Capítulo 7

1744 Palabras
—Deja los nervios— pongo los ojos en blanco. Mi hermana es demasiado paranoica. —Es que t-tú... tú no me entiendes— ¿Entender qué? —Si te entiendo y te digo que te tranquilices porque sé que todo va a salir bien. —No sé, Lea, ¿Y si dice que no? —¡Ay, claro que no!, eso no va a pasar, tranquilízate. —No, no me voy a tranquilizar, lo mejor es que olvides ese asunto y no vayas a cometer una estupidez sin mi consentimiento— como si algún día me concedería que hiciera una estupidez, lo que no sabe es que viví haciendo estupideces, aunque no quiera. —Está bien— claro que lo voy a hacer sin tu consentimiento, sonrío maliciosamente y sin poder evitarlo una risa maquiavélica se escapa de mi boca. —Lea... te dije que no, ¿Verdad? — asiento mientras me bebo un último sorbo de mi jugo de naranja. —Si, pero preocúpate. —¿Qué? —Estoy tarde. —No, no me estás respondiendo, Lea, dime lo que dijiste anteriormente. —Estoy tarde. —No, eso no. —¿Estás nerviosa? —Si. —Es normal, pronto vas a tener tu cita. —¡Lea! — dice enojada. —¿Qué? —Te dije que no lo hagas. —Ti diji qui ni li higis. —Lea.... —Luz.... —Vete a la mierda, vamos a tener serios problemas, si me desobedeces. —Si, es verdad, vamos a tener que comprarte un vestido, maquillarte, ir al salón de belleza, en fin... son muchas cosas, pero no importa, vale la pena si es para hacer que Estiben caiga rendido a tus pies. —¡Lea, te estoy diciendo que no! — ¿Y tú eres la que sabes? —Nos vemos pronto, hermanita— trato de darle un beso, aunque voltea la cara para que no pueda dárselo. —Come para que vayas al trabajo, ah, y no olvides que una vez tu hermana firme un contrato de trabajo, vas a tener que renunciar e ir a la universidad a estudiar leyes, lo que tanto te gusta. —Si, lo primero que haré cuando me gradúe, es demandarte, así vas a tener que pagarme todo el dinero que he gastado en ti— abro la boca exageradamente. —¿Me estás cobrando? — me siento como una madre cuando un hijo le dice que le pague. —Si, ya no me obedeces, te puedo cobrar, ni siquiera te estás portando bien últimamente hasta estás muy distraída. —Te prometo que voy a madurar, pero no te voy a pagar, eso si jamás. —Ven acá, pequeña escurridiza— empiezo a correr y salgo de la casa, me quedo esperando el taxi, miro hacia atrás y veo a Luz saliendo de la casa, así que me subo al taxi a la velocidad de la luz. Jajaja, me subí al taxi a la velocidad de la luz porque estaba huyendo de Luz. —¿Señorita, a dónde la llevo? — me pregunta el amable taxista. ¿A dónde voy? A la universidad, tonta. Ah si, verdad. Eso me pasa mucho, a veces me levanto de la cama para buscar algo, me distraigo un poco y pum, ya se me olvidó para qué me levanté de la cama. Si, el taxista está esperando tu repuesta. —A la universidad de contaduría pública y administración empresarial— el taxista asiente un poco confundido, pero empieza a llevarme a mi destino. *** Mis manos sudan, los nervios inundan mi alma, pero aun así me lleno de valor. —Hola— digo tímidamente. Vamos, Lea, ¿Qué te pasa? —¡Oh!, h-ho-hola— ¿Por qué diablos tartamudea? —Es que... quiero hacerte o, mejor dicho, quiero darte una... ¿Oferta? — ¡Diablos! Esto es más difícil de lo que creí. Siento como si estuviera vendiendo a mi hermana a un árabe rico. Mmm... eso no es mala idea, nos volveríamos ricas porque claro que a mí me tocaría una parte del dinero, yo sería la vendedora, ¿No? —Si, dime— Me harías un favor si no me miraras así, como... como... mejor me callo. —¿Mi hermana te pareció linda? — espero que digas que si porque si no... sino... sino nada, soy una cobarde de mierda. —Si, digo ella no es fea— lo interrumpo. —¡Eso es perfecto! — grito un poco eufórica de la emoción. —Dime, Estiben, ¿Quieres una cita? —Si, digo, siempre y cuando sea contig— lo interrumpo. —Perfecto, te daré el número de mi hermana para que se pongan en contacto y así tengan una cita. —¡¿Qué?!— doy un pequeño salto del susto que me dió su grito. —Oh no, no, no te molestes— río. —Tranquilo, todo saldrá bien, ya verás que su cita será espectacular— Luz me va a matar. —No, pero yo— lo interrumpo. —Sin peros— sonrío dulcemente. —¡Ay, por favor!, deja los nervios, todavía no están en su cita. —Es que yo— lo interrumpo. —Voy a hacer que mi hermana se vea más hermosa de lo que es, ya verás como irá a su cita. —Yo, es que yo no estoy... es que la que realmente me interesa eres— lo interrumpo.6 —Ya te dije que tranquilo, tengo todo bajo control. Suspira. —Está bien— mi sonrisa se ensancha. *** Salgo corriendo del taxi, pero no le valió de nada, terminé empapada. ¡Genial!, mi primer día de trabajo y entraré empapada a la empresa. Entro corriendo a la empresa y veo a Laura, quien me mira con una dulce sonrisa en sus labios. —¡Hola, señorita Díaz— me saluda! —Lea, dime Lea, ah, y... adiós, Laura— me subo en el ascensor y presiono el botón del piso veintisiete. Vamos, Lea, tranquilízate, mmm... ¡Diablos!, estuviese tranquila si no tuviera empapada y si no tuviera que verlo antes de simplemente hacer mi trabajo. Escucho el típico sonido que emite el ascensor cuando llega al piso destinado, y mis nervios crecen. ¡Ay no!, tengo ganas de comerme las uñas. Armándome de valor, camino hacia aquel pasillo y toco la puerta del fondo. —¡Adelante! — no sé por qué o si solo son los nervios pero hasta escuchar su voz me estremece. —Buenos días, señor— digo al entrar por aquella elegante puerta. —Buen-nos d-di-días— estalla en carcajadas mientras me mira minuciosamente. —¿De qué te ríes, Guapodioso? — pregunto enojada pero el enojo no me dura mucho porque me doy cuenta de mi error y me tapo la boca con mis manos. —¿Cómo fue que me dijo? — me quedo callada y bajo la cabeza. ¡Ay, qué vergüenza!, siento mi rostro caliente y sé que me veo como un tomate. —Es usted una... una... bebé— ¿Qué? ¿Qué diablos me dijo? —¿Bebé? — digo confundida. —Si, eres tan pequeña y tan tierna y lin... y es usted muy irrespetuosa— ¿Y este qué se cree?. —Y tú eres un Guapodioso— dijo enojada.2 —Usted no me puede contestar, solo es mi empleada, y como es usted mi empleada, le ordeno que vaya a trabajar, no la voy a presentar y mucho menos la voy a ayudar. —Bien— salgo enojada de su oficina y no puedo evitar cerrar bruscamente la puerta. —No lo necesito— hablo para mí misma. ¿Dónde diablos queda el área de administración? Vamos, Lea, piensa, el Guapodioso te mostró toda la empresa. *** Ufff, sí que estoy cansada. Me siento tan enojada con Guapodioso, por su culpa cuando por fin encontré el área de administración, alguien me dijo que tenía que ir a recursos humanos para firmar mi contrato de trabajo y luego tuve que venir lo más rápido posible para poder presentarme al trabajo lo más rápido posible. Quedé agotada. —Buenos días— digo al entrar a aquella oficina. Estoy en la oficina de la cabecilla del área de administración. —Buenos días, señorita— dice con una sonrisa coqueta mientras no deja de verme mis Leitas. —Este... soy nueva y me dijeron que usted me va a dar las tareas del día, o sea, me va a dar órdenes. —Si, princesa— lo interrumpo. —Lea, Lea Díaz. —El primer día es un día muy difícil, establecer una relación con tus compañeros, acostumbrarte al trabajo, descubrir cómo funciona todo, en fin... es muy difícil y veo que el suyo no es la excepción— asiento. —Si, ¿Me puede decir qué trabajo tengo que hacer? —¿Quieres trabajar? —Claro— digo sin titubear. —Yo te tengo una mejor oferta. —¿Oferta? — pregunto confundida. —Si, puedo hacer que no trabajes. —No, gracias, yo quiero trabajar. —Pero quiero simplificarte la vida. —No, gracias, no es necesario, no se preocupe. Golpea la mesa de su escritorio. —Oye, princesa, lo que quiero hacer es un intercambio, tú me das sexo y yo hago que no trabajes, así de sencillo. ¿Y este viejo regordete, rabo verde, qué se cree? —Y yo le estoy diciendo que no, mejor trabajo para eso vine y por eso estoy aquí. —Bueno... quieres trabajar, bien, vas a trabajar— su sonrisa maliciosa no me da buena espina. ¿Cuál sonrisa maliciosa da buena espina? *** Siento que estoy dentro de una película de terror, todo es tan silencioso y solitario. Y aquí estoy, gracias a ese viejo rabo verde, estoy a las nueve de la noche en la empresa, ¡Ash, ¡cuánto odio a ese viejo regordete! Por su culpa estoy aquí, me dejo más trabajo de la cuenta y sé que lo hizo a propósito y todo porque no acepte su "Maravillosa oferta". ¡Viejo, feo, malo! Escucho un trueno, y no puedo evitar sobresaltarme un poco, está lloviendo mucho, cuánto deseo estar en mi casa viendo Netflix mientras me acurruco entre mis sábanas aterciopeladas que deben sentirse calentita. —¿Qué hace usted aquí? — me sobresalto al escuchar esa voz que hace que se me pongan los pelos de punta. —¿Guapodioso?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR