejarme intimidar. Y si no tenía ningún arma con la cual pudiese defenderme o dar pelea, al menos me quedaba el poder de la persuasión.
—Tengo una habilidad muy poderosa. —Le advertí y él bufó dando un paso hacia mí.— Te lo advierto. No-te-acerques.
—Déjate de estupideces, que…—
—¡¡¡NOOOO!!! —Exclamé en un grito desgarrador justo cuando sentí su toque helado sobre mi piel al momento de sujetarme de la muñeca. Apreté los ojos con fuerza y solo bastaron algunos segundos para que él fuera expulsado con brusquedad lejos de mí, conformándose una barrera traslúcida de tonalidad azul bastante brillante, alrededor de mi cuerpo en una especie de esfera. Christopher había caído unos cuantos metros más allá, impactándose fuerte con un gran árbol de roble. Permanecía inmóvil y por un momento pareció que me preocupé. La esfera que me rodeaba, poco a poco se comenzó a desvanecer y quedé nuevamente expuesta.
¿Qué demonios había sido eso? No tenía ni idea de qué era lo que había pasado ni cómo lo había hecho. Me observé las manos con rareza, intentando buscar algún rastro que me ayudara a entender lo sucedido, pero no había nada fuera de lo común en mí. Aunque no podía decir lo mismo de Christopher.
—¿Cómo…? —Tosió un poco, reincorporándose.— ¿Cómo carajos hiciste eso? —Se quedó viéndome por un momento y una sonrisa socarrona se dibujó en su rostro.— Así que es primera vez que lo haces. ¿Eh?
Mis ojos se abrieron de par en par. Por lo visto mi inexperiencia era bastante obvia y me había delatado ante el vampiro. Aunque me resultaba extraño que él permanecía despreocupado, sin mostrar el más mínimo interés en atacarme. Algo contrario a lo que nos enseñaban en las clases, describiéndolos como horribles y agresivos monstruos que acababan con todo a su paso y que guardaban un profundo odio hacia los humanos. Pero Christopher no tenía ninguna de esas características. Inclusive, él se veía completamente como un humano, con excepción de su tez particularmente pálida y las profundas ojeras debajo de sus fríos ojos negros que me recordaban el cielo nocturno.
—Y-yo… Tú… —Tartamudeé un poco y él se mofó.— Tú no quieres… Atacarme.
Él se quedó observándome por unos segundos, como si tratara de entenderme o al menos intentar descifrar lo que había en mi mente. Cosa que me perturbó un poco y a él solo le hizo gracia.
—¿Ustedes, los humanos, siempre son así de retrasados para las cosas? —Preguntó con una sonrisa burlona en su rostro.
—¡¿Disculpa?!
—Lo digo porque primero pensaste que yo era un humano, lo cual fue una completa estupidez. —Enumeró las razones con sus dedos y yo cada vez me sentía más insultada.— Segundo, quizá en algún momento sí quise atacarte pero te ves tan frágil que no me despiertas ninguna intención de ese tipo. Y pensé que te darías cuenta cuando te escondí de los otros dos. ¿O acaso creíste que te quería para mí solo? —Me encogí de hombros dándole la razón en ese aspecto, pero di un respingo al notar lo rápido que se había acercado a mí y cómo me sujetaba de la mandíbula oliendo cada parte de mi rostro y de mi cuello, poniéndome un poco nerviosa.— Aunque, bueno... Si te soy sincero, no me pareces muy apetecible. —Lo empujé con fuerza pero no hice más que hacerlo tambalear un poco y ganarme una mirada de confusión de su parte.
—¡Déjame en paz! —Exclamé histérica, dejándolo algo desconcertado con mi repentina acción.— Solo quieres engañarme y hacerme creer que no quieres hacerme daño, pero luego me asesinarás. Eso es lo que hacen ustedes, monstruos. ¡Me voy!
Sin esperar respuesta alguna de su parte, decidí tomar camino hacia la barrera de Klimore nuevamente. No podía arriesgar mi vida quedándome un segundo más en ese lugar. ¡Era una completa locura! Hasta el momento no se conocía de nadie que hubiese salido de Klimore, haber estado frente a un vampiro y regresar con vida para contarlo. ¿Por qué con Christopher tendría que ser la excepción? Así que lo única que quería era estar lejos de aquel vampiro, aunque para serles sincera tenía el leve presentimiento de que me encontraba bastante lejos, y por más que caminara parecía como si estuviera dando vueltas en círculos en un laberinto sin salida.
Me detuve y tras mirar en todas las direcciones, suspiré con frustración.
—¿Perdida?
La voz grave y suave de Christopher me hizo sobresaltar, lo cual me incitó a buscarlo por todos lados y asustarme un poco al no saber de dónde había provenido.
—Aquí arriba.
Al levantar la cabeza, lo observé en la parte alta de uno de los tantos árboles que me rodeaban en ese momento. Estaba ahí, sentado bastante cómodo sobre una rama, balanceando sus largas piernas con aquella expresión de burla en su rostro que ya estaba empezando a desesperarme. Pasé la mano por mi cabello, despeinándolo fatigada.
—¿Sabías que estás a varios kilómetros del sitio por donde viniste? —Preguntó pasando sus brazos por detrás de la cabeza, en una postura bastante relajada.
Mis ojos se abrieron de par cuando recordé que él me había llevado lejos, para esconderme en la cueva y que los otros vampiros no me encontraran. No podía creer mi mala suerte. Encima tampoco podía regresar por mí misma y la única alternativa que me quedaba era…
—¿Me ayudas a volver? —Pregunté tratando de sonar lo más amable posible.
—¿Qué dices? —Preguntó haciendo señas de que no podía oírme con claridad a lo que yo puse los ojos en blanco.
—Los vampiros pueden escuchar hasta 10 veces lo que escucha un humano común. —Añadí cruzándome de brazos.
—¡Es un mito..! —Canturreó desde su lugar.
—¡Estás escuchándome! —Le reclamé.
—Por supuesto. —Di un respingo cuando sentí su voz susurrarme en el oído, lo que me hizo girar y darle un gran golpe en el brazo el cual ni cosquillas le hizo.
—¿Quieres dejar de hacer eso? —Pregunté y él me observó confundido.— ¡Me asustas!
—¿Quieres que te ayude a volver o no? —Replicó con una ceja alzada ignorando por completo lo que le había dicho. Solo asentí resignada. La verdad es que no tenía idea de cuánto tiempo había pasado, pero ya me tenía un poco sin cuidado el hecho de tener a un soberbio vampiro a mi lado. Ahora lo verdaderamente preocupante era que alguien notara mi ausencia. Porque si no estaba en la Academia, ni tampoco estaba en la casa, ¿donde carajos podría estar? Pero luego eso también pasó a segundo plano, después de escuchar lo siguiente que salió de los labios de Christopher.— Solo si me das algo a cambio.