Capítulo 1
Narra Sibila.
Caminaba con rápidez por las calles oscuras, había salido tarde de la casa de una amiga, suspire frotandome los brazos, no tenía ni un abrigo y me estaba congelando.
Tenía algo de miedo, odiaba caminar sola de noche. Pero no tenía elección, necesitaba llegar a mi casa para poder levantarme temprano mañana para estudiar.
Pase enfrente de un callejón oscuro y logré visualizar a una pareja en una esquina, iba a desviar la mirada pero me detuve al escuchar un grito femenino pidiendo ayuda, a pesar de la ocuridad pude observar como el hombre enterraba unos gruesos colmillos en el cuello de la chica.
Quedé paralizada, no emití ni un ruido de la impresión, sabía que debía irme corriendo, ya sea para llamar a la policía o para salvar mi vida, pero estaba asustada y no pensaba correctamente.
La chica lo empujaba pero era evidente que él tenía más fuerza, por lo que la sujetaba del cuello y la cintura, elevandola del suelo.
Luego de un rato la soltó alejandose unos pasos, sorprendida pude ver con total claridad como la chica se tocaba el rostro mientras brotaba un líquido n***o de su nariz y boca.
Sin poder soportar su peso cayó al suelo con estrepito y comenzo a retorcerse, como si tuviera convulciones, él se agacho a su lado y tocandole el rostro con sus dedos, susurro unas palabras que no pude escuchar.
Y el cuerpo de ella se había desvanecido, se había evaporado, como si nunca hubiera pasado nada, como si no hubiera existido. Retrocedí asustada, estaba dispuesta a irme, no podía dejar que él me viera podría hacerme lo mismo.
Sin embargo, ya era muy tarde cuando sus ojos se toparon con los míos.
Y en ese momento deje de respirar.
Mi corazón bombeaba fuertemente dentro de mi pecho y mi mente solo se podía centar en él. Estaba asustada, sin duda alguna y no podía conectar con el resto de mi cuerpo para poder correr o gritar.
¿Cómo me metí en este lío? Y ¿por qué rayos mis piernas no reaccionan?
Comenzó a caminar en mi dirección, su rostro no se veía con claridad, pero sus ojos a pesar de la oscuridad brillaban de una manera peculiar, como dos metras grises y lo peor es que sonreía como un depredador a su presa, sabiendo que lo más probable es que gane la batalla.
Cuando salió a la calle el farol alumbro su rostro, inmediatamente ahogué una exclamación, su cara tenía venas negras y mostraba unos comillos en sus labios superiores e inferiores, era bastante aterrador. El restro de su cuerpo estaba enfundado en ropa.
*Su rostro era lo único que tenía descubierto*
Él se acerco hasta mí, solo había un pequeño espacio entre nosotros y quitandose un guante estiró su mano hasta tocar mi rostro, mi mejilla sintió su tacto cálido, reconfortante. Mi cuerpo inmediatamente se relajo, mi respiración se tanquilizo y mi corazón dejó de bombear sangre como loco.
Y a pesar, de saber que lo que acaba de pasar no era normal, a pesar de saber que tanquilizarme de esta manera tan rápido no era normal, me deje llevar. Comencé a sentir pesadez en todos mis músculos y cuando pensé que me iba a estrellar con el suelo, él me agarro con su manos, sus brazon me sostuvieron, alzandome y acurrucandome en su pecho.
- Tránquila preciosa, ya estoy aquí- dijo para luego acercar sus labios a mi mejilla, depositando un beso, logrando que cerrara mis ojos por un rato.
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Desperté confundida, en una habitación que no es mía, acostada en una cama de sábanas rojas, mire a mi alrededor encontrándome con paredes blancas y dos puertas, además de un armario.
Me levanté de la cama tocando con mis pies descalzos el piso de madera, me dirigí a la ventana que estaba a un lado de la habitación, corrí las cortinas blancas y cerré mis ojos para aconstumbrarme a la claridad del día.
Vislumbre que afuera había un precioso jardín y un poco más allá unas rejas que rodeaban toda la casa cercandola, me di cuenta que estaba en una de las habitaciónes del segundo piso.
Debía buscar una salida, pues lo último que recuerdo era a ese chico de ojos grises que me provocaba escalofríos y que sorprendentemente con solo un roce de su mano me dejaba una tranquilidad revozante.
Lo cual es bastante contradictorio. Aún recordaba exactamente como había logrado desaparecer a esa mujer y siendo sincera no me daba ganas de reencontrarme con él.
Camine hasta la primera puerta que se ubicaba enfrente de la cama, tome el pomo para abrirla encontrándome con un baño impecable, observé otra ventana, pero se hizo evidente que ninguna servía para mí escapé, como estaba en un segundo piso, lo más probable es que me lastimara solo intentando huir.
Observé que solamente había un retrete, un lavado y una ducha. El espejo era al mismo tiempo un cajón para guardar cosas, al abrirlo solo tenía cosas para el uso personal, pero encontré una tijera.
Así que con decisión me dirigí a la segunda puerta y comprobé que estaba cerrada con la tijera en la mano intenté abrirla, pero era más difícil de lo que pensé, pues está se doblo por la mitad. Bufé con frustración, para sentarme en la cama resignada.
Decidí que para matar el tiempo podría revisar el armario, al abrirlo me encontré con ropa de hombre y juro que casi me da un desmayó cuando pude encontrar también mi ropa, mire en los cajones y descubrí mi ropa interior, mis accesorios. Todas mis cosas se encontraban ahí.
Respire profundamente, tratando de relajarme, acaso era una broma ¿Cómo era posible que esto me estuviera pasando? Se supone que debería estar en la universidad y en cambio estoy encerrada en una habitación desconocida que contiene todas mis cosas. Y estoy casi 99 % segura de que fue ese chico extraño él que me ha encerrado.
Escuché como la puerta emitía el típico ruido cuando se abría, inmediatamente retrocedí unos pasos, sin embargo me ví sorprendida cuando pude observar a un chico con una belleza extravagante. Estaba segura que era el mismo de ayer por sus ojos, pues estos eran grises, solo que está vez no brillaban de extraña manera.
Él entro en el cuarto, mirándome de una manera intensa.
- Me alegra que hayas despertado- comentó recostando su espalda en la pared- Estaba ancioso por hablar contigo, espere mucho tiempo para tenerte.
Lo mire confundida.
-¿Tenerme?- pregunté más a mi misma que a él.
- Así es- Confirmó mientras comenzaba a caminar hasta aprisionarme con sus brazos- Te deseaba conocer desde hace tanto tiempo- susurró tocando con su mano derecha mi mejilla.
Mi corazón revotaba acelerado en mi pecho mientras mi cuerpo reaccionaba de manera extraña con el cerca y volvía a sentir aquella calidez que me proporcionaba su toque.
- Se que lo sientes- susurró en mi oído- Sientes esa extraña sensación en tu cuerpo al igual que yo y no sabes porque no puedes alejarte de mí, ni porque mi toque te produce tranquilidad.
Lo mire nerviosa, todo lo que decía era verdad.
Debería decirle que no, debería negarlo, debía mentir pero no podía y sentía tanto miedo por eso.
- ¿A qué te refieres?- Pregunté.
El me mostró una sonrisa de medio lado, para luego alejarse, dándome espacio personal.
- Aún no es tiempo- dijo caminando hasta la salida.
- ¡¿De qué no es tiempo?!- Exclamé antes de que se fuera.
- De que sepas la verdad- respondió para luego cerrar la puerta con candado.
Solté un suspiro frustrado tirándome a la cama, seguía confundida, probablemente mas que antes, ni siquiera pude reclamarle nada y todo porque su presencia me abrumaba.
¿Cómo se supone que iré a casa? ¿Qué diran mis padres?
¡Por dios! ¡Mis padres! Deben estar muy preocupados por mí. Pero como les decía que me encontraba bien, que solamente un loco me había secuestrado, traído todas mis cosas y aparte era una clase de criatura escalofriante.
* Qué desastre* pensé frustrada.
A parte de eso, estaba el tema de mi universidad. Me iba a atrasar, si no iba pronto a clases.
Sin embargo no pude seguir pensando más en eso, porque alguien abrió la puerta, dirigí mis ojos a la nueva persona que entró a la habitación, era un ¿Niño?
* Qué bueno que no es nadie que me pueda hacer daño* pensé.
- Hola- saludo alegre- me llamo Íker soy hermano de Azariel- se presentó sentadose en la cama.
Sus ojos me llamaron la atención pues estos eran morados, el resto de su cuerpo era como el de un niño común, tenía el caballo n***o y su piel era blanca. Supuse que el otro nombre que pronunció era del chico que me secuestro.
- Hola Íker- respondí a su saludo - Mi nombre es Sibila.
Tal vez no debía hablar con él, ya que su hermano es mi secuestrador pero es que me aburría estando sola, además de que Íker me miraba motivado y me inspiraba confianza.
*A parte de que no podía ignorar a un niño* pensé.
Me acomode en la cama con las piernas cruzadas, en cambio Íker se sentó en frente de mí, detallando me con la mirada.
- ¡Que bonito nombre!- Exclamó- Mi hermano tiene suerte, eres muy hermosa y perfecta para ser su pareja eterna- celebró emocionado.
Aquello me hizo sentir muy halagada, pero algo curiosa por sus palabras.
- Gracias Íker- le agradecí- ¿Pero a qué te refieres con pareja eterna?- pregunté intrigada.
El me miró nervioso y levantandose de la cama, se dirigió a el armario de dónde saco un vestido azul.
- Deberías ponerte algo lindo, he escuchado que Azariel te va a invitar a comer, para explicarte las reglas- dijo para cambiar de tema - A él le encanta el color azul y si ve que tú lo llevas puesto se va a volver loco por tí- recomendó.
El niño había ignorado mi pregunta. Acaso no me podía responder aunque sea una duda. Me resigné, lo único que podía hacer era esperar hasta poder interrogar a Azariel.
- Me lo pondré- dije tomando el vestido con mi manos para colocarlo encima de la cama.
- En un rato, vendrá la señora Bianca con tu desayuno- aviso.
Asentí con mi cabeza.
- Lamento no poder decirte nada, pero es si lo hago Azariel se molestará conmigo- Confesó con timidez.
- No te preocupes, te entiendo- dije sonriendo.
- ¿Entonces podemos ser amigos?- Pregunto con un brillo en sus ojos, lo que ocasionó que mi corazón se ablandara de ternura.
- Claro que sí- Acepte- Además estoy segura de que tú compañía me agradara.
El asintió con felicidad.
- Te enseñaré mi habitación, para que puedas ver mis juguetes...
Seguía hablando sin parar, se notaba bastante animado y sin que yo pudiera evitarlo comenze a reír por su entusiasmo.
-Esta bien, solo relájate que estás hablando muy rápido y me da miedo que no respires- Comenté divertida.
Él respiro profundamente.
- Es que hace tiempo que no tengo compañía, siempre estoy aquí solo y cuando mi hermano esta casi no habla ni juega conmigo- dijo con un semblante triste.
- Bueno eso ya no pasará seré tu nueva compañera de juegos, nos divertiremos mucho- dije tratando de animarlo, él me miró con una sonrisa volviendo a sentarse en frente de mi.
Luego de un rato más conversando, Íker se fue prometiendo que nos veríamos después.
Me levanté de la cama decidida a darme una ducha, ya que llevaba con la misma ropa de ayer, además podría pensar un rato o simplemente relajarme.
Mientras estaba en la ducha algo me decía que eso no iba a ser nada fácil.
Unos minutos después, estaba sentada comiendo encima de la cama, hace un rato vino una señora agradable, la cuál trajo una bandeja con comida para mí, tal y como prometió Íker que lo haría, me avisó que bajaría a cenar a las nueve y que ella vendría a buscarme.
Al parecer este era mi almuerzo.
No creí que me fuera a envenenar, ya que si fuese así porque tomarse tantas molestias conmigo.
Aún no me había vestido, por lo que tenía una toalla enrollada en mi cuerpo. Me estaba preguntando si todo lo que me estaba pasando era real.
Aunque era más que obvio que esto era real, después de todo yo había visto lo que Azariel le hizo a esa mujer.
Tenía la vaga esperanza de que podría convencer a Azariel de que me dejara ir, con la condición de que yo no diría nada sobre ellos. Pero algo me decía que no iba a ser tan fácil.
*Igualmente no pierdo nada con intentarlo* pensé.
Luego de unas horas vislumbre por la ventana que empezaba a anochecer, ya me había puesto el vestido y debía admitir que me quedaba muy bien, era ajustado en la parte de arriba y suelto de la cintura hasta mis rodillas.
Y su color era de un azul oscuro bastante hermoso, tenía de decoración flores negras en la falda.
Me gustaba mucho mi cabello color castaño ondulado, así que decidí dejarmelo suelto.
La puerta sonó lo que me indicó que ya había llegado la señora que me trajo comida, le sonreí cuando la ví pasar a la habitación.
- Buenas noches señorita- saludó- le vengo a decir que es hora de que baje a cenar.
- Buenas noches- correspondí su saludo- Ya casi estoy lista solo déjeme ponerme los zapatos- dije mientras tomaba unas zapatillas negras.
- Se ve muy bella Señorita- Halago mirándo mi vestido- ¿Pero no se va a maquillar?- Preguntó con curiosidad.
- Es que no se en donde está el maquillaje- Admití apenada, ella me regaló una sonrisa mientras caminaba hacia mi armario y revisaba en el.
- ¡Bingo!- Exclamó alegre al conseguir lo que buscaba- por favor siéntese en la cama- me pidió acercándose con un estuche n***o.
Me senté en la cama, observando como ella esparcía la pintura al lado mío y acercándo una brocha a mi cara, me pidió que cerrará los ojos.
Hice caso a su petición, sintiendo como aplicaba maquillaje en mi rostro con delicadeza. Algunos minutos después me pasó un espejo pequeño y me pidió observarme y lo que ví me dejo bastante conforme.
Tenía un maquillaje bastante siemple pero sin duda lo que más resaltaba eran las sombras de color blanco en mis párpados y mis labios rosados.
- Gracias señora Bianca- agradecí alegre.
- De nada señorita Sibila- dijo guardando las cosas en su respectivo sitio- Estoy bastante segura de que el señor Azariel va a asombrarse de lo hermosa que está- Comentó emocionada.
Asentí con mi cabeza, quedándome sin palabras.
Y sintiéndome algo ridícula ¿me había arreglado para que mi secuestrador me viera hermosa? Prefería no contestar esa pregunta.
Salimos de la habitación encontrándonos con un pasillo de paredes color crema, luego bajamos por unas escaleras para después dirigirnos hasta lo que supongo era el comedor, puesto que nos detuvimos en frente de una enorme puerta de color blanco.
- Hasta aquí la acompañaré señorita Sibila, usted debe entrar sola- indicó.
- Gracias por indicarme el camino señora Bianca-agradecí para después tomar la Manilla empujando la puerta.
Cuando entre al sitio indicado me quedé sorprendida, había un enorme comedor con bastante sillas y encima demasiada comida para tan pocas personas, miré hacia el techo encontrandome con un candelabro impresionante, iluminaba toda la estancia de una manera bastante perfecta.
- Buenas noches Sibila- dijo una voz ronca con educación, mire exaltada hacia el frente encontrándome con Azariel, estaba adelante de una gran ventana que al parecer daba entrada a un balcón, supuse que entró por el ya que no lo había visto- Acércate, necesito que te sientes para poder hablar con tranquilidad- Sugirió mirándome de una manera bastante intensa, lo que provocó un sonrojo de mi parte.
*Creó que soy la única persona que se sonroja por su secuestrador* pensé intranquila.
Caminé hasta el asiento que se ubicaba al lado derecho de la silla principal, antes de llegar a sentarme, Azariel se acercó a mí logrando que me pusiera rígida y pude visualizar como corrió la silla para mí, lo que ocasionó que pudiera oler su perfume varonil por la cercanía.
Le agradecí en voz baja, aunque no debería hacerlo y me senté, observé como él se ubicaba también en su puesto.
Mire mi plato como si fuera una obra de arte, todo esto para evitar la situación incomoda en la que me encontraba, esperaba el momento indicado para poder hacerle las preguntas que tanto me carcomía o para gritarle sus verdades, cualquiera podría servir.
- Puedes empezar a comer- dijo Azariel, lo mire inmediatamente mientras levantanba una copa de vino, para poder probarla con sus labios rosados.
- Si, por supuesto- fue lo único que se me ocurrió decir y me sentí bastante estúpida cuando seguí mirandolo.
Al parecer se dió cuenta, ya que me mostro una sonrisa de medio lado sin mostrar sus dientes.
* Bastante provocativo* pensé mientras volteaba de nuevo mi mirada al plato.
El cual contenía carne con papas asadas y lo que supongo que es una ensalada. Al probar los alimentos, debía admitir que estaba delicioso, ya que una vez los deguste, no pare.
- Por lo que veo te ha gustado- Comentó.
- Así es, gracias por la cena- dije mientras tomaba un vaso de jugo.
- De nada...
Él iba a continuar hablando pero lo interrumpí.
- ¿Quiero saber por qué me ha traído hasta aquí?- pregunté mirándolo fijamente.
- Es de mala educación interrumpir a alguien- dijo con firmeza.
- También es de mala educación haberme secuestrado- respondí retandolo, el apretó sus labios molesto.
- Yo no te secuestré.
- ¿Entonces qué hiciste?- Pregunté alzando mis cejas.
- No tengo por qué darte explicaciones- Contestó.
- ¡En realidad si lo debes hacer, ya que yo estoy en un lugar que no conozco lejos de mi familia y no se porque!- Exclamé irritada.
- Te equivocas, yo no necesito explicarte nada de lo que tú me pides, si no lo que yo considere pertinente- Corrigió levantando un poco su voz, lo mire indignada- Es por ello que te voy a explicar unas reglas, las cuales debes seguir al pie de la letra.
- ¿Reglas?- Pregunté.
Él se levantó de su asiento y me ofreció su mano, lo miré desconfiada, sin embargo la acepté.
Su tacto causo en mí, una sensación extraña como de tranquilidad.
* ¡Ay no de nuevo!* pensé.
Y aunque quería separarme de su toque, no podía.
Algo me lo impedía.
Comenzamos a caminar hacia el balcón y al traspasar la ventana pude sentir el viento golpear mi rostro, inmediatamente mire hacia el cielo oscuro, el cuál tenia de adorno algunas estrellas brillantes.
- Bonita noche- murmuré, Azariel también miro hacia el cielo.
- Así es- Concordó colocando nuestras manos entrelazadas en el muro del balcón.
Observé curiosa como de nuevo llevaba un par de guantes negros y me cuestione si era porque le daba frío o por costumbre.
- Se que esto es extraño para una humana como tú- comentó torciendo el gesto- Pero debes comprender que todo lo sabrás a su debido tiempo- Acercó su otra mano a mi rostro acariciando mi mejilla con cariño.
Me aleje de su toque y solté su mano, el suspiró con tristeza.
- Cómo te había dicho hay unas reglas que quiero que sigas, cómo número uno es no salir de la casa a menos que alguien te acompañe o yo lo permita, la numero dos es que no hablaras con otras personas que no sea mi hermano Íker, la señora Bianca y yo- Explico con un tono estricto- Y la tercera es cumplir con tus deberes como mi prometida.
Lo último me hizo mirarlo sorprendida, no podía ser, acaso me iba a obligar a casarme con él. Está completamente loco si cree que voy a estar de acuerdo.
- ¡Estás loco!- grité alterada- ¡Yo no me voy a casar contigo, es más quiero ir a mi casa con mi familia!- Recalque mirandolo enojada- ¡Sí quieres no diré nada, lo juró!- Traté de convencerlo.
Él me miró indiferente, entonces supe que no iba a contestarme.
-¡Me has secuestrado para obligarme a estar junto a tí, ni siquiera te conozco!- Volví a gritar furiosa.
- Aún no me conoces, pero yo si a tí- dijo en voz alta, acercándose a mí y aunque quise alejarme no me lo permitió.
Me agarró fuertemente mis dos brazos y aunque me retorcía asustada, no sirvió de nada.
Había logrado inmovilizarme contra una pared y pegando su cuerpo contra el mío, acercó su rostro hasta que pude sentir su aliento.
-Y aunque intentes luchar contra lo que sientes no servirá porque tú eres completamente mía- susurró estrellando sus labios con los míos.
Solté un jadeó de sorpresa, sin embargo él no me dejaba tiempo para dudar. Agarro con fuerza mi cara para luego morder mi labio inferior al notar mi resistencia.
No me quedo de otra que entre abrir mis labios con dolor, momento que aprovecho para enredar su lengua con la mía y aunque lo empujaba con mis manos, no podía separarlo de mí.
Y en ese momento comenze a sentir aquella tranquilidad rebosante, estaba haciéndolo de nuevo. Intenté resistirme pero no lo logré.
Y entonces entendí lo que quiso decir, yo podía luchar pero por alguna extraña razón que no entendía aún, él lograba hacer que sucumbiera ante su tacto.
Y resignada correspondí su beso con torpeza, enrede mis brazos en su cintura mientras notaba como mi vista se comenzaba a nublar y mi cuerpo a entumecerse, Azariel detuvo nuestro beso para agarrarme con sus brazos.
- Tranquila, lo que te está pasando es algo normal- susurró en mi oído mientras recargaba mi cabeza en su pecho- Te prometo que nadie te va a separar de mí- besó mi frente.
Y sin poder evitarlo, cerré mis ojos cayendo dormida en sus brazos.