Un día podíamos querernos y al día siguiente de repente enfrentarnos a muerte. En pocas palabras, se trataba de un tema de supervivencia; era él o yo.
Christopher me sujetó con delicadeza del mentón y me obligó a fijarme en sus oscuros ojos negros.
—No podría hacerte daño. —Paseó sus ojos por todo mi rostro con una expresión que hasta entonces nunca había le conocido. ¿Ternura tal vez? —No quiero hacerlo, Ardilla.
Lo sujeté de ambas manos y me acerqué a él con emoción. —Impidamos la guerra. —Propuse.
—¿Qué? —Cuestionó como si se tratara de la idea más descabellada.— Es imposible.
—¡Claro que se puede! —Exclamé.— Tenemos sus testimonios y los de Klimore, con los líderes de ustedes y los de la Jefatura, se podrá llegar a un acuerdo de paz. ¡Además está Paul Jacob!
Christopher negaba con la cabeza una y otra vez. —No nos creerán. Tú y yo… —Christopher se detuvo en seco cuando se giró y encontró a Jace de pie frente a nosotros, en el final de las escaleras. Yo di un respingo por la sorpresa.— ¿Qué demonios quieres Jace?
—Primero que todo: Hola. —Dijo Jace acompañado de una sonrisa de oreja a oreja que no me producía mucha confianza.— Vaya humor el que has tenido todos estos días.
El susodicho puso los ojos en blanco. De repente se notó cierta tensión en el ambiente y la mirada oscura de aquella vampira se posó sobre mí, viéndome con desdén como anteriormente lo había hecho.
—Tu padre me ha enviado. —Respondió por fin.— Como llevas varias reuniones sin asistir, pidió que me entregaras unos documentos que… —Sus ojos se posaron sobre mí.— Que ya te había mencionado antes.
Christopher suspiró con fastidio y se puso de pie. Ambos eran bastante altos, pero el chico le sacaba casi una cabeza de estatura. La fulminó con la mirada por un momento y ella solo le dedicó la misma sonrisa cínica que ya era costumbre en ella.
—Regreso en un minuto. —Avisó el pelinegro y se dirigió a mí.— Por nada en el mundo te muevas de aquí.
Habían transcurrido la tarde y noche desde que Hailey había cruzado la barrera. Siempre que llegaba el día en que la Homine Potens, decidía salir de Klimore e inmiscuirse en el temido terreno de los vampiros, Erika era quien su cómplice y la persona que la cubría durante su escapada. Mientras las horas pasaban y Hailey no regresaba a Klimore, Erika poco a poco iba perdiendo la paciencia. ¿Por qué tardaba tanto su amiga en regresar a su casa? Pensaba una y otra vez la felina. Debía regresar pronto o de lo contrario, los padres de ambas se darían cuenta que todo se trataba de un engaño, es decir, que Hailey en realidad no había pasado la noche con su mejor amiga.
De repente Erika tuvo un mal presentimiento. ¿Y si le había pasado algo? Pensó esta vez mientras caminaba de un lado a otro en su habitación. Entonces recordó las palabras de su amiga: Christopher es de confiar, él siempre me protege. Finalizaba siempre con una risita como si estuviera enamorada, pese a que continuamente lo negaba. Sin embargo, existía siempre un riesgo. Desde el primer momento en que Hailey decidió cruzar la barrera de Klimore, todos estaban conscientes que su vida corría peligro puesto que se estaba enfrentando directamente a la especie enemiga, la misma que los había forzado a crear una barrera que los mantuviera a salvo de los que ellos consideraban una especie despiadada y sanguinaria.
—No puedo esperar más. —Admitió en voz alta y buscó de inmediato su teléfono.
Buscó entre los contactos el número de aquel chico que conocía, al igual que ella, lo que había estado haciendo Hailey del otro lado de la barrera y así mismo, las había ayudado a lograr cada uno de sus cometidos.
—¿Hola? ¿Edward? —Dijo de inmediato, entonces cuando contestaron la llamada.
—Hola Erika. ¿Todo bien? —Preguntó el chico algo extrañado de que ella lo llamara un fin de semana.
—Edward, Hailey no aparece. —Soltó sin rodeos y con la voz quebrada producto de la preocupación.— Debió haber llegado a mi casa en la noche y mira la hora que es. Aún no aparece y no me contesta las llamadas.
Hubo un silencio del otro lado. Lo que impacientó en gran medida a Erika quien lo único que podía pensar era que le estaba sucediendo lo peor a su amiga.
—¡¿Edward me estás escuchando?! —Exclamó.
—Sí, sí. —Respondió el chico rápidamente, ya se encontraba consultando cosas en su computadora.— Lo único que se me ocurre es rastrear el dispositivo de Hailey para saber dónde fue el último lugar en que estuvo con él. Y si fue cerca de la frontera, podremos revisar las cámaras más cercanas a ese punto.
Erika suspiró captando cada una de las palabras de Edward. —Crees que... ¿Deberíamos reportarla?
—No, no. Nos hundiremos todos y en caso de que no sea algo grave, Hailey podría incluso ser expulsada de la Academia. —Contestó sin titubear.— Ven a mi casa y planeamos todo mejor. Mientras tanto iré tratando de localizar el dispositivo de Hailey.
Sin esperar un minuto más, ambos se despidieron y cortaron la llamada. Erika se vistió rápidamente y tras colocarse sus acostumbradas botas de cuero y peinar su cabello corto, salió disparada de su casa para dirigirse a lo de Edward. Unas cuantas casas junto a la suya, un par de ojos azules se fijaron sobre la figura andante de la felina, sin dudarlo comenzó a seguirla. Claro, alcanzándola en tan solo un par de zancadas.
—¡Erika..! —Gritó Liam llamando la atención de la chica.— ¡Oye, Erika!
La felina se detuvo cuando el fornido cuerpo del Homine Virtute se ubicó frente a ella impidiéndole el paso. Ambos se miraron por un segundo con recelo, dos grandes amigos de Hailey pero que al mismo tiempo se detestaban. Uno por ser tal vez demasiado insistente ante unos sentimientos no correspondidos y la otra por ser una amiga demasiado sobreprotectora e intensa.
—¿Qué demonios quieres, Liam? —Preguntó tajante.
—¿Sabes algo de Hailey? —Replicó el mismo.— La fui a visitar pero me dijeron que estaría contigo y pues… No me contesta las llamadas.
Erika dudó por un momento en qué responder, pues estaba consciente de que ella tampoco tenía idea qué había pasado con su amiga. Sin embargo, optó por seguir ocultándolo y simplemente puso los ojos en blanco.
—¿No será porque eres un pesado? —Rebatió.— ¡Cielos, Liam! ¡Déjala en paz un segundo!
El chico astuto fijó sus ojos entrecerrados en ella, no estaba totalmente convencido.
—No sé si soy yo, pero me parece que me estás ocultando algo.
Erika bufó negando con la cabeza. Definitivamente Liam parecía estar más que obsesionado con Hailey. Aunque al fin y al cabo qué culpa podría tener el chico de ser totalmente acertado y darse cuenta que la Homine Potens era en realidad una pésima mentirosa.
Pero cuando estaba a punto de articular una respuesta, su dispositivo móvil sonó y al fijarse, se dio cuenta que se trataba de Edward. ¿Habría encontrado algo? Pensó por un momento.
—¿Qué pasa? —Preguntó Liam tratando de ver el ID. Guardaba la esperanza de que se tratara de su amiga de quien no tenía razón desde el día anterior.— ¿Por qué no contestas?
Ella apartó su teléfono fuera del alcance del rubio. —No te importa. —Sentenció y él la fulminó con la mirada.— No tienes ningún derecho a escuchar mis conversaciones. FUERA DE AQUÍ.
A Liam no le quedó otra alternativa más